Nati Mistral

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Nati Mistral pasea la historia de España de los últimos años con la elegancia de dominar el escenario. Respira por todos sus poros el teatro y la música. Y con una memoria prodigiosa nos recita cuando viene a cuento, un poema de Lope o los versos sibilantes de un poeta… Empieza bajito como un susurro, y poco a poco va levantando la voz, y masticando las sílabas como ella sabe hacer. Mastica las palabras para subrayarlas. Y quizá para decirnos que los cómicos como ella no tienen nada suyo. Que hasta sus palabras son prestadas…

Magnífico conversador, se interesa siempre por la opinión de los demás.
Pero tú realmente te llamas Natividad Macho…

«Sí, Nati Macho. Pero imagínate la situación en aquella época con aquel apellido. Que me decían: ¿Cómo te llamas, nena? Nati Macho… y la respuesta era casi siempre “Macho cao” o “macho gracia”. Así que decidimos que había que buscar un “apellido” más sonoro. Y la primera idea fue la de Nati Madrid, ponerme el apellido de mi ciudad, como había hecho Carmen Sevilla; pero a mi madre no le convencía… Por entonces le concedieron el Premio Nobel de literatura a Gabriela Mistral. Y a ella se le ocurrió: Serás Nati Mistral. Y desde entonces, soy Nati Mistral (Lo curioso es que Gabriela, la poeta, tampoco se apellidaba Mistral, sino Godoy, y le dieron el Nobel en 1945)».

¡Una niña! ¡Y tan fea…!

Con Nati se puede estar horas entretejiendo recuerdos, y opiniones. Es un archivo viviente y con su gracia y su memoria, es como disponer de una enciclopedia de curiosidades y ocurrencias.

Así que lo primero que recuerda -o que le dijeron que recordara-es que su padre al verla solo dijo: ¡Una niña! ¡Y tan fea…!

«Bueno, tiene todo una explicación. Mi madre no acababa de ponerse de parto y se pasó toda la noche de un sitio para otro. Mi padre por la mañana, simplemente le comentó: ¡Vaya noche toledana que me has dado…! Así que mi madre se fue a la cocina y allí esperó y esperó. Porque entonces, se paría en casa, ¿sabes? Tardé en nacer, así que salí arrugada y negra… Tan fea que no es extraño que mi padre dijera aquel “piropo”».

¿Cómo fue tu primera vocación, tus primeros pasos? Por qué no empezarías a cantar y a bailar por las calles…

«No, claro; pero mis comienzos no tienen nada de extraordinario. Yo creo que como todas las españolas, me pasaba el día cantando y bailando como una idiota. Y, claro, a los mayores les hacía gracia. Así que, en cuanto había una reunión familiar, empezaban todos: ¡A ver, la Natita que baile y que cante! Así que para mi fue casi normal tararear lo que oía en la radio y bailar. Yo nací en 1928 así que con ocho años, sin tiempo a nada, nos pilla la guerra. Me habían comprado unas castañuelas y como no había otra cosa que hacer me pasaba el día tarareando, cantando y bailando…».

Pero tu padre no quería que fueras artista.

«No. En aquella época estaba muy mal visto ser bailarina. Fíjate que mi padre dijo que de artista nada, que no quería una puta en casa… ¡Imagínate! Pero mi madre compensaba, porque era una mujer muy lista. Así que en cuanto pudo, me llevó al conservatorio a estudiar música, declamación y canto».

Un día –niña aún- ve en Radio Madrid un anuncio que dice: “se necesitan chicas para cantar un fado portugués”.

«Y yo, fea como una mona, allí me presenté. No tenía mucha confianza, pero unos días después me llamaron a casa de una vecina, porque nosotros no teníamos teléfono para que me presentara en la emisora. Y allí fui. No le dijimos nada a mi padre. Se trataba de cantar una canción “Roupa Branca” para promocionar una película del mismo título».

Y Nati, que se acuerda todavía de la letra, nos la canta bajito.

«Lo curioso es que nos daban la traducción en español; pero yo tenía una tía que había pasado mucho tiempo en Portugal y le dije que me lo enseñara en ese idioma: así que cuando llegó la prueba definitiva, yo lo canté perfectamente en el idioma vecino. Así que gané… Nada menos que 1.500 pesetas. ¡De aquellas! Mi madre me dijo que qué quería y yo le dije con toda la ilusión del mundo: ¡Un abrigo de piel! Era el gran deseo de una niña de catorce años. Así que mi madre me compró un abrigo de mouton magnífico de Pekany La Dalia».

La “casi boda” con Toni Leblanc

Y llega el cine. Tenías 18 años cuando rodáis “Currito de la Cruz”, con Jorge Mistral y Toni Leblanc. Hubo algo con tu “tocayo de apellido”?

