Cuestión de género

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Es una lástima que la actividad que habitualmente llevamos a cabo nos obligue a permanecer encerrados y alejados de la realidad de la calle, al menos de aquellas calles que no se encuentran repletas de centros comerciales o edificios de oficinas.

Es muy recomendable buscar alguna ocasión para dar un paseo por la ciudad, disfrutar de la frescura de la mañana y poder observar la vida corriente en calles, bulevares y barrios de vecindad, un paseo que se convierte en una actividad relajante y que, a muchos, nos devuelve a momentos de infancia y juventud nunca suficientemente valorados.

Descubrimos entonces con cierta sorpresa que la vida de nuestras ciudades y de sus calles está repleta de una actividad constante protagonizada, casi en exclusiva, por mujeres.

Niños que por su edad u otras circunstancias no asisten a sus centros de enseñanza y que permanecen al cuidado de sus madres o abuelas.

Mujeres que merecen un profundo y sincero reconocimiento por la dura y silenciosa tarea que vienen desarrollando

Personas Mayores que son atendidas por sus familiares o por personas contratadas para tal fin, unos y otros en su gran mayoría mujeres.

Toda una forma de vida sostenida y soportada por las mujeres de nuestras ciudades que esperan, todas ellas, una oportunidad para poder desarrollar una vida propia que no esté siempre condicionada por la situación, temporal o permanente, de sus familiares más cercanos y que desesperan, pero que se merecen un profundo y sincero reconocimiento por la dura y silenciosa tarea que vienen desarrollando, una tarea sin la cual nuestra sociedad, tal como la conocemos, sencillamente no sería posible.

Unas mujeres que, tal y como alguien me señalaba hace poco, concebimos como si estuviesen fabricadas en serie y ya nacieran sabiendo atender a quienes necesitan cuidados, como si prestar esa atención, y hacerlo bien, fuese un componente genético de la mujer al que no hubiese que dar demasiado valor.

Administraciones Públicas, empresas e instituciones responsables de la atención a Personas Mayores rivalizamos destacando la importancia que cada uno de nosotros tenemos en el desarrollo de dicha atención así como remarcamos la cantidad de Personas Mayores a las que prestamos nuestros cuidados.

Pero no nos engañemos: lo cierto, la verdad es que sin la contribución de madres, hijas, vecinas, trabajadoras, sin la contribución de las mujeres de nuestra sociedad el conjunto de las Personas Mayores no recibiría el cuidado y atención que se merece.

Para todas ellas, de corazón,
gracias.