LOLA SOLER BRULL

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30 años del Grupo Ballesol

Merece este cuadro de honor por derecho propio. Porque hace ahora 30 años, el 16 de marzo, Doña Lola Soler Brull, ponía en pie un nuevo concepto de residencias de la Tercera Edad. Ponía en pie el concepto Ballesol, un tipo de residencia activa, participativa, de convivencia, de familia con todo tipo de atención sanitaria. Hoy preside todo el grupo: 46 centros, 7.000 plazas, más de 3.000 trabajadores…

Y me van a permitir que empiece como si fuera un cuento. Pero les aseguro que no lo es…

Era una niña que trataba al mundo de tú. Tenía la sonrisa en los ojos y la mirada blanca. Una niña feliz que crecía siendo una muñeca más de su colección. Querida, feliz, pero no consentida. Ya sabía la lección permanente :
-Hay que compartir…!
Y compartía. Muchas veces se quedaba sentada en el banco de la entrada porque sus patines los tenía Conchi. O tenía que esperar a que sus primas dieran las tres vueltas con la bicicleta que marcaba los kilómetros y que tenía una red amarilla en las ruedas para que no se enganchara la falda…

Allí estaba, sentada en su banco,  cuando pasó un grupo de gitanos.  Y una gitanilla se le acercó para ver cómo eran los lazos de su vestido…
-¿Puedo tocarlos?
-Claro!
-¡Son de la misma tela!
– Sí.
-Qué bonito…!
-¿Te gusta?
-Mucho
-También a mí me gusta el tuyo… –le dijo
-Está viejo. Era de mi hermana.
-Si quieres te lo cambio. Tú te pones éste y yo me pongo el tuyo.
-No lo dirás en serio
Y la niña de la sonrisa en los ojos y la mirada blanca se quitó el vestido de lazos.
La gitanilla se desenfundó la ligera bata por la cabeza.
-Toma
Se vistieron cada una de la otra.

Al llegar a casa hubo voces. Pero era  imposible explicarle a una madre , aunque fuera madre, ese montón de sentimientos y la mirada incrédula y feliz de la gitanilla.

Otro día la niña que trataba al mundo de tú se encontró con el mismo grupo. Había una guitarra y tocaban las palmas. Y su amiga del vestido bailaba… Le hizo señas. Hablaron. Se instalaron delante del almacén que el padre de la niña de mirada blanca tenía a pie de calle.
Se unió al grupo y bailaron todos. Todo el almacén  disfrutaba con el baile de los gitanos y de su niña. Poco podían imaginar que aquel baile no era improvisado y que  cumplían lo pactado:
-Bailamos aquí delante. Cuando todos estén mirando, tus hermanos entran por la puerta de atrás y cogen todo lo que necesiten.

La niña de la sonrisa en los ojos  había planeado el robo caritativo en el almacén de su propio padre…

Son sólo dos detalles que pueden dar idea de la personalidad de  nuestra protagonista. Porque aquella niña era Lola, una niña nacida en la calle Salamanca, de Valencia. Allí estudió, allí creció con la complicidad y la admiración hacia su abuelo… Ésta es Doña Lola Soler.

Lola Soler.-. Tuve mucha suerte en la vida .Y creo que lo que más me ha marcado fue aquello que me decía mi abuelo: Lo más importante en la vida es ser valiente, porque cuando no lo eres te pones más fea y más torpe… Me río recordándolo. Pero aquella norma me valió siempre. Como el  ejemplo de mi padre y la enseñanza permanente de mi madre. Ella me enseñó que la voluntad y la honradez hay que llevarlas siempre como bandera. Más, mucho más, que la inteligencia.

A quien quiere trabajar en Ballesol yo no les pregunto si tiene muchos masters o muchas licenciaturas: a mí me interesa mucho mas saber si sabe dar un beso, si sabe sonreír, si sabe hacer una caricia. Lo pienso muchas veces: no es lo mismo dar un beso que tirarlo…”

Durante muchos números, esta revista se abría con un pensamiento de Lola como presidenta  de Grupo Ballesol. Y en todos sus comentarios latía una profunda preocupación por los demás desde una respectiva sumamente vitalista. ¿Cómo se consigue ese vitalismo? ¿Cómo se pueden contagiar las ganas de vivir?

Creo que se contagia con la verdad. Siendo tú feliz, irradias esa felicidad. Quien no ama la vida no puede convencer al de al lado de las cosas positivas de la vida. Las personas vitales y felices contagian vitalidad. Tiene que gustarte la vida, tienes que tener siempre un proyecto, algo que hacer. Quizá es que lo importante no es pedir cosas inalcanzables, sino solamente cosas factibles, cosas posibles, cosas que puedas conseguir. Y creo que un aspecto importantísimo es gustarte mucho. Pero no por vanidad, sino por todo lo contrario. Por autoestima. Miras alrededor y ves que todos quieren ser distintos de cómo son. No se gustan. Y ése es un problema que genera infelicidad . Yo no me cambiaría nada. Pero nada: ni la edad .

