Condecoraciones

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Hace tiempo que, como si fuera un nuevo miembro de la familia, convive con nosotros Google, ese buscador de Internet (aunque es mucho más que eso) al que podemos hacerle preguntas de todo tipo y de cualquier forma y, sorprendentemente, nos entiende y nos responde.

Si tenemos la curiosidad, por ejemplo, de preguntarle por las condecoraciones españolas, nos proporcionará, a través de Wikipedia, una relación de todas las existentes, desde la Insigne Orden del Toisón de Oro hasta las que otorgan las distintas Comunidades Autónomas. Innumerables condecoraciones que se otorgan por diferentes circunstancias pero que todas tienen en común el hecho de distinguir a quienes destacan por sus actividades de forma relevante o han corrido un especial riesgo para su vida o han demostrado una gran ejemplaridad y dedicación.

Cientos de personas reciben todos los años esas condecoraciones otorgadas por entidades públicas y privadas, sin que podamos, además, olvidarnos de aquellos a quienes se dan los numerosos premios existentes y de quienes son nombrados hijos adoptivos o hijos predilectos en ciudades y pueblos de España.

Y mientras todo eso sucede sigo viéndote todos los días realizando tareas que exigen todo tu empeño y toda tu dedicación. Tareas en casa y tareas en el trabajo. Sigo viéndote hacer todo eso con ejemplaridad, poniendo de tu parte todo lo necesario para obtener el mejor resultado. Desarrollando esas tareas con generosidad y sin esperar a cambio ninguna recompensa que, de hecho, muy pocas veces aparece. Dejas de lado todo aquello que te preocupa porque en esos momentos lo único que te importa es cumplir con la tarea a la que tienes que hacer frente. Tomas decisiones y asumes riesgos. Y al final, por muy duro que haya sido el día, si echas la vista atrás no puedes evitar sentir una cierta satisfacción por todo lo que has hecho, aunque muchas veces el cansancio te impida volver el cuello para ver lo que ha sucedido.

No sé si alguna vez te darán una de esos cientos de condecoraciones que existen. Desde luego que si por mí fuera hace tiempo que contarías con todas ellas. Pero sí quiero transmitirte mi enorme agradecimiento porque son las personas como tú las que hacéis hermosa la vida. Quiero felicitarte por el trabajo bien hecho y reconocer que sin tu contribución, aunque puedas pensar que es insignificante, todo lo que tenemos no sería posible.

Desconozco si está pagado, pero agradecido por supuesto.

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Mariano López de Ayala
Licenciado en Derecho, es el Director de la Asesoría Jurídica de Grupo Ballesol. Se encarga de relaciones institucionales por su amplio conocimiento del sector asistencial de Mayores. Además, tiene una gran sensibilidad que refleja en cada uno de sus escritos.