BALLESOL sin fronteras

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Detrás de cada decisión hay una vida. Una elección y sus circunstancias. Razones diversas, obligadas, anheladas, justificadas. Las de Dª. Jutta, Dª. Rita y D. Peter son tan antagónicas como sus países de origen: Finlandia, Cuba y Reino Unido.

Eso sí, la sucesión de hechos e historias que un día emprendieron les llevaron primero a España, y después a Ballesol. “No existe algo parecido a Ballesol en nuestros países”, alaban con palabras y sonrisas que hablan de la felicidad y el bienestar, de la socialización, definida por el psicólogo Vander Zanden, como “el proceso por el cual los individuos, en su interacción con otros, desarrollan las maneras de pensar, sentir y actuar que son esenciales para su participación eficaz en la sociedad«. Sin saberlo, ni pretenderlo, esa capacidad para socializar a través de la convivencia, la adaptación temprana, el aprendizaje y la motivación ha dado valor y sentido al envejecimiento activo como proceso continuo “que fomenta Ballesol”, comparten.

Dª. Jutta Lange nació en la parte de Alemania que ahora es Polonia. Como consecuencia de una guerra que cambió geográficamente la región de Silesia, y la identidad de sus territorios.

Ella sólo tenía seis años, pero con el paso del tiempo ha sabido leer la historia mejor que nadie, “por eso digo que soy de Stuttgart, donde vivieron mis padres”, responde cada vez que la preguntan. Ese ejercicio de pedagogía tiene sentido viniendo de una familia de profesores, maestros y músicos de órgano, una tradición que en Alemania se remonta al renacimiento. Pero nuestra joven necesitaba aprender, encontrar su espacio, hablar otros idiomas. Y se fue a Londres y París a cuidar niños. De Aupair a políglota, podríamos decir. Con 22 años se convirtió en azafata para la compañía aérea Air Canada en el aeropuerto de Düsseldorf. Anhelaba conocer mundo, países que tantas veces había leído en los libros de geografía. Pensar así la llevó hasta Madrid. Su intención y la de una amiga era aprender español en un año como anteriormente hizo con el francés y el inglés. Se presentó a buscar trabajo en Luftansa. “Mañana empiezas”, la respondieron. Aquí pasó 34 años, encontró su destino, una vida y su amor. Luis Fisac, español e ingeniero de comunicación. Cuando recuerda estos hechos, aún se posa las manos a la cabeza imitando a alguien cercano. ¿Pero qué se te ha perdido en España? la preguntaron más de una vez. “Soy la gitana de la familia”, dice con sentido del humor. “Y también soy una bebé de meses en Ballesol Tres Cantos” asume entre risas por el corto tiempo que lleva aquí. Llegó el 1 de Noviembre de 2018 para recuperarse tras una caída.

El pasado 16 de diciembre cumplí 80 años y vinieron mis cuatro hermanos de Alemania. Se quedaron impresionados con la residencia. Coincidimos en destacar el edificio, la luz, la claridad y el ambiente, pero sobre todo – levanta la voz para que la oigan mejor- la profesionalidad de Sonia, María, José…”. Aunque desde su habitación no se ven los Andes (una de las estampas más bellas que ha apreciado) no deja de contemplar la sierra de Madrid. Sus ojos azules se posan allí cada día, “me encanta la montaña y espero volver pronto”, un reto que como buena alemana trabaja con tozudez y compromiso. Su rehabilitación va despacio. No hay prisas, las zapatillas de trekking esperan y el sendero también.

La finca donde vivió parte de su infancia tenía cinco caballerías. Allí se sembraban frutos menores. La producción intensiva de hortalizas en la Habana comenzó en el siglo XIX, cuando inmigrantes chinos establecieron huertas en la periferia de la ciudad. Esta historia se la sabe muy bien Dª. Caridad Piriz a la que el acento la delata. ¿Qué espera después de 88 años de vida y rodeada de paisanos? Su carcajada es entrañable, contagiosa, sincera, pero no siempre ha sido así de fácil.

Recoger melones era parte del trabajo del campesino y aunque ella reconocía perfectamente la tierra fértil, la luz idónea y el tallo tierno y anguloso, se dedicó muy pronto solo a criar a sus hijos. Así es, justifica nombrando a su marido, un gran geólogo que se dedicó a hacer mapas de Cuba, por lo que sus viajes eran frecuentes. Se casó muy joven, cuidó a sus dos hijos, la hicieron abuela, pero educar a los nietos en Cuba era difícil. ¿Cómo es posible que un ingeniero mecánico ganase 180 pesos cubanos al mes? La perplejidad aún está presente en ella cuando habla de su hijo. Y también al hacerlo de su hija, economista. “Después del azucarero, los sectores mejor pagados en Cuba son la explotación de minas y canteras…” acaba de leer en una agencia de noticias. “El salario medio es inventado, no alcanza ni para empezar”, lamenta desde la distancia, pero crítica y convencida de que “la solución no es fácil y de haberla tardará en llegar…

Por eso se vinieron primero a España sus hijos. Después llegó ella, hace catorce años, ha vivido entre Sevilla y Tres Cantos hasta que murió su marido. “Antes que dejarme sola me buscaron una residencia y eligieron Ballesol Tres Cantos, y aquí estoy en el centro de día de lunes a viernes, creciendo como persona y aprendiendo cosas nuevas”. La última, los diversos tipos de locomotoras de vapor, eléctricas, diesel, gracias a una excursión al museo del ferrocarril. Algo impensable en Cuba. “Aquello es un desastre. En mi época no existían residencias para mayores, ahora me han dicho unas amigas que hay una en La Habana, pero nada que ver con esto”.

