BALLESOL LA VICTORIA

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Para conocer BALLESOL la Victoria hay que retroceder en la historia. Nos situamos en 1951, en una Valladolid que destacaba por su carácter empresarial. En una de sus calles, el ajetreo de trabajadores, vendedores y curiosos es una constante apreciada cada amanecer.

UN DESTINO CON HISTORIA

Históricamente la Avenida de Gijón con vuelta a la Dársena del Canal de Castilla constituía “una larga travesía que atravesaba algo más parecido a un pueblo que a la ciudad cosmopolita en la que se ha convertido Valladolid”. Algunos de los residentes de BALLESOL La Victoria vivieron en este enclave de trabajadores, de oficios tradicionales, de vaquerías y granjas de pollos entremezcladas entre casas molineras y tierras de labranza.

«una larga travesía que atravesaba algo más parecido a un pueblo que a la ciudad cosmopolita en la que se ha convertido Valladolid»

En uno de esos rincones -en el que se sitúa el actual Centro Residencial BALLESOL La Victoria– el paso del tiempo no ha podido llevarse la historia y el respeto al Patrimonio histórico que supone una edificación que ejemplifica el desarrollo de una sociedad que supo adaptarse a las circunstancias y necesidades del momento. En Valladolid, en lugares próximos al vertido de las aguas en el Pisuerga, junto al Puente Mayor, se construyeron tres saltos. En el primero, situado en el muelle, en 1840 se instaló una fábrica de harinas con ocho piedras accionadas por una rueda hidráulica de madera con paletas rectas con una capacidad para moler 66.000 fanegas al año. Un devastador incendio ocurrido en 1846 arruinó la fábrica. Seis años después la compañía del Canal la reconstruyó y amplió su equipo a 10 piedras, movidas por una turbina de 50CV. La importancia que tenía el transporte de la harina por el Canal quedó demostrada en la década de 1850-1860 por la que transitaron 360 barcazas.

UN DESTINO RESIDENCIAL

Lo que ahora son las instalaciones de BALLESOL La Victoria sirvieron también como almacén de pienso. Con los años la importancia de la actividad textil fue relegando el desarrollo de la fábrica de harinas. Sobre los inmuebles harineros se estableció una gran fábrica de tejidos, situada, según el nomenclátor callejero de la ciudad en el Paseo del Muelle (más tarde Avenida de Gijón). Posteriormente la titularidad pasó a Hemalosa Industrial textil hasta que en 1986 la difícil situación económica obligó a clausurar la actividad. El destino de los aledaños del primer salto del muelle del Canal de Castilla en Valladolid cambió radicalmente. Los edificios industriales fueron adquiridos por la Empresa Residencias Conde Ansúrez S.L. En 2002 se construyó un nuevo edificio residencial conservando el recinto hidráulico del salto de agua y el canal subterráneo bajo la Avenida de Gijón “en un salto cuyo rumor se oye en el interior del edificio”. Las fábricas de la Dársena, que ocupan la mayor parte del solar también se conservan de acuerdo con la Declaración de bien de Interés Cultural del Canal de Castilla.

ESTANCIAS CON ENCANTO

Desde las habitaciones de Ballesol se divisa la Dársena del canal de Castilla, un escenario bucólico, con mucha historia y que invita al paseo relajado con D. Blas Barbero, un residente salmantino que llegó a Valladolid con apenas cuarenta años para montar las primeras ruedas de Michelín. “Si me pregunta por la historia de este Centro Residencial le diré que antes era una fábrica textil porque algún retal compré con mi mujer, pero cerraron en los 70. ¿No se ha fijado en la estructura del edificio?” nos dice mientras enseña orgulloso las fotografías del paso del tiempo de una edificación inalterable y que Ballesol ha sabido respetar y aprovechar. “Lo bien hecho bien parece”, comenta encantado bajo los arcos de ladrillo que aún respiran recuerdos de la fábrica textil. “¡¡Hasta han dejado algunas máquinas y conductos con los que se trabajaba para la confección!!”. En nuestra visita nos encontramos con más residentes, espectadores de excepción que han visto “resucitar a Hemalosa”, el nombre con el que se conocía a la fábrica textil. Los recuerdos se cruzan. Cuando empezó a funcionar este taller, D. Juan Álvarez “era estudiante de bachiller y bajaba todos los días al Instituto Zorrilla, pero siempre me fijaba en el Fielato – casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías- que estaba enfrente de la empresa textil, hoy BALLESOL”. D. Félix Álvarez, se acuerda de “la cantidad de chicas que entraban y salían de trabajar”. “¿Y no os acordáis de la granja de pollos de Manolo Molina, que terminó por hacerse millonario? añade Dª. Pilar Rodriguez. “¡A 25 pesetas la docena de huevos!”, responde D. Juan.


EL CAUCE DEL PROGRESO

Sobre sus aguas se escriben algunos de los relatos más importantes que acontecieron en la época Moderna en el sector hidráulico en España. Con todo merecimiento puede compararse con los más señalados canales de navegación europeos del siglo XVIII. Su construcción duró casi un siglo y fue uno de los intentos de la Ilustración española para sacar a la Nación, en concreto a Castilla, de su secular decadencia. El Canal de Castilla se concibió, además de como una vía de navegación y transporte interior, como el mejor medio para desarrollar y ordenar el territorio de una región que arrastraba un retraso económico y social de varios siglos. Diseñado en un principio, básicamente para cumplir funciones de navegación y transporte, con el tiempo el riesgo y sobre todo el aprovechamiento industrial de la fuerza hidráulica de sus diferentes saltos, se convirtieron en una de sus funciones principales.

«antes era una fábrica textil porque algún retal compré con mi mujer, pero cerraron en los 70»

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Miguel Núñez Bello
Miguel Núñez es un periodista español que ha desarrollado su trayectoria profesional principalmente en prensa escrita y televisión. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó trabajando en Medios Escritos como La AGENCIA MENCHETA, Diario MARCA y LA RAZÓN. Durante su etapa en televisión ha dirigido los servicios informativos de 8MADRIDTV. En la actualidad colabora con las publicaciones del IMSERSO y es redactor jefe en la revista BALLESOL. En 2012, con motivo del Año Europeo de Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional, recibió el tercer Premio europeo de Periodismo escrito.