EL INMOVILISMO

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Indicador de su estado

Los beneficios del ejercicio físico no disminuyen con la edad. Además, mejoran la fuerza muscular, la dureza de los huesos, disminuye los niveles de grasa en la sangre, mejora la asimilación de la glucemia por el organismo, diminuye la tensión arterial y reduce el consumo de medicamentos tranquilizantes

Los problemas derivados de la disminución o pérdida de la movilidad son muy importantes en las personas mayores y se relacionan estrechamente con su independencia, y calidad de vida. Es sabido desde hace mucho tiempo, que el grado de movilidad y, por consiguiente, el grado de autonomía de una persona, va a ser un indicador para predecir su estado de salud, y su esperanza y calidad de vida.

El inmovilismo aumenta exponencialmente conforme avanza la edad, sobre todo de los 70 a los 85 años y aumenta progresivamente conforme se cumplen más años.

Son muchas las causas que provocan o inducen la pérdida de movilidad. Entre ellas destacan por su importancia las médicas como la artrosis o enfermedades neurológicas que afectan a la coordinación de la marcha, como la enfermedad de párkinson, y sin olvidar las causas psicológicas como puede ser la depresión o sociales como la soledad.

El inmovilismo tiene serias consecuencias en el funcionamiento del sistema circulatorio produciendo descensos bruscos de tensión arterial, o formación de coágulos, disminución de la fuerza muscular, fracturas por descalcificación de los huesos, aumento de infecciones respiratorias, caídas, estreñimiento, etc…

Igualmente hay que tener muy en cuenta los efectos nocivos que sobre la movilidad y el equilibrio producen muchos medicamentos, al provocar mareos, visión borrosa, somnolencia o alteraciones de la marcha.

No menos importante son las barreras que, en un momento determinado, pueden ser auténticos muros que impiden desplazarse adecuadamente a una persona que antes podía hacer las actividades cotidianas sin problemas y que ahora se ve limitada por las múltiples deficiencias ya reseñadas.

En la evaluación de la movilidad es muy importante la valoración exhaustiva del equilibrio y de la marcha. Se deberá valorar la simetría de los pasos, si se arrastran los pies al caminar, si existe un balanceo deficitario de los brazos, si se producen signos de dolor o si existe dificultad para iniciar o para detener la marcha. Todos estos factores nos pondrán sobre la pista de alteraciones que se deberán abordar de forma precoz, integral y adecuada.

La valoración de la movilidad y el abordaje de la misma va a tener una trascendencia fundamental en los aspectos médicos que puede producir una alteración de la movilidad como fatiga, artrosis o dolor crónico; aspectos psicológicos como depresión y sobre todo aspectos rehabilitadores, valorando las deficiencias en la movilidad.

La mejor medida preventiva es mantener el máximo grado de movilidad y durante el mayor tiempo posible.

Los beneficios del ejercicio físico no disminuyen con la edad. Además, mejoran la fuerza muscular, la dureza de los huesos, disminuye los niveles de grasa en la sangre, mejora la asimilación de la glucemia por el organismo, diminuye la tensión arterial y reduce el consumo de medicamentos tranquilizantes.

Se ha demostrado que los ejercicios más aconsejados en los mayores son aquellos que mejoran la fuerza muscular con ayuda de pesas, poleas o escalinatas. Ejercicios de resistencia como la marcha ligera, natación… Ejercicios de flexibilidad como estiramientos musculares o ejercicios de mantenimiento y equilibrio como el taichi, que reduce el riesgo de caídas en los mayores hasta en un 40%. Los ejercicios deben ser regulares y nunca tienen que producir fatiga o cansancio.

No menos importante es la adecuación del entorno para que la persona mayor pueda ser lo más autónoma posible mediante la eliminación de escalones, suelos deslizantes, para ello es aconsejable colocar barandillas y ayudas en las paredes, adaptaciones de los aseos y baños, camas a una altura adecuada etc.…

En situaciones más avanzadas será trascendental enseñar a moverse y girarse en la cama de forma independiente o ayudarles a realizar los cambios posturales adecuados, programados y periódicos para evitar complicaciones.

En los centros BALLESOL, los equipos interdisciplinares atenderán todos estos aspectos de forma global y personalizada, tratando las causas de la inmovilidad y elaborando un plan de rehabilitación individualizado para mejorar la autonomía, evitando su progresión y valorando el tipo de ayudas necesarias para conseguir una marcha segura y lo más autónoma posible.