LOS JÓVENES 95 AÑOS DE GERARDO FERNÁNDEZ ALBOR

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Cuando hablamos de desarrollo, debemos poner en primer lugar del mismo a la dignidad de la persona y su libertad

Es un siglo puesto de pie. No por edad, que la lleva espléndidamente, si no por experiencia, por sus muchos saberes y, sobre todo, por haber sabido llenar sus años de hechos positivos. Acaba de cumplir sus primeros 95 y tiene la sonrisa siempre dispuesta que aúna con eso que, según dice van dando los años. Serenidad.

Poca gente sabe que en el Parlamento Alemán figura su retrato como uno de sus hombres más ilustres. Y es que cuando dejó la política nacional, el Dr. Fernández Albor, como europarlamentario, presidió la comisión para la reunificación alemana… Es quizá uno de los hechos de los que más orgulloso se siente.

Lo primero que llama la atención es su vitalidad a sus recién cumplidos 95. Acude todos los días a su despacho. ¿Cuál es su fórmula para semejante nivel de actividad?

“La fórmula que empleo yo es tener ilusiones, tratar de no enfadarse nunca, trabajar, ser prudente y moderado en todo, servicial y un cierto sentido del humor”.

Desde luego la fórmula no es despreciable. Aunque es de suponer que no debe ser fácil llevarla a cabo. Sin duda debe partir de un carácter peculiar, que permita que la prudencia y la moderación presida toda su actitud.

Gerardo Fernández Albor nació en 1917, en Santiago de Compostela. Es el segundo de cinco hermanos y ya desde muy joven llama la atención su inquietud cultural y política. “Si es que con catorce años leíamos a Azaña, a Gil Robles, a Prieto…” comenta. Pero pronto se decantan sus dos grandes vocaciones: la medicina y la política.

Las dos me interesaron desde pequeño, esa es la verdad. Sentí desde muy joven, 14 ó 15 años, la voluntad política, pero triunfó el amor a la medicina, que también es política en gran escala. Actué en política en las elecciones al Parlamento Gallego en 1981, y tuve que dejar la medicina al ser nombrado Presidente de la Xunta de Galicia.

«En la política si sintiésemos todos más poesía, amor y libertad, irían las cosas mucho mejor»

Y como comentó sonriendo en alguna ocasión, en aquella época de los grandes nombres de la medicina en Galicia, un joven que quisiera tener proyección solo podía ser o canónigo o médico. Y se decidió por la medicina. Estudia en la Facultad de Santiago pero le sorprende la guerra en 1936 y tiene que abandonar la carrera.

Cuéntenos un poco de su experiencia vital. Estudia medicina, pero tiene que interrumpir los estudios por la guerra. Y se va a Alemania, se hace piloto militar. ¡Y llega a teniente!

«En efecto, fui enviado a Alemania para hacer el curso de Piloto de Aviación con un grupo de jóvenes, pero resultó que los alemanes pensaban que esto duraba su tiempo, y año y medio después, cuando regresamos con el título, mis compañeros continuaron en Aviación y yo proseguí mis estudios de medicina. No participé en misiones de guerra, porque afortunadamente la guerra terminó un par de meses después del regreso».

¿Qué le pareció al joven Fernández Albor la figura de Hitler?

«Uno de tantos criminales que toman el poder y retrasan la historia del progreso, la libertad y la dignidad de la persona. Fue una etapa dura esa de convivir con mucha gente que creía que Hitler nos estaba salvando del comunismo. Y era un profundo enemigo de la democracia. Viví su impresionante maquinaria de propaganda y, como es lógico, la victoria aliada fue un poco como la victoria de todos nosotros».

Viajó mucho y estudió en varios países. ¿Cuántos idiomas habla?

«En efecto, he viajado mucho en mi preparación médica y luego como diputado en el Parlamento Europeo. No puedo presumir de hablar bien ningún idioma, pero me defiendo en inglés, francés y hablé bastante bien el alemán en mi estancia de año y medio en Viena en el Allgemeines Krankenhaus, la 2ª Clínica Universitaria Quirúrgica del profesor Denk».