Soy un anciano y estoy en una residencia, ¿cómo me puede infundir un poco de optimismo?

Para contagiar a alguien de cualquier cosa, tienes tú que rebosar de esa cosa. Los mayores saben esto perfectamente. Lo primero que tienes que lograr es que te quieran. Y eso exige tiempo, exige mucha dedicación. Que vean que tú, en efecto, les quieres , que no es una pose. Y entonces eres capaz de transmitirle todo. Yo he visto cambios espectaculares. Es verdad que el mayor se niega a que entres en su parcela íntima; pero si le dedicas tiempo, se entrega, se fía y entonces, todo se puede contagiar…

Decía en uno de sus artículos apoyándose en Benjamín Franklin que es inútil buscar el tiempo perdido porque no hay quien lo encuentre. ¿Cree que cuando se es mayor  hay siempre una mirada hacia ese tiempo que ha desaparecido?

Sí. Y es natural: la gente mira hacia atrás. Tienes que cambiar esa idea de estar siempre en el pasado. Por eso lo importante es crear una ilusión. Creo que la gente envejece no por la enfermedad, ni por los años: la gente envejece porque pierde el interés… lo importante es tener siempre una nueva ilusión.

¿Se tiende siempre a mirar hacia atrás?

Sí, normalmente se mira hacia atrás. Sin embargo, hay gente que tiene proyecto, que tiene ilusión. Yo creo que damos muy poca importancia al mayor. No nos solemos dar cuenta, o el gran público no suele ser consciente, de que el mayor es una historia vivida, es una biografía entera, que es importante por sí mismo.

Pero, ¿cómo se puede generar una mirada de proyecto en alguien que mira siempre hacia atrás?

Hay quien tiene siempre una mirada negativa. Pero no es por ser mayor, sino por ser negativa. La gente envejece según ha vivido. El feliz, envejece feliz. Hasta dentro de la enfermedad, se sigue manifestando como era. Hay gente que muere sonriendo porque vivió sonriendo. Y recuerdo el primer ingresado en Ballesol. Se llamaba Avelino . Hace ya 30 años. Tenía Alzheimer y, pese a sus padecimientos te puedo asegurar que siempre estaba de buen talente. Feliz, pese a sus padecimientos .

¿Cuántos años alrededor de la tercera edad?

Yo diría que todos. Desde siempre me han gustado las personas mayores. Siempre me llevé bien con ellos. Creo que tienen siempre una historia larga y fecunda. Tienen siempre mucho que enseñarte…

¿Cuál ha sido la mayor enseñanza que le ha dado el trato con la tercera edad?

Me ha enseñado a valorar la vida. Quizá hay gente que tiene la vida vacía con ocupaciones sin mayor interés. Pero cuando ves envejecer con dignidad a gente que ha hecho de todo, que han sido importantísimos en su ámbito, en su profesión, y luego llega su lógica decadencia, ves que hay que valorar sus cosas. Y aprendes, por ejemplo, una lección magistral: a ser feliz por dar importancia a lo que tienes. Y esto te lo enseña la tercera edad. Lo de menos son las arrugas. Las únicas arrugas que me dan pena son las que se pueden tener en el cerebro o en el corazón. Las de fuera –y yo tengo muchas– no tienen la mas mínima importancia.
¿Ha visto en la tercera edad miradas pesimistas?
Muchas. Quizá demasiadas. Pero la persona que tiene amigos, hijos, alguien que le quiere, mira de otra forma. El mayor tiene libertad de mostrarse. Y cuando se le acerca alguien a quien quiere mira de otra forma.

¿Ha constatado que la soledad es el mayor padecimiento de los mayores?

Sí. Y por eso defiendo y defenderé siempre las residencias. Cuando  unos hijos traen a sus padres no es porque no los quieran, sino por todo lo contrario. La residencia no es un aparcamiento de ancianos. A los ancianos hay que cuidarlos, hay que atenderlos, pero sabiendo cómo. No basta la voluntad. La residencia es algo activo, no es un sitio donde dejarlos. Eso ya paso a la historia. La residencia de hoy es algo activo, de convivencia, de trato. Y estas residencias han acabado con la soledad. Hay actividad, hay música, biblioteca y actos que sirven para despertar tertulias, diálogos, y trato de unos con otros. Mira, es difícil y es fácil. Todo depende la voluntad. Y quien trabaja con nosotros lo sabe. A quien quiere trabajar en Ballesol yo no le pregunto si tiene muchos masters o muchas licenciaturas: a mí me interesa mucho más si sabe dar un beso, si sabe sonreír, si sabe hacer una caricia. Lo pienso muchas veces: no es lo mismo dar un beso que tirarlo…

Por cierto, ¿ha visto diferencias grandes entre el envejecimiento de la mujer y el del varón? ¿Envejecemos de distinta forma?

