DISFRUTAR DIBUJANDO ENTRE LOS LIBROS

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Romualdo Latre residente en Ballesol Almogávares

La biblioteca ha sido siempre la inspiración de D. Romualdo Latre (Barcelona, 1929) y a sus 93 años continúa siéndolo. Un lugar en el que escaparse de la rutina y rodearse del saber, en especial, de los libros de pintura y arquitectura. Aquellos que ha ido leyendo detenidamente uno a uno desde que se sacó el carné de la biblioteca cuando era adolescente. Ahora, aunque no suele salir mucho a pasear, su cita con ella -ya sea por la mañana o por la tarde- es inamovible. “Allí estoy más tranquilo, no me molesta nadie”, explica este catalán.

Romualdo Latre, es un apellido que viene de Aragón porque mis abuelos y padres son aragoneses, ellos se conocieron en Barcelona y nací aquí. Soy el único catalán de la familia y naturalmente me gusta”, explica. Trabajó como apoderado del Banco Santander, sin embargo, su afición era y sigue siendo el arte. Los ratos libres que tenía, tras terminar su jornada laboral, los dedicada a leer sobre diferentes artistas y a pintar para entretenerse. “A veces incluso tiraba los bocetos ¿para qué los quería? Dibujaba por el placer de dibujar”. Sigue haciéndolo como hizo desde niño. Autodidacta, curioso…y manitas, llegó incluso a hacer muebles para su hija.

Las acuarelas, junto al lápiz, eran sus técnicas preferidas, de hecho, aún sigue utilizándolos. “Ahora suelo pintar con lápiz, porque con acuarela me tiembla ya la mano. La edad se nota y lo que antes hacía en dos semanas, ahora necesito dos o tres meses”. Pero sus ganas por seguir demostrando su talento hacen que continue perseverando en su afición. “A mí estar sentado en el sillón no me va, no me gusta estar parado”.

Gracias a su hacendoso espíritu para Navidad hizo un gran Nacimiento. Sin utilizar ningún modelo, valiéndose solo de su memoria. Cada día fue trazando las siluetas en un papel grande y así trabajó durante tres meses, hasta que llegó la Navidad y D. Romualdo logró, con gran satisfacción, que la residencia Ballesol Almogávares luciera un Belén completamente original. Y lo mismo hizo para el día de Sant Jordi representando al santo con un dragón, una bandera y su espada.

Barcelona también fue el motivo de una exposición de dibujos que realizó en esta misma residencia. Ocho vistas de la ciudad entre las que destacan Las Ramblas o el Parque Güell. Espacios en los que en su juventud solía pasear con sus amigos y su entonces novia, que luego se convirtió en su esposa. La exposición fue una oportunidad que le permitió volver a recorrer estos lugares emblemáticos, ver cómo había cambiado todo y tomar algún apunte para sus dibujos. Los paisajes junto a los bodegones son lo que más le gusta dibujar, pero nada se le resiste. De hecho, ha retratado a residentes del centro, a sus hijos y mascotas en un derroche de diversidad, talento y humanidad.

Con orgullo recuerda como, una de las veces, la “gobernanta”, como él llama a la directora de la residencia, Asunción Madrigal, le gustó tanto su trabajo que le abrazó muy contenta. “No es ninguna maravilla, es por afición”, reiteró humildemente. Es su manera de demostrar su aprecio a Ballesol Almogávares que, sin ser esa biblioteca que tanto admira, es su actual un rincón de paz e inspiración.