«¡Qué va!. Jorge era mayor para mí. En efecto, yo tenia 18 años y el andaría entonces por los 27 o 28. Yo de quien me enamoré perdidamente fue de Toni Leblanc, que era muy buen actor y realmente encantador… aunque para “afuera”. En la intimidad era muy celoso. Pero la verdad es que me gustaba a rabiar. Toni interpretaba magistralmente, aunque luego le dio por lo cómico, porque seguramente le proporcionaba más dinero».

Incluso hablasteis de boda

«Sí… Y Lola Flores y Manolo Caracol ya nos habían regalado la vajilla. Muy graciosa, con unas estampaciones preciosas: una flor, un caracol, una flor, un caracol…».

¿Y qué ocurrió?

«Pues mira: un día me fui a Macarrón, compré un lienzo y pinturas y empecé a pintar. Me instalé en casa mi pequeño estudio. Yo tenía clara la idea de que aquello se me podía dar bien. Por la tarde llegó Toni y me preguntó -¿Y eso? Es que voy a empezar a pintar. Y el dijo: no, me lo llevo a mi casa y así empiezo a pintar yo… ¡De ninguna manera!, le dije. Tú, todo el día en el Museo del Prado, lleno de copistas y ahora que empiezo yo, quieres llevarte lo mío… ¿No se te ocurrió antes? Y me negué en redondo. No se lo llevó. Luego fuimos al teatro Fuencarral a hacer la función, y como solíamos hacer todas las noches, al acabar nos íbamos a tomar algo. Pero Toni no fue. Id a avisarlo, dijimos. Pero nos dijeron que ya se había ido. Pensé que como habíamos discutido un poco, pues se había enfadado. Por cierto, déjame decirte que mi hermano iba a buscarme todas las noches y volvía con él a casa, no íbamos a casa de nadie. Era muy decentita. Y me preguntaron: ¿Y Toni no viene?. No sé, estamos un poco enfadados. Al día siguiente, no vino a buscarme. Nos vimos en el teatro, y nada más. Y al siguiente tampoco. Yo no moví un dedo. Él, tampoco. Yo soy así. Una historia tan tonta que no tiene explicación. Pero yo soy así. Y como siempre, pensé: Dios está poniendo algo en el camino, por algo lo pondrá. Y de Toni Leblanc ya no supe nada más…». (Debe aclararse la irritación de Nati por todo aquello. Toni Leblanc, realmente Antonio Fernández Sánchez, nació en el Museo del Prado, ya que su familia, al ser su padre conserje del Museo, vivía en la parte de atrás del recinto. Y durante algún tiempo el propio Toni trabajó como botones en nuestra pinacoteca; por eso no es de extrañar la indignación de Nati cuando él, que llevaba años y años entre pinturas y pintores no se le había pasado por la imaginación iniciarse con los pinceles… hasta que ella se decidió a hacerlo).

El cumpleaños de Picasso

Cuentan algunas crónicas que Picasso estaba encantado contigo…

«Bueno, hay que poner las cosas en su sitio. Picasso cumplía 80 años y un grupo de españoles fuimos a su casa a Valery a festejarlo con él. Estuvimos allí unos días: estaba Lucía Bosé y Luis Miguel, estaba Paco Rabal y Asunción, su mujer, estaba Antonio, el bailarín, estaba el maestro Moraleda… un grupo nutrido de españoles. Hicimos una fiesta puramente española como te puedes imaginar. Y estaba yo bailando con Antonio cuando se levantó de la mesa y le dijo a mi marido: “porque se ha casado contigo… sino, no te la llevabas…”

Picasso era un hombre encantador…Y le dije, Pablo, por qué no vuelves a España? Y me dijo señalando para un señor que yo no conocía: “Porque no me deja éste…”. ”Este” era Mr. Duclos, entonces jefe del Partido Comunista francés».

Por cierto que en aquella ocasión, Luis Miguel Dominguín le dijo a Picasso: ¿Sabes?, Nati Mistral te copia algunos cuadros…

«¡Y que copias, me dijo? Y yo le dije riéndome, que una jarra, una guitarra, una cara torcida. Realmente lo que yo encontraba mas fácil para ir aprendiendo. Y me dijo: ¿Y por qué copias esas porquerías?».

Le contaba chistes a Franco

Presumes no de ser de derechas, sino de derechísimas…

«Es que me tocó vivir unas escenas en la infancia que me vacunaron contra la izquierda. Veíamos cómo pasaban los camiones con milicianos que nos enseñaban a saludar puño en alto. Y oíamos los disparos de los fusilamientos desde mi propia casa. Horroroso. Por eso digo que no me avergüenzo. Soy de derechas, porque creo en Dios, amo la patria, respeto mi bandera… ¡Y me gusta el cocido!».

