CUIDAR

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«La elijo porque me parece la relación más esencial entre los seres humanos, la manifestación más clara del amor»

Todos poseemos un tesoro al que pocas veces valoramos: el lenguaje. Es muy sabio, porque en él están depositadas las experiencias de cientos de generaciones. Por eso me gusta viajar por dentro de los diccionarios, explorar sus secretos, sus galerías subterráneas, sus historias. Hoy voy a contarles uno de esos viajes, que empieza con la palabra “cuidar”. La elijo porque me parece la relación más esencial entre los seres humanos, la manifestación más clara del amor. Es fácil comprender que el recién nacido no podría sobrevivir sin los cuidados maternales, pero a veces olvidamos que seguimos necesitando cuidar y ser cuidados a lo largo de toda nuestra vida.

Esta palabra nos introduce en una sorprendente red de significados que todos conocemos, pero que voy a poner en limpio. Primera sorpresa: “Cuidar” y “curar” derivan de la misma palabra latina “cogitare”, que significa “pensar”. Es, pues, pensar en alguien. Pero, sin duda es algo más que pensar. Cuidar significa “poner diligencia”, procurar atención, ser solícito. Por su parte, curar significa “dar los remedios adecuados”, sanar, remediar un mal, prevenir, asistir. Esta última palabra –“asistir”- implica “estar presente” y también a “ayudar”, “apoyar”, tener tacto.

Ha aparecido la expresión “procurar atención”. Ahora se dice poco “tener una atención”, que antes significaba “obsequiar”. Atender es seleccionar la información que va a estar en primer plano. Atiendo a la conversación de alguien, o atiendo a mis preocupaciones. Pero ha adquirido un significado más amplio. Atender a una persona es escucharle, oír sus necesidades o peticiones. Actuar con miramiento. Esta palabra nos remite a otra
“respeto”, que significa “mirar con atención”. Los diccionarios antiguos lo definían así: “Es miramiento y reverencia que se tiene a alguna persona, porque miramos y remiramos el no ofenderla”. El respeto es, por ello, la actitud debida ante todo lo valioso. Encontramos aún otra relación sorprendente: “cultivar” significa también cuidar, hacer crecer.

«Recuerdo la dulce y bella figura de los ángeles de la guarda que cuidaban nuestro sueño desde las cuatro esquinitas de la cama. Voy a ver si consigo que vuelvan»

Como ven, las palabras se enredan como las cerezas y como los recuerdos. Esta excursión por los territorios del “cuidar” me ha llevado hasta “cultivar”, y esta palabra me ha hecho recordar a un viejo hortelano que me enseñó gran parte de lo que sé de agricultura. Me gustaba verlo trabajar por el cuidado con que hacía todas las cosas: cavar, escardar, regar, recoger lo frutos. Cuando labraba las plantas, decía que era como cuando se ahueca la almohada de los niños para que duerman mas cómodos. Yo mantenía con él un largo pleito, porque sus alcachofas eran siempre mejores que las mías, aunque los esquejes que plantábamos eran iguales. Un día le conminé a contarme como lo hacía, para ver si descubría su secreto. La explicación fue minuciosa. “El día antes de plantar, arranco los esquejes de la planta madre por la mañana, cuando están frescos, los envuelvo en un paño húmedo y los pongo a la sombra, para que no se sequen”. Yo también lo hacía así. “Luego, riego los surcos para ver hasta donde llega el agua. Es en esa línea donde voy a poner las plantas. Si las pongo más abajo pueden ahogarse, y si las pongo más arriba, secarse”. Hasta aquí, nada nuevo, porque yo hacía lo mismo. “A la mañana siguiente, vengo temprano. Rezo un padre nuestro al ángel de los sembrados y comienzo a plantar”. ¡Por fin había descubierto su secreto! Sus alcachofas tenían un ángel de la guarda, que las cuidaba. De nuevo me entrego en brazos de mi memoria y recuerdo la dulce y bella figura de los ángeles de la guarda que cuidaban nuestro sueño desde las cuatro esquinitas de la cama. Voy a ver si consigo que vuelvan.

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José Antonio Marina
Nieto del filósofo toledano Juan Marina Muñoz, José Antonio Marina es catedrático excedente de filosofía en el instituto madrileño de La Cabrera, Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, además de conferenciante y floricultor . Estudió filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, teniendo por compañero a su amigo y también escritor Álvaro Pombo. Durante ese tiempo leyó apasionadamente a Unamuno, fundó varias revistas y dirigió varios grupos teatrales.