El 22 de enero de 1982 D. Gerardo Fernández Albor se convierte en el primer presidente de la Autonomía de Galicia. Le convencieron apelando a su responsabilidad moral para que encabezara las listas de Alianza Popular. No estaba muy convencido, de todos modos. Pero se lo comentó a su mujer y ella le dijo escuetamente: “es tu deber”. Y así fue. Fraga Iribarne en aquella campaña de “Galego coma ti” le llevó a la Presidencia. Según comenta constituyó, una experiencia muy enriquecedora.

Qué opina, D. Gerardo, de la encuesta que dice que el tercer problema de los españoles son los políticos. ¿En vez de ser la solución son el problema? ¿Eran mejores políticos “los de antes”?

«Los políticos de antes no creo que fueran mejores que los de ahora; lo que sucede es que en tiempos de crisis, como los actuales, los políticos reciben más críticas. Aunque la democracia, que es una flor muy delicada, debe ser mejorada siempre y en estos momentos es urgente que se haga. Yo suelo decir que solo hay dos clases de políticos: los buenos y los malos. De todos modos no se olvide de que entonces, y desde la transición, había ese sentido que los americanos cuando dicen “first country”, es decir, lo primero es el país, lo primero era hacer patria. Y ese espíritu de colaboración es el que quizá no exista ahora. Nosotros teníamos además un por qué añadido: que Galicia tuviera voz en España. Esa era la prioridad a la que todos los partidos se apuntaron. Se resume en una frase que repito continuamente: se puede estar en desacuerdo; pero dándose la mano».

¿Qué diferencias observa, desde su perspectiva, entre la política de la Transición y la de ahora?

«Lo que acabo de decir: que en la Transición había más espíritu de cooperación y pensamiento en el futuro, y ahora existe menos unión y más lucha por el poder».

Y se puede resumir su paso por la vida pública con una frase de Juan de Ávila que a D. Gerardo le gusta recordar: el servicio público, si se siente amor a la gente, es la máxima expresión que un hombre puede realizar.


“La elegancia del compromiso”

“La elegancia del compromiso” es la última biografía dedicada a D. Gerardo Fernández Albor. En opinión de sus autores –Enrique Beotas y Sergio Casquet– estamos ante “una figura esencial para comprender el último siglo de la historia de Galicia”. A sus 95 años, el que fuera primer Presidente de la Xunta de Galicia durante la democracia, nos conduce en primera persona entre testimonios y relatos por experiencias que hablan sobre el amor, la política o la medicina, pero también sobre el compromiso cristiano y la creencia llevada a la práctica de valores como la libertad y la convivencia sobre cualquier circunstancia.

“La elegancia del compromiso” es una sucesión de testimonios en forma de diccionario escogidos por D. Gerardo Fernández Albor y compartidos con el lector de una manera amena y natural para entender una vida que pasa por Galicia, sus nietos y por ese último período natural de la vida humana, la vejez, y que como el propio protagonista reconoce, aprecia “con más optimismo que nunca”, entre otros motivos, “porque el mundo ha mejorado y seguirá mejorando si formamos a los jóvenes para que alcancen la excelencia y se dediquen honestamente a la política. En eso estoy”.

El libro “La elegancia del compromiso” sólo está disponible a través de la Editorial Quindici Editores (91/535 77 10).


GALICIA

Conoce profúndamente Galicia y el espíritu gallego. ¿Puede definirlo? ¿Qué rasgos destacaría del gallego?

«Galicia, para mí, es la gran olvidada en la Historia de España desde la Gallaecia Romana hasta hoy. El gallego es un ser honesto, trabajador, hospitalario y muy inteligente. Es sentimental y duro, si es necesario. Lo describió el título de un libro de una escritora inglesa, “Grapes and granite” (Uvas y granito), quizá porque nunca había visto racimos de uvas sostenidos por troncos de piedra. Así son los gallegos, sentimentales y fuertes. Tenemos un carácter muy abierto, con un punto de individualista que tiene sus ventajas. Puede que alguien lo critique, pero a mí me parece estupendo eso que se dice de que el gallego hace su casa como le da la gana y en donde le da la gana… Y ante los que sostienen que no tenemos una gran ciudad les suelo responder con una frase de Castelao: nuestra gran ciudad es Galicia. Pero hace falta comunicarla… Y no se olvide de otro rasgo importante: somos gente de honor. Los tratos en las ferias se hacían con un apretón de manos. No hacía falta la firma del notario».