Y Franco, ¿se reía con tus chistes?

«Si, sí… Mira con ocasión de un cumpleaños de Cristóbal Martínez Bordiú fuimos unos cuantos invitados a la casa que su hermano José María tenía en el pantano de Entrepeñas. Yo llevaba la guitarra a todas partes, porque quisiera o no, a mi me hacían cantar. La guitarra siempre estaba conmigo. Y fueron a felicitar a Cristóbal, Franco y Dª Carmen. Recuerdo muy bien que le canté una folía, típicamente canaria, porque sabia que le gustaba mucho. Sabíamos que le divertían los chistes sobre él. Y le conté aquel del alcalde de pueblo que visita D. Francisco y el alcalde, con sus mejores galas le dice: D. Claudio, muy agradecidos por su visita. D. Claudio este es un pueblo que le quiere. Hasta que Franco le dice: ¿Y porqué me llama D. Claudio. Y le dice el alcalde: porque no tengo yo la confianza como para llamarle “claudillo”.

Y el otro del pastor que cargado de leña pasa junto a él y Franco le para y le pregunta que cómo le va la vida, que si trabaja mucho, que si la familia. El pastor le dice que todo va bien. Y Franco entonces saca un billete de 100 pesetas y se lo da diciendo: supongo que sabes quien soy yo”. Y el pastor contesta: ¡Claro! ¡El Cordobés”. Y es que por aquella fechas el torero repartía dinero entre los pobres…».

De Franco impresionaba la mirada, ¿verdad?

«Sí, porque te miraba fijamente. Pero yo creo que lo hacía para fijarse en tus labios mientras hablabas, porque yo tengo la idea de que era un poco sordo».

Quiero morirme

¿Qué te da esa envidiable vitalidad que tienes, Nati?

«Mira: lo que natura no da, Salamanca no presta. Soy así, tengo una actividad febril, soy muy activa, muy vital. Y agradezco muchísimo a Dios estar aquí. Todo en mi vida ha sido estupendo».

Pero dices que estás deseando morir…

«Mira: yo esta película ya le he visto. ¿Qué quieres que te diga? Yo pido morir. Ya tengo muchos años. Mira cuando le preguntaron a George Sanders por su epitafio dijo que pondría uno muy simple: “Adiós, idiotas”. Yo lo traduciría al argentino: “Adiós, pelotudos”. En serio: yo me querría morir, así , como estoy ahora. Pasar de golpe a la eternidad».

¿Y tu epitafio?

«Intentó ser justa”. Porque creo que ser justa es lo mas difícil. Puedes ser buena, generosa, lo que sea; pero justos, justos, solo los santos. Porque siempre tiendes a juzgar.

Y añade rotunda : “Que c… tengo que hacer ya en el mundo”».

¿Cómo cambia la vida con los años?

«Yo no creo que cambie. Te enriquece, que no es lo mismo. Se tiene desde que nace tu búsqueda particular. Mira Artur Kaps, con el que trabajé mucho tiempo, y que era judío, decía que Dios te pone una mesa con dones. Y que tu eliges. Así sabes dónde estas, y estás feliz».

¿Y de verdad no temes la muerte?

«No. La deseo. No estoy a gusto. He visto muchos horrores en mi infancia».

El día a día».

¿A qué dedicas tu tiempo, Nati?

«Duermo bastante, aunque me despierto muy temprano para oír a Federico Jiménez Losantos. Luego me levanto hacia las 9 y tengo mi primer quehacer que es dar de comer a mis gatos. Ahora tengo 6, ¡pero hace muy poco tenía 12! Compro pienso para ellos, y en el súper me regalan las pieles de pollo que el público no quiere. Y en la pescadería me guardan restos de pescado sin espinas, que comen muy bien.

Luego me arreglo y me voy. Depende de los días, y como tengo un billete de esos de tercera edad, cojo un autobús y me planto en Alcorcón. Un día voy a Brunete, otro voy a otro sitio. Voy a la estación y el primero que sale, lo cojo y ya está… A donde sea. Otras veces voy a La Moraleja a dar un paseo. Depende. Y por la tarde veo la televisión. La critico mucho, pero la veo. El problema es que me duele mucho la espalda porque tengo una hernia y estoy mejor tumbada».

Buscando definiciones

Lo has saboreado abundantemente. Por eso la pregunta: ¿qué es el éxito?

«Una trampa, una ficción. Te da mucha servidumbre. Ya lo decía Gregorio Marañón en un verso: ”El tedio de la gloria conseguida”».

Tienes una memoria prodigiosa y te conservas muy bien.

«La memoria la ejercito. Y me conservo bien, porque “no me desconservo”. Me cuido».

¿Y el amor?

