ENTENDER EL VALOR DE LOS AÑOS

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La intergeneracionalidad nos hace pensar en relaciones entre generaciones que se relevan unas a otras. En esta línea, “para hablar de intergeneracionalidad no basta con estar juntos; lo importante es hacer y hacerse juntos, y que ese hacer vaya más allá de la mera interacción y pase a la relación. […] Por tanto, la clave del término inter-generacional está no tanto en lo generacional sino en el inter, en el entre” (Newman y Sánchez, 2007: 42)

Esa es la ilusión que nos mueve y la razón de estar aquí”, se presenta uno de los residentes de Ballesol Valterna, participante en el proyecto de actividades intergeneracionales junto al colegio El Armelar. Empieza el curso y hay nervios, pero también propósitos. “Espero transmitir a los niños los valores de respeto y convivencia que a mí me enseñaron”. A través de la historia de vida del residente, el alumno va a conocer su profesión, el desempeño de la misma y la proyección laboral y vital que le supuso. “Es posible que mi profesión ya no exista”, les dicen sin desvelar las pistas y generando incertidumbre que el joven tendrá que descifrar. La metodología llevará a mayores y jóvenes a recorrer muchos conocimientos, que intercambiarán de manera bidireccional entre la residencia y el colegio: costumbres y tradiciones, lugares de ocio de antes y ahora, valores como el respeto o la tolerancia y su evolución con el paso del tiempo…

Fanny Fernández es la TASOC de Ballesol Valterna y encargada de promover experiencias para “Aprender Enseñando”, una práctica exitosa que se ha convertido en lema. Como lo son los cuadros realizados a partir de los trazos del artista Keith Haring, un icono del grafiti de los años 80 que supo plasmar en obras tan reconocidas como “Mejores Amigos”. Este mensaje de amistad y aceptación que los residentes y los alumnos de 3º de la ESO reprodujeron en cuatro sesiones conjuntas y en dibujos que presentaron en una exposición. O el taller de socarrat, en el que los participantes utilizaron estas piezas cerámicas del siglo XV, utilizadas para la decoración de techos y aleros, para plasmar sensaciones, instantáneas vividas, figuras en rojo inglés y bermellón con las que plasmaron sus emociones.

La residencia de Ballesol Valterna no sólo se convierte semanalmente en una escuela de vida y conocimientos, también en un hermoso espacio de estímulos y reflexión a través del taller de jardinería. “El vínculo emocional que la persona establece con las plantas y todo el entorno natural a la hora de elaborar el jardín, siendo ambas, persona y planta, expresiones de vida que comparten una existencia” es la Jadino-Terapia según el Dr. Benjamín Rush y el psiquiatra Sauvage. En este contexto residentes y jóvenes reconocen que esta actividad ha contribuido a “conocerse mejor, desarrollar habilidades personales como la paciencia, la disciplina, el compromiso o la atención”. En esta actividad es el residente el que adopta una figura de facilitador de conocimientos -a través de su experiencia- para que los participantes del colegio El Armelar “reconozcan cómo es la siembra de plantas aromáticas y ornamentales, el cultivo en macetas, el drenaje necesario, la luz idónea…

La actividad intergeneracional entre ambas instituciones también ha tenido su desarrollo y continuidad en el propio colegio. Durante todo el año escolar los residentes de Ballesol Valterna se desplazaron una vez a la semana hasta las aulas del centro para complementar sus conocimientos y sabiduría en materia de historia, valores familiares o juegos de antes con la percepción que tiene un joven en la actualidad. “Una experiencia enriquecedora y necesaria, que nos lleva a entender una sociedad cada vez más intergeneracional”, resumen los profesionales y la dirección de Ballesol Valterna.

¿Cuántos tipos de mirada puede haber? ¿Tantas como personas? Este arte sin movimiento puede decirlo todo. O nada. Hay miradas con mensaje. Encendidas, vacías. Pasajeras o eternas. Esta, de la que hablamos, es tierna. Fraguada en la admiración de una nieta a su abuelo. Y viceversa, no lo olviden. ¿Por qué la mirada de Carlota y Antonio es única? Si les observasen se darían cuenta de las cosas que se dicen sin pronunciar una sílaba, sólo con un leve pestañeo y una mueca. La relación entre ambos tiene los años de Carlota: “¡Doce años ya¡” se oye al fondo una voz que resulta familiar en Ballesol Altorreal. El día que nació, el primer día de colegio, las tardes en las que Antonio recogía a su nieta a la salida, los ratos frente al televisor, las conversaciones en el parque…el almanaque de la memoria de ambos está llena de buenos momentos.

Esa compañía sigue enriqueciéndose hasta el día de hoy. De hecho Antonio siempre ha defendido a la familia como el núcleo de socialización que posibilita una mayor proyección de la persona y un desarrollo continuado de valores a lo largo de la vida. El profesor e investigador Höpflinger (2009) señala que “la noción de relaciones entre generaciones designa los procesos recíprocos de orientación, influencia, intercambio y aprendizaje entre los miembros de dos o más generaciones. La forma y la dinámica de las relaciones entre ellas resulta de una experiencia subjetiva de las similitudes y diferencias, así como de la realización de roles y funciones no prescritas institucionalmente”. El yayo – como cariñosamente se refiere Carlota a su abuelo – fue cumpliendo años, sus expectativas de envejecimiento activo y saludable se fueron alcanzando, pero sus condiciones de salud cambiaron, “y sus necesidades pasaron a ser atendidas por profesionales especializados”.

La decisión de elegir Ballesol Altorreal convenció a todos. “Mi abuelo se merece lo mejor del mundo por todo lo que ha hecho por nosotros”, busca Carlota con sus palabras la aprobación de su madre, que acude todas las semanas a la residencia para acompañar y ayudar a su padre en lo que pueda necesitar. Este momento periódico de solidaridad intergeneracional lo es también de cultura de convivencia, participación e inclusión en el centro residencial. Verán por qué. La familia de Carlota siempre ha pensado que es “una niña extrovertida, sensible, comunicativa”. Al poco tiempo de conocer Ballesol Altorreal le confesó a su abuelo que tenía nuevas amistades. Entre ellas la de una residente con la que la separan 70 años.

Antonio se paró a pensar, arrancó una carcajada y antes de hablar esa mirada tierna lo había dicho todo. Dª. Dolores reside en la habitación 222, “y cada vez que vengo a ver mi abuelo paso tiempo con ella participando en alguna actividad”. A ella, pormenoriza Carlota, “le gusta pintar y hacer manualidades que la satisfagan y la hagan feliz”. Desvela que juntas pintan con acuarela en el mejor estudio posible: el bello jardín de la residencia Ballesol Altorreal en el que brotan rosales y olivos que inspiran a estas dos artistas. Ambas están terminando las últimas pinceladas de acuarela, un cuadro de una rosa que tiene firma (D y C), las iniciales de las artistas. “Dolores me enseña a pintar con el pincel, a escoger el mejor color y a elegir el momento de luz perfecto”. A la residente, “la compañía de Carlota me resulta inspiradora, relajante y motivadora. ¡No sabes la cantidad de sugerencias que puede compartir en una tarde de pintura!”. De la relación de la pequeña con su abuelo Antonio y su amiga Dolores es testigo Noelia Jiménez Luna, Tasoc del centro residencial y una defensora “del intercambio intergeneracional tan beneficioso para sus tres protagonistas, dado que ayuda a promover el envejecimiento activo y favorece las iniciativas destinadas a sensibilizar a residentes y familiares acerca del potencial de las relaciones entre jóvenes y mayores”.