CUATRO NOMBRES EN MI CORAZÓN

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Estoy siendo poco consecuente. Me juré a mi misma no escribir sobre estas cuatro personas irrepetibles a las que quería, admiraba y les debía muchísimo porque consiguieron que me sintiese querida y eso para mi es algo muy importante .

La vida de vez en cuando nos pone a prueba para ver hasta dónde llega nuestra cobardía y nuestros recuerdos… En primer lugar recordaré a mi cuñado VICENTE, que nunca fue mi cuñado, fue mi amigo y con él tenía una buenísima relación. Lo conocía desde que tenía catorce años, antes que a Santiago, mi marido. Si lo tuviese que definir con una sola frase  sería “Era básicamente bueno y generoso”.

Es cierto que yo me sentía muy querida por Vicente, pero tengo un recuerdo que puedo verlo cuando quiera, en el que habla de mi diciendo cosas tan maravillosas que no  merezco, pero están ahí… Aquel vídeo que surgió de la complicidad de mis hijos por mi setenta cumpleaños sigue siendo emotivo.

«Los cuatro estaban dispuestos a querer y a creer en la amistad y potenciarla»

La otra persona es JOSÉ LUIS, “El Bodeguero” como él quería que le llamasen. Fue una persona trabajadora, luchadora, honrada, sobre todo inteligente y el mejor restaurador que he conocido. Le conocí en el bautizo de mi hijo Santiago, cuando yo tenía veinticuatro años. Desde ese momento consiguió hacerme sentir importante sin serlo… Aún recuerdo cuando nos enseñó una placa que colocó como reconocimiento en su hermosa bodega en la que aparecíamos Santiago y yo. Al preguntarle por qué la había puesto en una plazoleta, me contestó: “Porque no te estarás quieta ni después de muerta”.

El tercero es ENRIQUE BEOTAS, un gran periodista, con una voz como no he conocido ninguna, transmitía y te llegaba, pero sobre todo era una gran persona, de una generosidad sin comparación posible. El destino es muy caprichoso y de una manera estúpida aquel tren maldito que llegaba a Galicia el pasado 24 de Julio le arrebató la vida con tan solo 58 años. Enrique era una persona inigualable, hacía que te sintieses siempre mucho mejor de lo que eras.

El cuarto era el Doctor GARCÍA ANDRADE, ese gran médico, esa persona tan especial que luchó toda su vida por ser diferente y distinto en algunas cosas. En esta familia y digo toda la familia porque desde mis padres, mis suegros, mis hijos, mi marido y yo, hemos tenido la suerte de ser sus amigos, recuerdo que a mí me decía “Lolita, no cambies nunca”. Una frase que le podría definir sería “Luchó toda su vida contra su propia forma de ser”. Era un hombre grande y de una inteligencia superior.

Los cuatro soñaban con ser felices como cualquier persona por diferentes que sean sus culturas y creo que consiguieron bastante porque creyeron en el amor y la amistad que son las metas más altas a las que aspira cualquier ser humano.

Los cuatro amaban la libertad y les gustaba la vida y por supuesto sabían que un buen amigo es mucho más eficaz que un fármaco.

Pero por desgracia estamos viviendo  unos momentos de un gran egoísmo  en nuestra sociedad.

Ya no cuentan las emociones, la intuición y la generosidad… en fin, que la inteligencia emocional está pasada de moda; no saben  ni  perder un minuto escuchando a otra persona. Por eso debemos de enseñar a nuestros jóvenes a ser más generosos.

Estas cuatro personas por su forma de ser siempre estarán entre nosotros, aunque no estén físicamente.

La última vez que quedamos a jugar al mus con Enrique no pudo ser, pero estoy convencida de que como yo quiero creer que no desaparecemos, me los imagino a los cuatro jugando al mus, porque aunque mi cuñado no sabe ya se encargará Pepe de enseñarle y seguro que mientras juegan hablarán de nosotros.

Todos estamos llenos de defectos pero cuando te sientes amigo de verdad, tanto en los momentos buenos como en los malos, vamos a pérdidas y ganancias como decía Tirso de Molina y esa es la verdadera amistad.

Un beso muy fuerte. Al compartir he podido recordar, para no olvidar, a esos cuatro entrañables amigos que querré siempre.