«Otra falsedad. Yo creo que quien mejor lo ha dicho es Lope».

Y nos recita como para convencernos este soneto de Lope de Vega. Empieza bajito como susurrando, pero poco a poco se anima….

En alguna ocasión has dicho que los cómicos no tenéis nada vuestro.

«Nada. Tenemos épocas buenas, tenemos épocas malas. Pero nada tenemos en propiedad. ¡Si hasta las palabras que decimos son prestadas! Hace unos meses se planteó mi actuación en la iglesia de San Ginés. Me probé el vestido y no me cerraba. Y no me iba a hacer uno nuevo para una sola actuación, gastarme dos o tres mil euros en un vestido. Así que me dije: tienes que quitarte unos kilos de encima. Y así lo hice».

Pero tu no tienes problemas económicos.

«No Por ahora, no. Salvo que viva mucho».

¿Y cantas para tí? ¿Cantas en la ducha, por ejemplo?

«Canto mucho. Y a veces sin darme cuenta voy cantando por la calle. Cantando y tarareando, como cuando era niña. Y fíjate qué curioso: canto en alemán».

¿Lo hablas?

«No. Aprendí lo justo. Estuve tiempo en Alemania. Ten en cuenta que trabajé en la Compañía de Los Vienenes, de Arthur Kaps y Franz Johan. Aprendí las canciones y a pedir lo básico, pero nada más».

Y ahora, Nati, a estas alturas de la vida, te miras al espejo y, ¿qué le dices a Nati Mistral?

«¿Te lo digo en serio?».

Sí.

«Simplemente: ¡Nati, con dos c….! Nati has sido valiente toda tu vida, mandaste a la porra al primer novio, te casaste con un hombre extraordinario…».

Y bajito nos recita Adelfos, de Manuel Machado. ”Un gran poeta”, dice, pero como no era de izquierdas, ninguneado…”

Como antes, empieza en un susurro y acaba surgiendo esa voz potente que de pequeñita estudió declamación.

«¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido. Nati-mistral
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve… Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón…
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí…
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!».

Así, así es un poco de Nati Mistral, un carácter, una reina de la escena, una mujer que con su poncho va tarareando por la calle.

UNA DENSA BIOGRAFÍA

Nace en 1928 en Madrid. Estudia en el Real Conservatorio música, declamación y canto. Inicia su aprendizaje como alumna destacada en la Compañía oficial del Teatro Español. De la mano de Enrique Herreros, llega al cine en donde durante mas de 20 años rueda con las figuras mas importantes, películas como La Muralla feliz, Oro y marfil o Currito de la Cruz; convertida ya en gran estrella se pasas cinco años en Alemania con la compañía Los Vieneses, con giras por Paris y por el Norte de Europa.

Puede decirse que es la pionera de los grandes musicales, y en su curriculum están Te espero en Eslava, La Perrichola, María Reyes, La bella de Texas, la primera versión en español de El hombre de la Mancha, Madrid galante o Hwello, Dolly. Y, como no podía ser de otra forma, la zarzuela, con títulos como La Gran Vía, La Revoltosa, Agua, azucarillos y aguardiente, El Bateo o la ópera Bodas de sangre de J.J. Castro (Teatro Colón de Buenos Aires, 1979) o de El amor brujo de Falla, que graba en 1978 con Frubeck de Burgos y la Orquesta Filarmónica de Londres. Es ya primera actriz en Divinas palabras y, a partir de ahí, muchas otras obras entre las que destacan Fortunata y Jacinta de Galdós, Medea de Séneca en adaptación de Unamuno, La zapatera prodigiosa de Lorca, Anillos para una dama de Gala, La Malquerida de Jacinto Benavente, La casa de Bernarda Alba de Lorca, La Chunga de Mario Vargas Llosa, Los padres terribles de Jean Cocteau, Café cantante o Inés desabrochada de Antonio Gala. Siempre con espectáculos teatrales o musicales paseó su voz por toda Europa y gran parte de América, Japón, Israel, Filipinas, Egipto y España, claro, rincón a rincón. Acaba de estrenar Sin vivir en mi (poemas y canciones del alma).

El mundo ha ido reconociendo a esta madrileña, española y universal, con los más importantes honores y galardones: desde el Lazo de Isabel la Católica, hasta el Premio Nacional de Teatro, pasando por infinidad de reconocimientos internacionales.

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Ramón Sánchez-Ocaña
Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) entró en Televisión Española en 1971 y presentó el telediario durante años, pero se hizo famoso con el espacio 'Más vale prevenir'. Después continuó su labor divulgativa en Telecinco, Canal Sur y Punto Radio, entre otros medios, y ha escrito varios libros sobre alimentación, sida y cirugía estética, entre otros temas.