Posiblemente, sí. La mujer decide más, decide mejor. Ella va a una residencia porque es ella la que lo determina por generosidad hacia sus hijos. La mujer está más acostumbrada a vivir sola y a procurarse sola la vida. El varón sin embargo viene después de una etapa de soledad, y entonces se encuentra de pronto más servido.

Vamos a ponernos dentro de muchos, muchos años. ¿Dónde pasaría los últimos?

En Ballesol , evidentemente.

Pero no tendrá una Lola Soler que la cuide…

Por suerte para mí, tendré muchas Lolas. Porque tengo un equipo que lleva 30 años conmigo. El mejor potencial de Ballesol, hay que decirlo bien alto, es el equipo humano. El 16 de marzo hará 30 años. Y desde el primer momento nos propusimos esa meta: hacerlo siempre con cariño, con amor, con profesionalidad. Y eso ha creado una escuela que es lo mejor que tenemos. La vida de las personas es como la subida a una montaña. Subes, subes, te vas cansando… pierdes fuerza física; pero eso te sirve para darte cuenta de que tienes que ir cediendo, que tienes que ir dejando cosas, dando paso a los que vienen. Aferrarse me parece que es una falta de inteligencia; no hay nadie imprescindible…

¿A qué se teme cuando se es mayor?

A perder la ilusión. Siempre hay que tener ilusión para hacer algo nuevo. La vida es demasiado corta para todo lo que tenemos que hacer. No se puede perder tiempo; siempre podemos estar con los amigos, con la gente que es lo que verdaderamente vale la pena.

¿El dolor ocupa mucho espacio en los que viven la tercera edad?

Depende. En esto no hay una ley. Hay quien se regocija en el dolor y se siente víctima, y hay gente con dolor que no lo manifiesta para que los demás no sufran. Pero el dolor no es una característica del envejecimiento. Los hay con dolor, pero no siempre.

¿Cómo se ve la familia desde el interno en una residencia?

Muy bien. Igual o mejor que antes de ingresar. Una persona mayor que necesita cuidados lo llevan a una residencia porque en casa está peor. No interfiere en la relación ni la estropea: al contrario. Mira, hay veces que un residente sale, va a su domicilio de siempre, allí, donde están sus hijos, y cuando vuelve a la residencia, a su habitación comenta: “Ya estoy otra vez en MI casa “. Eso de tener un timbre donde llamar si necesita cualquier cosa, una enfermera, un médico, le da una enorme tranquilidad a él y a la familia; una seguridad que no tiene en un piso.

Cómo ha cambiado el concepto de residencia en los últimos años?

Mucho. Y por eso también ha cambiado el concepto de relación con la familia. Ya no es, como decíamos antes, un aparcamiento de ancianos. Eso ha cambiado sustancialmente. Bien es verdad que en Ballesol no hemos conocido eso, porque ya desde el principio nos situamos en un concepto de residencia como el actual. Nosotros hacemos ahora lo mismo que hace 30 años. Y nuestra idea de residencia sigue siendo la misma: atención, cuidados, esmero, cariño. Pongo un ejemplo: tenemos un equipo multidisciplinar que dedica su tiempo a enseñar a todo el personal que tiene trato con los residentes. Va de un centro a otro con el objeto de conseguir que todos los Ballesoles tengan la misma filosofía. Eso sí, aprendemos de nuestros propios errores.

¿Y en ese cambio de concepto ha tenido mucho que ver Ballesol?

Sinceramente, creo que sí. Creo que somos un referente; ¡porque nos han copiado en muchas cosas! ¡Incluso en el mobiliario! Nosotros nacimos con un concepto distinto que afortunadamente, y por lo que estamos viendo, ha sido el acertado. Ha evolucionado el concepto y de ser una residencia-aparcamiento de ancianos, se ha pasado  a ser centros donde se convive y se trabaja con el mayor, donde el mayor no se limita a estar , sino que vive  y convive .

ALGO MAS PERSONAL

¿Qué le inquieta de la vida?

Todo. Todo lo que sea vivir. Algunas cosas me las tengo que quitar de la cabeza, porque serían impropias. Pero siempre fui inquieta y con  muchas curiosidades. La monotonía me espanta. Yo creo que cuando no me sorprenda es que estoy muerta.Quizá es que soy poco inteligente. Los inteligentes se complican la vida con muchas preguntas y muchas inquietudes. Yo soy más simple. ¿Para qué plantearme cosas que no tienen solución? ¿Para qué inquietarme? Yo creo en cosas cercanas, en cosas de nosotros, en el amor, en la amistad, en la generosidad…

¿Cómo ve el paso de los años?

