COLORES

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Soy un apasionado de los colores. Los antiguos decían que eran los “hijos de la luz”. Es pasmosa la capacidad que tenemos de percibirlos. Según los expertos podemos captar dos millones de matices. ¿Cuál es su color preferido? El mío es el contraste del blanco con el azul, como en los pueblos mediterráneos. Mar, cielo y caseríos.  O el blanco y el verde, como en el poema de García Lorca: “¡Ay, rio de Sevilla! ¡Qué bien pareces! Lleno de velas blancas. Y ramos verdes”. Las encuestas nos dicen que casi nadie elige el marrón como color preferido.
Es muy interesante la historia de las palabras que designan colores. No todos los lenguajes se fijan en  los mismos. El idioma de la tribu bassa, del Camerún, solo tiene dos palabras para referirse a todos los colores: “hui” y “ziza”. Son el colmo de la tacañería léxica. Es difícil imaginar lo que significan. Posiblemente algo parecido a lo que entendemos por “colores fríos” y “colores cálidos”. Fríos son el blanco, el negro, el verde, el azul. Cálidos, el rojo, el naranja, el amarillo. Los esquimales tienen muchas palabras para referirse a las tonalidades del hielo. Les voy a contar una historia que me parece divertida. ¿Tenían los antiguos romanos algún defecto en la vista? Lo digo porque hay una serie de palabras latinas (rufus, por ejemplo) que se definían como el color que tienen la sangre, el oro, el fuego, y la mies en sazón. ¿Cómo iban a identificar colores tan diferentes? ¡La sangre es roja, y el oro y la mies son amarillos! La rara visión de los colores que tenían los romanos la han debido heredar los italianos actuales, que llaman al tomate pomodoro,  manzana dorada. ¿De qué color piensan que es el tomate?
Este juego con las palabras ha venido a cuento del otoño y, a través de él, de los colores de las estaciones. El blanco es el color del invierno, la primavera es multicolor, el verano es amarillo sol. ¿Y el otoño? El otoño vuelve a ser multicolor, pero en una gama más reducida que la primavera. Hace un par de años estuve en Nueva Inglaterra (estados de Maine, New Hampshire, Masachussetts, Conecticut), para disfrutar del otoño. Debería ser considerado una de las maravillas naturales del mundo. Es fascinante ver la vivacidad y variedad de los colores. El espectáculo es tan sorprendente que en esos estados hay un  teléfono que informa de donde se está dando en ese momento el mejor colorido otoñal.
Hay muchos nombres de los colores del otoño que hemos perdido y que me gustaría saber si ustedes los han escuchado alguna vez. En la familia de los amarillos están “gualdo” (la bandera española es roja y gualda), “jalde”, “cetrino” (que es un amarillo verdoso). A la familia de los rojos pertenecen “avinado”, “azarcón, “bayo”, “gules” (rojo empleado solo en heráldica).
El suelo del bosque se ha convertido en una alcancía de hojas de oro. Sin embargo, algo está haciendo peligrar los maravillosos colores del otoño. Esta estación se está acortando y no está permitiendo que las hojas maduren sus dorados, cobres, escarlatas, marrones. Lo veo paseando por las avenidas de plátanos de Aranjuez. Es posible que haya una conspiración contra los colores, emprendida  por el hombre. La polución de las ciudades los enturbia, la neblina los enmascara, el calentamiento del planeta los acorta. Por ello deberíamos iniciar una campaña en defensa de los colores.
Dedicarnos a su degustación.

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José Antonio Marina
Nieto del filósofo toledano Juan Marina Muñoz, José Antonio Marina es catedrático excedente de filosofía en el instituto madrileño de La Cabrera, Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, además de conferenciante y floricultor . Estudió filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, teniendo por compañero a su amigo y también escritor Álvaro Pombo. Durante ese tiempo leyó apasionadamente a Unamuno, fundó varias revistas y dirigió varios grupos teatrales.