FISIOTERAPIA E ICTUS

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Ballesol garantiza una intervención adecuada e individualizada

Uno de los grandes clásicos dentro de la Fisioterapia Neurológica sigue siendo el tratamiento de las secuelas sobre la sensibilidad o el movimiento en pacientes que han sufrido un ictus. En un reciente artículo publicado en la revista Cuestiones de Fisioterapia sobre la práctica clínica de los fisioterapeutas españoles en Neurología, la patología neurológica que más tratamos es el ictus.

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) hablamos de ictus para designar de forma general cualquier episodio de isquemia o hemorragia cerebral. Dicho de otro modo, utilizamos el término ictus para referirnos a la enfermedad que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro, ya sea por sangrado (hemorragia o hematoma) o por detención o disminución del flujo sanguíneo (isquemia).

Una de las principales causas es la falta de actividad física controlada tanto en hombres como en mujeres.

Evidentemente, a medida que cumplimos años el riesgo de sufrir un episodio de este tipo aumenta, tal y como demuestran las estadísticas.
Las consecuencias de un ictus suponen una de las más importantes causas de invalidez o discapacidad a largo plazo en el adulto y con mayor motivo en la persona mayor.

Por tanto, la fisioterapia dentro de un equipo multidisciplinar adecuado es una herramienta de primer orden en la intervención del paciente que ha sufrido un proceso de este tipo en todas sus fases, incluida la preventiva.
La hemiparesia o hemiplejia, es decir, la parálisis en mayor o menor grado de una de las dos mitades (izquierda o derecha) del cuerpo constituye una de las secuelas más frecuentes de esta enfermedad. Esta pérdida de movimiento se produce como consecuencia del daño cerebral del lado contrario y, en ocasiones, dependiendo de la zona del cerebro que se vea afectada puede ir acompañada de problemas en el lenguaje, tanto para su articulación como para su comprensión, deterioro de la capacidad para mantener el equilibrio o caminar, déficits en la capacidad de los pacientes para tragar o deterioro de la memoria e incapacidad para solucionar problemas de la vida cotidiana y tomar decisiones.

Cuando una zona del cerebro se ve afectada gravemente por la pérdida total del riego sanguíneo o por una hemorragia importante, las células cerebrales sufren daños irreversibles, pero las teorías sobre plasticidad neuronal demuestran la capacidad del sistema nervioso para generar nuevas conexiones, nuevos circuitos cerebrales como respuesta a la estimulación con un tratamiento adecuado.

Una vez salvada la vida del paciente y tras recibir el alta hospitalaria, es de suma importancia iniciar un tratamiento de Fisioterapia ajustado a las necesidades de cada paciente que permita minimizar las consecuencias del ictus e incluso, en algunas ocasiones, recuperar la normalidad. Cuanto antes se inicien los ejercicios de Fisioterapia más posibilidades existen de recuperación.

Valoración y método

Generalmente, durante los 6 u 8 primeros meses después de producirse la lesión cerebral es cuando existen las mayores posibilidades de recuperación y es aquí donde es fundamental un tratamiento de Fisioterapia intensivo y llevado a cabo por un buen profesional, dotado de medios técnicos y formación adecuada e integrado dentro de un equipo de trabajo multidisciplinar en el que deben formar parte otros profesionales vitales en esta etapa tales como los terapeutas ocupacionales, médicos o enfermeros. Habitualmente cada fisioterapeuta suele estar especializado en una técnica concreta de tratamiento estando entre las más utilizadas el método Bobath, vendaje neuromuscular, método Vojta, método Perfetti o Fisioterapia en control motor. Si bien es cierto que cuanto más amplia sea la formación del profesional más medios disponibles tiene para intervenir con el paciente. Antes de todo ello es importante realizar una valoración adecuada del paciente teniendo en cuenta siempre el entorno familiar, ya que un episodio traumático de este tipo, en ocasiones, supone un antes y un después en la vida del paciente y de su entorno, que precisa un asesoramiento y acompañamiento que son primordiales para generar un clima de confianza y seguridad estableciendo objetivos de tratamiento realistas.

Elegir Ballesol

Pasados los 6 primeros meses las secuelas del ictus tienden a estabilizarse y entramos en la fase crónica. En esta fase el proceso de recuperación se ralentiza, pero todavía es posible conseguir mejoras importantes en manos del profesional de BALLESOL. Por otra parte, la intervención fisioterapéutica en esta fase en el paciente mayor ayuda a mantener las mejoras obtenidas evitando complicaciones y retrocesos. Pequeños avances en esta etapa permiten al paciente mantener su autoestima y equilibrio emocional.

La amplia experiencia de más de 40 años de los centros Ballesol garantiza una intervención adecuada e individualizada en el momento en el que el paciente finaliza el ingreso hospitalario e incluso en etapas más tardías. Nuestro objetivo es ofrecer un tratamiento de Fisioterapia de la máxima calidad posible a cada uno de nuestros usuarios que repercuta positivamente en el mayor grado de autonomía e independencia funcional posible en su vida diaria y contribuya como objetivo final a asegurar su bienestar físico y mental.