Y muy amante de su tierra…

«Sin duda. El gallego tiene un profundo cariño a su tierra, y es una expresión que se acentúa entre los más humildes o entre la gente del mar. Quizá porque el hombre de mar también es un hombre de libertad. Como decía Beaudelaire, “hombre libre, tu siempre amarás el mar”. Quizá también por ese espíritu tan abierto como decía al principio. Recuerdo la frase de Celso Emilio Ferreiro: “Galicia limita al norte con los vientos alisios y al sur con un barrio de Buenos Aires”».

No puedo dejar de citar algo que usted comenta, cuando en estos años le otorgan premios y distinciones, y es una viñeta de Castelao que dice: “O home que chegou a ilustrísimo señor por riguroso turno de antigüedade”.

«En efecto, comento esa frase de Castelao porque desde que cumplí 90 años recibo más homenajes y ese dibujo me lo recuerda siempre. Y además, te sirve como cura de humildad».

Y hay una anécdota que cuenta de su primer mitin, que les reciben en un pueblo, después de la comida con empanada y que, según Fraga, “tienes que comer, porque si no les parece mal”. Y alguna de beber vino…

«Es verdad. Lo de los mítines es agotador. Y así ocurrió: acabábamos de almorzar y en el pueblo siguiente nos tenían preparada una empanada y yo ya no podía más. Fue cuando Fraga me dijo por lo bajo, Gerardo tienes que comer, porque si no, les puede parecer mal. Y así tuvimos que seguir comiendo para que no se enfadasen nuestros paisanos. Y algo parecido me ocurrió en Ribadavia, en una feria del vino. Había que probar de las distintas marcas. Yo no suelo beber y llegó un momento en que no podía seguir probando vino sin algo sólido, así que me atreví a pedir un pedazo de pan y un poco de queso para no marearme… Comprenderá que anécdotas hay muchas».

EL PASO DE LOS AÑOS

Parece mentira que este hombre que desgrana sabiduría, que habla pausadamente con una sonrisa en los labios, tenga ahora 95 años.

¿Cuál es la mejor enseñanza que le ha proporcionado la vida, D. Gerardo?

«Que pasa tan rápidamente, que conviene ser bueno y aprovechar los momentos felices que ella nos proporciona».

¿Los años hacen a uno más tolerante o más intransigente?

«Los años nos hacen muchísimo más tolerantes, al menos a mí».

Usted siempre ha sido hombre de paz y de consenso. Ahora, con la perspectiva de los años, ¿analiza la realidad con más sosiego?

«Yo siempre he sido, desde mi juventud, persona de paz y consenso. Ahora trato de que lo sean los jóvenes y que defiendan los principios de la civilización occidental».

¿Qué le parecen esos movimientos de los indignados?

«No me parece bien que no respeten las leyes. Estamos en democracia y en una democracia siempre pueden manifestarse y expresar sus ideas».

¿Cómo cambia la visión de la vida con los años?

«Con el tiempo, ese gran maestro de la vida, naturalmente vamos cambiando en muchas cosas, aunque yo recuerdo mucho aquello de John Lennon cuando decía: “La vida es algo que pasa contigo, cuando estás ocupado en hacer otros planes”».

EL AMOR, LA FAMILIA

Normalmente a los personajes públicos no se les pregunta por sus ideas sobre cuestiones de todos los días. Por ejemplo, D. Gerardo, ¿qué es, qué ha sido la familia en su vida?

«Sí, nos preguntan por nuestras ideas muchas veces. ¿Y qué es la familia en mi vida? Lo es todo, mi mujer, mis hijos, mis nietos y mis bisnietos. Lo más grande que hice y de lo que más orgulloso me siento. Y en Política también es fundamental su defensa».

