PLÁCIDO GÓMEZ, EL PINTOR DE LOS SENTIDOS

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Residente en Ballesol Gobernador Viejo

Su nombre denota su estado actual. A D. Plácido Gómez le definen los demás residentes de Ballesol Gobernador Viejo como el amigo que “alumbra el día de mañana con el de hoy”. La bondad es una de las virtudes de este artista que muy pronto reconoció su destreza con el pincel y la inquietud por todo aquello que se plasmaba en un lienzo “del que apreciaba el movimiento, la vida y el color de cada trazo”. A los catorce años ingresó en la escuela de Bellas Artes como complemento a una carrera más llamada a colgarse medallas que cuadros. “También era jugador de baloncesto y campeón de España de 110 metros vallas”, aunque como él deja claro, “la madre de todas es la pintura”.

 

“No hace falta tener memoria fotográfica para dibujar, es mejor cogerse el caballete y admirar, pintar en el mismo sitio”

 

La afición por este arte le ha llevado a continuar con su obra en su habitación de Ballesol Gobernador Viejo, donde no descuida que la luz alta evite las sombras no deseadas en la pintura, que el caballete sujete firme el lienzo, y que del pequeño estudio sobresalga el buen gusto por los paisajes rurales y las casas de los pueblos. “No hace falta tener memoria fotográfica para dibujar, es mejor cogerse el caballete y admirar, pintar en el mismo sitio”. Para hacer esto “sólo hay que tener predisposición, es lo único”, repite varias veces mientras enumera mentalmente el valor de su arte. “He pintado más de 150 cuadros…” Su orgullo como pintor está inmortalizado en una esquina desde la que se aprecia la majestuosidad de la “pinacoteca” que el destino, el esfuerzo y el apoyo de Ballesol, han permitido. “Eso es Rubielos de Mora en Teruel, un escenario precioso que pinté y disfruté con la paz y tranquilidad que me daba mi mujer”.

 

A los catorce años ingresó en la escuela de Bellas Artes

 

Si algo distingue a D. Plácido de los demás pintores es el material que emplea para dar sentido y vida a objetos sin movimiento. “Esto se llama flowmaster, una herramienta de tinta que me han traído de Illinois porque en España no sabemos hacerlo”. Atrás quedó la plumilla, el pincel redondo o el de lengua de gato, pero no el próximo trazo. Aunque sólo puede dedicar los sábados y domingos a sus lienzos, el resto de los días ayuda a su hijo en el estudio de arquitectura. Y si Ballesol fuese un cuadro, le preguntamos. “Cualquier cosa de paz y tranquilidad porque eso es lo que he recibido cuando llegué aquí”.

Gracias, maestro.