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Antes o después todos querremos recibir ese cariño

Estimados amigos,

Durante el pasado mes de julio, y como suelo hacer cada año, he dedicado una parte importante de los días a visitar nuestras residencias. En estas visitas se ven muchas cosas que probablemente los profesionales que viven el día a día de nuestros centros las consideran como algo habitual y que forma parte de su trabajo. Tengo que deciros que después de 20 años en BALLESOL y a pesar del gran número de centros que hemos abierto lo que he visto hace que me sienta orgulloso de todos los profesionales que compartimos este proyecto.

Es verdad que siempre puedes ver alguna cosa que no te gusta y que, en cierto modo, cuando realizas esas visitas siempre las haces con un espíritu crítico, pero, aún así, siempre me resulta difícil encontrar cosas que no estén bien hechas.

Cuando voy a las residencias siempre intento pensar en cómo me sentiría yo viviendo allí y en cuáles serán mis necesidades según vaya cumpliendo años (que voy teniendo algunos). Es muy probable que siga queriendo sentirme útil, realizar actividades, mantener una vida social. Cosas todas ellas que es más fácil encontrar en las residencias que en la propia casa y que a esas edades es difícil desarrollar uno sólo, y eso también me gusta. Pero, en mi opinión, lo que claramente necesita cualquier ser humano a lo largo de toda su vida, y con más intensidad cuanto más dependiente sea, son dos cosas: sentirse querido y sentirse cuidado.

No hay que olvidar que antes o después todos querremos recibir ese cariño y esos cuidados que hoy estamos dando.

De estas visitas que realicé encontré, como es lógico, algunos defectos. No es fácil en centros que tienen la actividad tan frenética como la que nosotros desarrollamos no encontrar pequeños detalles que te gustaría mejorar. Pero al levantar la vista, siempre veías la sonrisa de un residente al que cualquiera de nuestros profesionales estaba ayudando en cualquiera de las tareas cotidianas que realizamos. La dedicación, cariño, respeto y comprensión con la que nuestro personal trata a los residentes hace que los pequeños defectos se hagan imperceptibles.

Después de cada visita el que tenía la sonrisa en la cara también era yo porque en cada centro veía plasmado el resultado del esfuerzo que realizamos cada día para el bienestar de los mayores y sus familias. Toda esta reflexión solo me puede llevar a una conclusión: hay que seguir luchando para mejorar.

Pues bien, esto es BALLESOL y esto es lo que debería seguir siendo siempre, porque en definitiva nos dedicamos a esto desde hace más de 30 años y no hay que olvidar que antes o después todos querremos recibir ese cariño y esos cuidados que hoy estamos dando. Un fuerte abrazo.


IGNACIO VIVAS SOLER

CONSEJERO DELEGADO DE GRUPO BALLESOL