ENTREVISTA DR. LUIS ALBERTO MONSALVE CLEMENTE

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Debe primar una mirada a la persona mayor con toda la dignidad que merece

El Dr. Monsalve no sólo es un profesional muy respetado por sus compañeros sino que, además, es muy querido por residentes y familiares por los que demuestra una sensibilidad extraordinaria. La fidelidad y la dedicación definen la trayectoria de este médico geriatra que lleva más de una década en BALLESOL

¿Qué cualidades definen a un médico de residencia?

Sobre todo, que sabe tratar con personas y toma mucha conciencia de eso. Debe primar una mirada a la persona mayor, a todo lo que necesita y con toda la dignidad que tiene. El centro de tu trabajo es la persona mayor. Es algo muy vocacional. Pero esa vocación también se descubre y hay que madurarla. Yo no trato a los mayores ahora igual que hace quince años. Les conozco más y sé de qué pie cojean. Aunque cada uno requiere que le atiendas de una forma diferente, al final lo que buscas es lo mejor para todos.

¿Y qué le diferencia, por ejemplo, con un facultativo de la Seguridad Social?

Nosotros conocemos mejor la problemática de los mayores asistidos. Un médico de la Seguridad Social trata a pacientes desde los 15 a los 100 años. Sabe mucho de todo, pero nosotros conocemos mejor la etapa de la vida que va desde los 80 años en adelante. La medicina aplicada a las residencias de mayores debería ser una especialidad. La geriatría no tiene en cuenta ese aspecto de cercanía con el que hay que contar. La persona mayor es un paciente muy particular. Nosotros casi vivimos con ellos, yo paso aquí ocho horas al día. Somos como una familia.

¿A veces no se siente más un psicólogo que un médico geriatra?

Hay ancianos dóciles y otros muy duros en el trato. Nosotros nos tenemos que adaptar y eso nos hace tener una perspectiva más amplia. Aquí ya hay psicólogos que trabajan muy bien. Más que una función de psicólogos, tenemos que saber el momento psicológico más favorable para meterle en vereda, para llevarle a nuestro terreno y que cumpla los tratamientos.

¿Cómo se desarrolla ese trabajo diario del médico con los residentes?

He aprendido y comprendido mucho cómo son ellos y en qué se distinguen. Cada uno es de su padre y de su madre; y entender eso requiere mucho esfuerzo. Pero esto es un trabajo de equipo y para eso es importante que haya mucha cercanía entre el médico y el resto del personal. El médico no está por encima de nadie. Yo puedo hacer mi trabajo porque hay unas auxiliares que dan la voz de alarma cuando a la persona mayor le pasa algo. El suyo es un trabajo muy práctico. Las auxiliares son nuestro principal pilar. Les levantan, les visten, les dan el desayuno y en muchos casos se llevan los golpes. Las auxiliares nos transmiten toda la información y eso es importantísimo para hacer un buen diagnóstico. Yo todas las mañanas me paso por todas las plantas y me rozo con todas las auxiliares. Ellas me explican de una forma natural y cotidiana todo lo que pasa. Yo podría ir a ver sólo a los que están peor, pero prefiero darme una vuelta y enterarme de todo lo que acontece.

¿Hay algunos casos especialmente complicados?

La tristeza de algunos residentes es lo más difícil de tratar. No es cuestión de ansiolíticos ni antidepresivos. Aunque todo el mundo hace su trabajo bien, hay enfermos que no le encuentran sentido a su vida. Y eso es un reclamo para buscar una ayuda y que la persona mayor vea una salida a esa situación que le hace sentirse infeliz. En general, se trata de un problema de cultura. Antes los mayores eran veranados, eran considerados maestros llenos de sabiduría. Ahora no, ahora impera la cultura de que sólo vale lo que es útil.

¿Hasta donde llega ese vínculo con los residentes?

Existe una relación profesional y afectiva para conseguir el mayor bienestar para los residentes. El cariño no puede faltar, están todo el día contigo. Les saludo, les doy un abrazo si es necesario… Les creo confianza.

Lo que sí es verdad es que hay algunos que pasarían siete veces al día por la consulta del médico y en esos casos hay que marcar una distancia de una manera muy educada, porque no es bueno para ellos.

¿Y cómo definiría el trato con los familiares?

Explicarle a la familia lo que le ocurre al residente es muy importante, pero es lo más duro. Agradecen mucho que les cuentes las cosas con claridad. La familia es parte del residente y del ingreso. Lo normal es que la relación sea fluida, aunque a veces quieren meterse donde no conocen y para lo que no están capacitados. Para eso estamos los profesionales. Hay algunas incomprensiones por parte de los familiares. Para ello está el equipo interdisciplinar que toma las decisiones más adecuadas. Los familiares en cuanto ven que el enfermo va bien, entonces se tranquilizan.

¿Cuáles son las enfermedades más habituales?

Las demencias en todos los grados es lo que más trabajo nos exige. Además los deterioros cognitivos van avanzando y se nos obliga a modificar los tratamientos para adaptarnos a la nueva situación de cada enfermo.

Las personas mayores tienen el hábito de tomar muchas medicinas, ¿cómo consiguen controlar estas situaciones?

El criterio básico es que la persona mayor sólo tiene que tomar lo que necesita. Hay que valorar esa situación particular porque hay residentes que son dependientes de unas pastillas en concreto. No se les puede hipermedicar. Si toman más pastillas de la cuenta les pueden sentar mal y les perjudica. Aunque no es una práctica habitual, en casos de mucha ansiedad se les da algún placebo para reducir esa demanda de atención que piden.