¿Cree que sigue siendo la base de la convivencia?

«Desde luego, uno recuerda mucho, al defender a las familias que el revolucionario Saint-Just (del grupo parlamentario de la Montaña de Robespierre), antes de ser también guillotinado, decía: “La libertad del pueblo está en su vida privada. No la turbéis”».

¿Y el amor? Porque parece que el ajetreo vital nos hace olvidar que es uno de los motores de nuestra existencia.

«Fundamental en la vida. Dios es Amor, dijo San Juan, y en la política si sintiésemos todos más poesía, amor y libertad irían las cosas mucho mejor».

¿Le da alguna importancia especial al dinero?

«Muy poca, porque necesito muy poco, afortunadamente tengo un hijo que se preocupa de mis intereses, mejor, de los de mi familia. Yo soy feliz con vivir».

¿Hemos hecho o estamos haciendo un mundo excesivamente materialista en detrimento de otras opciones?

«Algunos quieren hacer ese mundo materialista, pero otros muchos queremos un mundo lleno de paz, amor y libertad, como quiere Benedicto XVI».

¿No cree que cuando se habla de desarrollo parece que sólo nos referimos al económico y que estamos olvidando el desarrollo personal, educacional, espiritual?

«Repito muchas veces que, cuando hablamos de desarrollo, debemos poner en primer lugar del mismo a la dignidad de la persona y su libertad, y no olvidemos tener fe y esperanza porque los tiempos siempre serán mejores».

Son 95 años de experiencia, de sabiduría, de sosiego, de paz. Hablar con el doctor Fernández Albor, que es como le gusta que le llamen, es un privilegio. Y una oportunidad para darse cuenta de algo que el dice en estas páginas. Sólo hay dos clases de políticos, los malos y los buenos. Muchas gracias D. Gerardo por sus palabras y su tiempo. Nuestros lectores se lo agradecerán.


  •  Presidencia nacional del Partido Popular, heredero de Alianza Popular. En 1989, tras dejar la presidencia del PP, eurodiputado en el Parlamento de Europa. En su primera etapa presidió la Comisión creada para la reunificación de Alemania. Este logro le supuso el reconocimiento del que se siente más orgulloso: el presidente del Parlamento colgó su retrato en la Galería de Ilustres de la política alemana .
  •  Presidente de la Fundación La Rosaleda.
  •  Presidente de Honor del Foro de Pensamiento y Opinión Galicia Milenio.
  •  Miembro de Honor de la Asociación Española de Endoscopia Digestiva.
  •  Miembro del Consejo Consultivo de Galicia.
  •  Presidente de Honor del Intergrupo Camino de Santiago, en el Parlamento Europeo.
  •  Presidente de Honor del Partido Popular de Galicia.
  •  Medalla de Oro de Santiago de Compostela.Hijo predilecto de la ciudad.
  •  En el año 2009 recibe la máxima distinción de su comunidad, la medalla de Oro de Galicia.
  •  El Correo Gallego le nombra “Gallego del Año”.
  •  Gran Cruz de Isabel la Católica.
  •  Medalla de Oro del Senado de España.
  •  Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo.
  •  Gran Cruz del Mérito con Estrella de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania.
  •  Medalla de Oro al Mérito Europeo.
  •  Medalla Robert Schuman.
  •  Gran Cruz de la Orden Bernardo O’Higgins de Chile.
  •  Gran Cruz del Libertador San Martín de Argentina.
  •  Gran Cruz de la Orden Diego de Losada de Venezuela.
  •  Medalla de Oro, de todos los centros gallegos del mundo (por su labor con la emigración gallega).
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Ramón Sánchez-Ocaña
Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) entró en Televisión Española en 1971 y presentó el telediario durante años, pero se hizo famoso con el espacio 'Más vale prevenir'. Después continuó su labor divulgativa en Telecinco, Canal Sur y Punto Radio, entre otros medios, y ha escrito varios libros sobre alimentación, sida y cirugía estética, entre otros temas.