SÍNDROME DE INMOVILIDAD

0
474

Realizar ejercicio físico controlado y mantener una actividad habitual, nos ayudará a no convertirnos en personas dependientes. El descenso de la capacidad para desempeñar Actividades de la Vida Diaria (AVD) por deterioro de funciones motoras, es la principal preocupación de los profesionales de BALLESOL, que a diario, cuidan de las personas mayores con el objetivo de evitar y retrasar el llamado síndrome de Inmovilidad.

Arsenio Granja es fisioterapeuta de BALLESOL Pozuelo, Madrid, y una de las personas que más entiende sobre el síndrome de inmovilidad. “La movilidad, o capacidad de desplazamiento en el medio que nos rodea, es imprescindible para tener autonomía, esencial para la vida cotidiana del residente. Esta capacidad de movilización es un indicador del nivel de salud y de calidad de vida. El síndrome de inmovilidad se puede definir como la disminución de la  capacidad para desempeñar actividades de la vida diaria por deterioro de las funciones motoras”. La realidad en España es que el 18 por ciento de las personas de más de 65 años tienen dificultades para moverse sin ayuda; A partir de los 75 años, más del 50 por ciento presenta problemas para salir de casa, y el 20 por ciento no puede salir de su domicilio.

“Habría que distinguir -nos aclara la fisioterapeuta de BALLESOL Pozuelo, Madrid, Ana Orellana- entre la inmovilidad relativa, cuando el paciente empieza a perder las funciones pero todavía puede moverse aunque con ayuda y supervisión; y la inmovilidad absoluta, que se da especialmente a partir de los 80 años”. Para superarlas lo más importante es mantenerse activo todo el tiempo que se pueda y, cuando aparezcan los primeros síntomas, acudir rápidamente a un especialista. “Lo cierto es que nosotros hemos tenido casos de recuperación, tras años de inmovilidad, totalmente sorprendentes  y gratificantes”, añade Ana.

Al convivir con personas mayores es muy importante no tratarlas como si fueran completamente dependientes.

En este centro de BALLESOL Pozuelo, hay residentes desde 65 años hasta 103, si bien la media está en 85 años. Por eso es muy importante que se tengan en cuenta los factores de riesgo, intrínsecos (relacionados con el propio paciente) o extrínsecos (derivados de la actividad o entorno). “En todos los casos en los que venimos trabajando el éxito depende, tanto de los tratamientos, como de la propia voluntad del paciente a la hora de llevar a cabo las indicaciones que se le dan. Está claro que los pacientes siempre deben estar supervisados por especialistas, pues ellos solos en sus domicilios no realizan los ejercicios adecuadamente”, aseguran los tres expertos.

A la superación física hay que añadir el trabajo psicológico que los profesionales de BALLESOL realizan con cada paciente. Leticia Pérez del Tío, es la responsable de este departamento. “Al convivir con personas mayores es muy importante no tratarlas como si fueran completamente dependientes. No hay que confundir el cariño o la ayuda, cuando la necesiten, con el paternalismo. Necesitan  y deben moverse, intentar ser autónomos en su vida cotidiana, y realizar ejercicios moderados y supervisados. Estas pautas ayudan a prevenir las caídas, que son un grave riesgo en la población mayor. Según un estudio de la Universidad de la Coruña, un tercio de las personas mayores de 65 años, se caen, por lo menos, una vez al año.


LOS EXPERTOS OPINAN

Olaya López Casquero

Olaya López Casquero lleva desde el año 2005 trabajando en BALLESOL como fisioterapeuta. Por sus manos han pasado muchas personas con un síndrome de inmovilidad elevado, “son más del 50% de las personas de más de 75 años los que tienen problemas para salir de casa por su reducida movilidad”. Olaya cuida a diario el estado físico de cualquier paciente, pero asegura que la mayor preocupación en una persona que recibe este tipo de atención es “el posible rechazo de los familiares y amigos por considerar que ya no pueden realizar ningún tipo de actividad que hasta entonces desempeñaban”. La buena relación entre el profesional –en este caso la fisioterapeuta – y el paciente, es fundamental para conseguir una mejoría en muchos aspectos. “Es necesario mantener todas las AVD intactas dentro de la patología de cada uno, continuar con hábitos como la lectura, escritura, ejercicios de memoria,  así como las grandes ventajas y mejorías que se obtienen al realizar cualquier tipo de actividad física, ya sea pasear, el uso de las bicicletas estáticas, el baile o la asistencia a las diferentes sesiones de psicomotricidad”.