Puede que parezca raro; pero como no cambiaría nada de mi vida, lo veo como algo bonito. Me veo ahora diferente, claro, ya no puedo llevar minifalda por ejemplo, pero llevo otras cosas. Cada tiempo tiene su aliciente. Es un cambio, pero no para peor. Es más, me veo ahora mejor que cuando tenía 20 años. Yo he tenido y tengo mucha suerte. Las arrugas no me afectan. Las tengo y es señal de que he vivido. El problema es querer lo que no puedes conseguir. Y eso está muy generalizado. Lo ideal seria no aspirar a lo que es inalcanzable; acomodarte a lo que puedes conseguir.

¿Teme a la muerte o es de las que dice que cuando ella llegue tú ya no estás o cuando tú estás ella no?

No, no temo la muerte. Temo al sufrimiento, al padecimiento, al dolor.  Y a no saber cómo voy a reaccionar. Dar la lata a los míos, es lo que me preocupa. Pero la muerte, como tal, no. La tengo asumida, muy asumida. No me gusta nada, que conste; pero la tengo asumida. Me da miedo perder la cabeza; pero no por mí, sino por los demás, por mi entorno.

Palabras pequeñas para conceptos grandes: ¿cómo definiría el amor

Es lo más grande de este  mundo. El amor de todo, por todo, por tu pareja, por la vida, por los amigos, por todo. El amor es generosidad. La sublimación de la generosidad. La gente que está enamorada es más buena. Y además es más feliz.

¿Y la felicidad?

Ese es un don escaso, quizá porque nos solemos empeñar en buscarla en donde no existe. Si en vez de aspirar a cosas inalcanzables te adaptas y racionalizas, extraes lo más positivo. Eso es la felicidad, al margen de grandes aspiraciones.

Por cierto, ¿a qué aspira?

Ahora, a no molestar a nadie. A que mi marido me siga queriendo, a que mis hijos y nietos me sigan queriendo, a querer y a que me quieran los míos y a morirme yo antes que mi marido.

¿Tiene algún sueño incumplido?

Muchos, muchísimos. Pero tengo tiempo para cumplirlos. Los sueños, son sueños y si no perjudican a nadie es bueno tenerlos. Soñar siempre es positivo. No hay nada más maravilloso que soñar. Cuando era pequeña, hacíamos en el colegio algunas obras de teatro, que en vez de ser de autores importantes eran obras que nos inventábamos nosotras. Y entonces robaba tiempo a mi propio sueño para organizarlo bien. Me levantaba y me echaba agua en la cara para espantar el sueño y poder seguir inventando historias… Sueño con tener mucho tiempo para disfrutar con mis hijos, con mis nietos, con mis amigos.

Qué echa de menos?

Nada.

¿Y se puede compaginar ser presidenta de Ballesol, ser madre, ser abuela?

Perfectamente. Se puede, y en mi caso, porque he tenido mucha suerte. Tengo un hijo al que le gusta Ballesol más que a mí y que empezó en la empresa hace más de 20 años con una trayectoria  ejecutiva muy larga y exitosa y es quien desde hace tiempo lo dirige, por cierto, muy bien. Y un marido que desde los comienzos estuvo a mi lado con su apoyo permanente. Por tanto, yo tengo el papel bonito, el lucido; pero de verdad, es el menos importante. Insisto: tuve mucha suerte por todo lo que me ha rodeado. El mejor potencial de Ballesol es el grupo humano que tenemos. Ése es el verdadero tesoro. Soy consciente de que he recibido mucho más de lo que he dado.

¿Pero se puede compaginar vida laboral y familiar?

Se puede. Se debe. Hay una cosa que hemos olvidado y que se llama ORDEN. Quizá no he podido ir a peluquerías, o ver telenovelas, pero no he parado nunca. Además, los hijos saben perfectamente el tiempo que les dedicas. Ellos también quieren tener una madre que trabaje y no una madre plasta. Es importante dar calidad al tiempo que les dedicas, mucho más que darles cantidad. No es cuestión de verlos crecer, como se dice ahora. Ellos no son una planta. Que crezcan contigo. Pero activos. Y así, de paso, nos damos cuenta de que muchas veces las madres somos muy absorbentes..

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Ramón Sánchez-Ocaña
Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) entró en Televisión Española en 1971 y presentó el telediario durante años, pero se hizo famoso con el espacio 'Más vale prevenir'. Después continuó su labor divulgativa en Telecinco, Canal Sur y Punto Radio, entre otros medios, y ha escrito varios libros sobre alimentación, sida y cirugía estética, entre otros temas.