HIPERCOLESTEROLEMIA

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La primera evidencia que existe en la literatura médica  del colesterol se debe a un anatomista francés al extraer en 1769 de los cálculos de la vesícula biliar de un cadáver una sustancia aceitosa que no supo identificar. Pero el verdadero descubridor tanto del colesterol como del conocimiento actual que tenemos de los lípidos y grasas, fue el químico también francés, Michel Eugéne  Chevreul. Este investigador separó en 1824 una sustancia de la bilis humana parecida a la grasa que llamó colesterina e identificó a ésta como el principal componente de los cálculos biliares.Sin embargo la asociación entre el colesterol, la formación de placas de ateroma y las enfermedades cardiovasculares no sucedería hasta muchos años después.

Es el médico ruso Nikolai Anichkov y sus colaboradores los que relacionan a principios del siglo XX las placas de ateroma con el consumo de grasas. Alimentaron a conejos con distintos preparados (carne, clara y yema de huevo) y observaron que el grupo alimentado con yema de huevo presentaba en sus arterias unos depósitos similares a las placas de ateroma de los humanos que fallecían por enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, no todos los conejos que se alimentaban con yema de huevo presentaban estos depósitos en sus arterias y ya entonces comenzaron a sospechar que podían haber otros factores desconocidos que influían en la ateromatosis y que hoy sí que están demostrados: factores genéticos, tabaco, alcohol, sedentarismo, obesidad y diabetes entre otros.

En 1950, el patólogo norteamericano John Gofman publica en la revista Science los resultados de una importante investigación que lleva a cabo mediante la centrifugación de las grasas y que iba a producir un avance importante en el conocimiento de esta enfermedad. Obtuvo en el suero centrifugado dos partes claramente diferenciables: una fracción que flotaba en la superficie y que la llamó “low density protein” o lipoproteína de baja densidad que es la conocida actualmente como LDL y que abrió posteriormente los ojos a la comunidad científica para relacionarlo con el colesterol indicador de riesgo cardiovascular. La otra fracción de lipoproteína transportadora de grasas era más densa y se depositaba en el fondo del suero y la denominó “high density lipoprotein” o lipoproteína de alta densidad o HDL cuyo efecto protector de las enfermedades vasculares fue después demostrado.

Es un artículo publicado en la revista Circulation por Wiliam Dock en 1958 el que marca un paso gigantesco en el conocimiento actual que tenemos sobre la aterogénesis al recopilar todos los estudios realizados hasta entonces y exponer ciertos factores de riesgo como la dieta o el sedentarismo.

Desde entonces, la ciencia ha evolucionado de forma meteórica tanto en el descubrimiento de fármacos como en el conocimiento exhaustivo de la enfermedad mediante la identificación de los receptores celulares de las LDL o el control intracelular que determina los niveles plasmáticos de colesterol-LDL y su relación con la aterogénesis.

Colesterol, acumulación de grasa

Todas estas investigaciones han hecho que hoy sepamos que el colesterol es una grasa que está presente en ciertos alimentos, que es imprescindible para una alimentación equilibrada y que circula por la sangre unida a unos transportadores que son las lipoproteínas que antes hemos comentado.

Las dislipemias son enfermedades provocadas por el aumento de colesterol y triglicéridos en sangre y se consideran anormales cifras mayores de  200 mgs/dl en pacientes entre 35 y 64 años El aumento de colesterol en la sangre se puede deber  a anomalías en los niveles de lipoproteínas por modificaciones genéticas o a la presencia de ciertas enfermedades y factores de riesgo como la diabetes, el tabaquismo, la obesidad el sedentarismo o la dieta.

Los valores altos de colesterol son uno de los principales factores de riesgo de muerte en las sociedades desarrolladas al estar directamente relacionados en la obstrucción de las arterias que provoca  angina, infarto de miocardio, enfermedades cerebrovasculares o enfermedad vascular periférica. No produce ningún síntoma hasta que aparecen las complicaciones y es frecuente que estas grasas se depositen en zonas visibles debajo de la piel (párpados o tendones) aunque esto no signifique que estén relacionadas con un aumento de colesterol en sangre.

Por este motivo, es importante realizar un control de lípidos en sangre a todos las mayores de 30 años al menos una vez cada 5 años así como de otros factores de riesgo como glucemia o tensión arterial. Se deben descartar la presencia de enfermedades vasculares o de aquellas que pueden producir aumento de lípidos como puede ser una deficiencia en la producción de hormonas tiroideas, así como de las formas genéticas. Estos controles deberán ser más frecuentes si existen factores de riesgo, se ha desarrollado una enfermedad vascular o los niveles de lípidos son altos.

El tratamiento se basa en dos pilares fundamentales:

  • La modificación de los hábitos de vida. Se basa en una modificación de la dieta intentando reducir el peso y disminuyendo el consumo de grasas saturadas y colesterol cuya cantidad diaria no debe superar el 30-35% del total de las calorías ingeridas.
  • De estas grasas, las saturadas no deben superar el 10% (presentes en mantequillas, embutidos, bollería,  alimentos precocinados y conservas) ya que poseen intenso potencial ateroesclerótico. Se debe potenciar el consumo de ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva). y de grasas poliinsaturadas (pescado azul rico en omega 3)  ya que tienen efecto antiinflamatorio y antiaterogénico.
  • Se recomienda consumir menos de 300 mg/día de colesterol (yema de huevo, crustáceos, vísceras, grasas, leche entera…)
  • La mayor parte de las calorías diarias (50-60%) deben ser aportadas con carbohidratos complejos (cereales, tubérculos legumbres..)
  • También se aconseja introducir en la dieta frutas y verduras y reducir el consumo de yema de huevo  (2-3 por semana), así como el consumo excesivo de azúcar y  alcohol

Incremento de la actividad física

  • Tiene efectos beneficiosos sobre el peso corporal, la tensión arterial, y aumenta la sensibilidad a la insulina y lípidos aumentando el colesterol protector o HDL. Se aconseja realizar ejercicio aeróbico durante al menos treinta minutos tres veces por semana.
  • El tratamiento farmacológico cuando los niveles de colesterol son muy altos o no ceden con las medidas anteriores. Se basa en el consumo de  estatinas que reducen el colesterol, los fibratos que disminuyen los triglicéridos y las resinas que secuestran los ácidos biliares ricos en colesterol.