Y eso que Cuba tiene la población más anciana de las Américas. Dª. Caridad se hace querer en la residencia. Su carcajada adorna el piropo. Otra cosa es entenderla.“¡Cuídate, que estás en la tela! ” le dice a la animadora sociocultural, que ha bajado de peso en las últimas semanas. O a otra residente, a la que aconseja “que se cuide de la cariñosa” en referencia a la gripe. El carácter jovial, vivo y alegre de esta habanera lo agradecen en Ballesol Tres Cantos. Ha animado a más de uno a acompañarla en los paseos por el jardín, a supervisar el huerto y echar la vista atrás aunque no haya melones o guayabas, a leer en compañía y en voz alta para no olvidar. “Esto es espectacular, sólo viéndolo te lo puedes creer. Yo no sabía cómo era una residencia, pero me fascinó nada más entrar”. Desde entonces, hace ya año y tres meses, no se ha perdido un día, llega a las 10 y sale a las 18h., “hasta en agosto estoy aquí”. Vamos paseando hacia el comedor y no se resiste a sugerirlo. “Si me vas a preguntar por la comida (cosa muy seria en Cuba, nos dice)…¡me quedo con las dos!”. “Aquí estoy como en mi casa, mejor aún, la directora es especial, la gente es amable, el profesional atento…muchas veces me lo recuerda mi hijo, ¿no me das las gracias por encontrar algo así?”. Por cierto, ¿por qué Dª. Caridad? “porque a mi madre se le enfermaban todos los hijos y cuando nací y vio que estaba sana me llamó Caridad, como la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba”, concluye con una carcajada.

El paisaje de Almería dista mucho del de Finlandia, rodeado de cerca de 190.000 lagos y 98.000 islas. No hay bosques boreales, ni temperaturas glaciales que en invierno se sitúan por debajo de los -40 ºC. Todo lo contrario. Y eso justamente le convenció hace 30 años a D. Peter Von Der Pahlen.

Algo tan antagónico no sólo le sedujo sino que se convirtió en identidad y vida. Y eso que su familia se dedicó al negocio de la madera en un país en el que es difícil estar a más de un kilómetro de un bosque. Una industria que desde 1917 ha proporcionado el principal medio de subsistencia para generar riqueza. Sin embargo, D. Peter decidió estudiar economía en la mejor universidad de Finlandia. Comprometido, inteligente y emprendedor. Cualidades que muy pronto le llevaron a “fomentar el desarrollo de las relaciones comerciales, económicas, culturales, científicas…entre Finlandia y el país receptor”. Ejerció como cónsul en embajadas diplomáticas de Argentina, Canadá, Cuba… y por supuesto de España. Recuerda al detalle el trabajo que desempeñó en la embajada de Australia donde conoció a su esposa, con la que tuvo dos hijos, Natalie y Nicolás. Precisamente Natalie fue la que eligió Ballesol Almería para que su padre pudiese recibir la atención y los servicios que necesita. “Todas las mañanas después de desayunar se baja al salón a leer su periódico deportivo, realiza actividades de terapia, asiste a rehabilitación y se ha aficionado por las tardes a jugar al dominó”, resalta la psicóloga de la residencia, Susana Martinez, que admira en él su “carácter educado, tranquilo y respetuoso”. a D. Peter Von Der Pahlen es un ejemplo de convivencia e integración en Ballesol. Nos cuenta su historia en una conversación corta, a ritmo pausado y generosa en silencios. Por ello cada palabra es un regalo, “es fácil estar aquí, los profesionales cuidan cualquier necesidad”, pero le da más importancia al valor de “saber escuchar y respetar tus costumbres, espacios, momentos…” como dice que lo hacen el equipo del centro.

Su trabajo de cónsul le convirtió en un viajero, un explorador de culturas capaz de adaptarse e integrarse en la sociedad en la que representar a Finlandia. También había que tomar decisiones, no sólo diplomáticas. Hace 30 años se compró una casa en Almería “en la que veranear, primero y residir después de forma definitiva”. ¿El idioma? se preguntarán, nunca fue un impedimento sino una oportunidad. “Por mi trabajo he tenido que aprender inglés, alemán, noruego, sueco y español”. Estando en Madrid perfeccionó este último. Algo que agradecen los residentes de Ballesol Almería que ven en D. Peter un relator de historias y experiencias fascinantes, “desde por viajar a Laponia y dejarse llevar en trineo por majestuosos renos a recorrer el Parque Nacional Los Glaciares en la región de la Patagonia Argentina al ritmo de Carlos Gardel”, no exageran los que le conocen en la residencia. “Siempre está sonriendo” comentan cada vez que se cruzan con D. Peter. Tal vez será porque Finlandia ha sido elegida por segundo año consecutivo por la ONU como el país más feliz del mundo. “Si en algo puede contribuir mi estancia en Ballesol Almería, mejor. Lo recomendaría a todo el mundo”, se despide.