Cuando nos hablan de dismovilidad debemos de pensar que existen grandes diferencias entre la dismovilidad aguda o larvada. “Se entiende por dismovilidad o movilidad dificultosa, a la molestia, dificultad y/o imposibilidad para mover parte del cuerpo y/o trasladarse, secundaria a situaciones patológicas diversas. La dismovilidad aguda se produce cuando hay una perdida de movilidad en un período no superior  a 72 horas. La dismovilidad larvada, es más progresiva y lenta, por ejemplo en una patología osteoarticular, obesidad”.

Muchas veces hemos oído hablar a nuestros mayores de que las piernas no responden como la cabeza y viceversa. Para Olaya el  deterioro de la movilidad es un aspecto en el que lo físico y lo mental van muy unidos porque “suele empezar con un deterioro físico, pero a medida que el paciente se encuentra más incapacitado para la deambulación y depende cada vez más de ayuda para ciertas actividades, comienza a producirse una apatía y depresión en su estado mental”. Para evitar esta situación lo mejor es llevar, y según esta profesional, “una dieta equilibrada, toma diaria de frutas y verduras, pescado y carne. Es más importante la continuidad en el ejercicio que la intensidad. Se recomienda iniciar el ejercicio dos o tres días a la semana, hasta llegar a cinco, el cual irá aumentando en dificultad”.

El entorno de la persona mayor juega un papel muy importante en su autonomía. ”La familia, o las personas que atienden al mayor, nunca deben sobreprotegerlo, sino sólo ayudarlo cuando sea necesario, nos dicen con rotundidad”. “Lo ideal, asegura Arsenio, es que continúen con su vida habitual en todo lo que puedan: ir a echar  la quiniela, dar un paseo, quedar con los amigos… Esto les permitirá sentirse bien física y psicológicamente.”

Las causas del inmovilismo son diversas. Desde las patologías múltiples, a la toma de determinados fármacos. Pueden presentarse problemas en el sistema respiratorio, cardiovascular, nervioso o en el sistema músculo-esquelético, que sería la causa más importante del síndrome de inmovilidad.En este caso, se produce una disminución de la masa y la fuerza muscular, lo que origina un descenso de la velocidad de contracción muscular, lo que conlleva una lentitud al caminar conocida como  “marcha senil”.

“En muchos casos el inmovilismo está producido por la osteoartrosis, la artritis, osteoporosis, fracturas de cadera y miembros inferiores”, asegura Ana Orellana. Pero también hay que tener en cuenta otras causas como las barreras arquitectónicas, la falta de apoyo social, que afortunadamente cada vez es menor, y la soledad”, añade.En muchos casos, tras una inmovilidad prolongada, se producen cambios en los diferentes órganos que requieren de una recuperación guiada por especialistas. “Todo esto se complica -nos dice la responsable del equipo de psicología Leticia Pérez del Tío- cuando al problema de la inmovilidad  se asocian síntomas depresivos producidos por el aislamiento y la dependencia que provoca el síndrome.

LOS EXPERTOS OPINAN

Eva María Martín

Aunque no existe un perfil epidemiológico concreto cuando se habla de síndrome de inmovilidad, “en general hablamos de personas de más de 65 años con alguna patología de base que ha desencadenado esa situación, bien sea de tipo óseo, muscular, neurológico y/o demencia”, asegura Eva María Martín, fisioterapeuta en BALLESOL San Carlos, Málaga. Los años de experiencia la han servido para conocer mejor a los pacientes y así mismo. Comparte la opinión de que las posibilidades de recuperación es lo que más preocupa a una persona mayor que tiene algún problema de inmovilidad, aunque “personalmente me preocupa la capacidad de colaboración del paciente, así como las posibles complicaciones que le puedan surgir y que le interrumpan temporalmente el tratamiento”.

