EL CLIENTE

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Persona que utiliza con asiduidad los servicios de un profesional o empresa (Diccionario de la Real Academia)

Cada vez es más frecuente que me asalte la sensación de que el cliente resulta una molestia para aquellas personas/empresas/entidades cuyos servicios intenta utilizar.

Y no hablo de esos autodenominados “profesionales” de la hostelería cuya máxima habilidad consiste en situarse en el extremo opuesto de la barra del bar o en caminar a lo largo y ancho de un restaurante con la mirada fija en el suelo. Tampoco me refiero a los “pseudotaxistas” cuyo vehículo disfruta de una tapicería que incita a pasar por una cámara de desinfección después de utilizarlo. Por supuesto que no estoy pensando en las grandes compañías suministradoras de servicios (electricidad, agua, gas, comunicaciones) cuya actividad principal es seleccionar la música con la que te distraen mientras esperas que atiendan tu llamada telefónica. No me estoy acordando de esos Organismos Públicos que han decidido que todos disponemos de los instrumentos de acceso a las nuevas tecnologías (la última ocurrencia: la Dirección General de Tráfico sólo admitirá el pago de multas mediante tarjeta de crédito que, evidentemente, tiene todo el mundo).

Ni, claro está, de las entidades financieras cuyas ofertas de depósitos estructurados, crecientes, bonificados, combinados y, quizás el más sorprendente, “con causa” resultan incomprensibles incluso para quienes tratan de convencerte de sus bondades para que los suscribas. Y, por supuesto, no están en mi mente las personas que supuestamente te atienden en los comercios mientras hablan o intercambian mensajes por el móvil; ni quienes te miran desde arriba hasta abajo intentando decidir si merece la pena que pierdan el tiempo contigo; ni siquiera aquellas que no tienen ningún conocimiento del producto que venden (ni interés en conocerlo).

En una u otra forma todos desarrollamos una actividad encaminada hacia otra persona a la que proporcionamos servicios, atención, productos, información, asesoramiento.

A veces esa otra persona es el comprador final. En ocasiones es alguien a quien nuestra tarea simplemente le facilita llevar a cabo la suya. Pero en cualquier caso la satisfacción de esas personas debe ser nuestro principal objetivo. Esa satisfacción será la que haga que recurran de nuevo a nosotros si necesitan lo que podemos proporcionarles y que nos recomienden a otras personas que tengan iguales o similares necesidades. Esa satisfacción será la que garantice el futuro de nuestra actividad.

Y no olvidemos que si no cuidamos a nuestros clientes seguro que dejarán de molestarnos.

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Mariano López de Ayala
Licenciado en Derecho, es el Director de la Asesoría Jurídica de Grupo Ballesol. Se encarga de relaciones institucionales por su amplio conocimiento del sector asistencial de Mayores. Además, tiene una gran sensibilidad que refleja en cada uno de sus escritos.