Aunque cada caso que llega a esta fisioterapeuta de BALLESOL es distinto, el deterioro de la movilidad puede ser más mental o físico. Dependiendo de la patología que la ocasione “puede deberse más a un aspecto físico, como una fractura, o a un aspecto mental, como una depresión”, opina Eva María, que argumenta que “el pensamiento positivo hace que la mejora tanto física como mental sea favorable y prometedora”.
En toda recuperación, hay aspectos que pueden variar, pero en la mayoría, la familia se convierte en un elemento fundamental para una evolución correcta, aunque sin olvidarnos “que lo ideal es que los mayores puedan desempeñar de forma autónoma durante el mayor tiempo posible las AVD(Actividades de la vida diaria),seguir una alimentación correcta,realizar ejercicio de tipo físico y cognitivo, y siempre pensar en positivo”, concluye Eva María.

Entonces es necesario el trabajo, no solo de recuperación funcional llevado a cabo por los fisioterapeutas, sino la psicoterapia para mejorar el estado de ánimo”. Los mayores problemas se dan cuando el paciente está encamado.  “En este caso la situación puede agravarse por  enfermedades agudas. Nosotros, cuando hay una causa que obliga al paciente a permanecer encamado, lo tomamos como un paciente de riesgo a desarrollar el síndrome de inmovilidad.

Por ello, es muy importante realizar ejercicios de movilización activa en la cama, y en cuanto sea posible hacer la transferencia al sillón donde se aumentará progresivamente el tiempo de reposo. Nuestra mayor prioridad es que el tiempo  encamado sea el mínimo posible para evitar complicaciones”. “Aunque sea un esfuerzo para ellos, la persona mayor debe seguir moviéndose, es preciso adaptar las  diversas técnicas a la persona, pero es importante que de una manera lúdica y relajada, mantengamos la movilidad”,  afirman los fisioterapeutas. “

Los mayores que han hecho ejercicio durante toda su vida envejecen mejor y presentan menor incapacidad funcional

Todos los centros residenciales de BALLESOL cuentan con gimnasios y personal especializado para atender todos estos problemas. “En todos los casos la mejor forma de prevenir este síndrome es mantener un óptimo grado de movilidad”, afirman. El ejercicio y la actividad física en general, son los principales factores de prevención. El ejercicio físico debe ser moderado y adecuado a cada persona, los beneficios del ejercicio, no disminuyen con la edad. El ejercicio produce un aumento de la capacidad cardiovascular, de la musculatura y de la densidad ósea, además de disminuir la ansiedad y los síntomas depresivos y favorecer la socialización. “Es importante -aseguran nuestros especialistas- estimular a las personas a mantenerse activas, participando en todas las actividades de la vida cotidiana que puedan.” También recomiendan llevar una alimentación sana, pues la persona con poca movilidad  suele descuidar su dieta y tiende a no comer bien, sobre todo si está solo.” “Los mayores que han hecho ejercicio durante toda su vida envejecen mejor y presentan menor incapacidad funcional. Es necesario estimular a los mayores para mantenerse activos. La sobreprotección sólo acelera el proceso de dependencia” asegura Arsenio Granja. Otro problema habitual, según nuestra psicóloga, es el síndrome postcaída, es decir, el miedo a una nueva caída tras haber tenido un accidente. “El miedo a volverse a caer hace que la recuperación sea más lenta. Es frecuente que tengamos que ayudarles a superar  momentos de crisis, a relacionarse de nuevo con su entorno, a que no se aíslen y mantengan su actividad cotidiana”. Arsenio, Ana y Leticia, apuestan por tanto,por un envejecimiento activo y saludable en BALLESOL.