ENTRE NOSOTROS

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Estimados amigos,

Ya han pasado 25 años desde que empecé a trabajar en nuestra primera Residencia en Majadahonda y, como no podía ser de otra forma, las cosas han cambiado mucho con el paso del tiempo, cambios en todos los aspectos de nuestra vida y también en lo que se refiere a la actividad que en Ballesol desarrollamos. Y algo que llama poderosamente la atención es el cambio en el perfil de las Personas Mayores que atendemos, un perfil que poco tiene que ver con el de las personas a las que atendíamos entonces.

El nivel de dependencia de nuestros Residentes, que tuvo un crecimiento moderado hasta el año 2008, se ha ido incrementando de manera más intensa a partir de esa fecha, encontrándonos en la actualidad con que la mayoría de las personas que residen en nuestros Centros presentan un grado de dependencia muy elevado.

A ello ha contribuido, seguro, el aumento de la esperanza de vida, una esperanza de vida, por cierto, que es mayor para quienes viven en nuestros centros gracias a los intensos cuidados que en ellos se les proporcionan.

Pero no podemos dejar de lado el impacto que estos años de dificultades económicas ha representado para las familias, así como la apuesta desmesurada e injustificada que en la aplicación del Sistema de Atención a la Dependencia se ha hecho por las ayudas directas para el cuidado en el entorno familiar. Son estos elementos que han propiciado que las Personas Mayores necesitadas de cuidados profesionales permanezcan en sus domicilios hasta que su situación de dependencia se ha hecho insostenible dando lugar a que su ingreso en las Residencias se produzca con un grado de dependencia muy elevado que se acentúa cuando en un gran número de casos ese ingreso proviene directamente de centros hospitalarios.

Para el mantenimiento de la calidad ha sido preciso incrementar notablemente los niveles de asistencia y cuidados en las residencias, así como aumentar de manera considerable los recursos necesarios para prestar la atención que precisa esta población, un aumento de recursos que directamente repercute en el coste del servicio sin que venga acompañado por una similar evolución del nivel de precios. Los precios, tanto públicos como privados, que percibimos por un servicio mucho más profesional y especializado son ahora menores en términos reales que los que se pagaban en el año 2008 con el consiguiente estrangulamiento de todas las partes implicadas, empresas, trabajadores y proveedores.

Claro está que en esta situación la inversión en creación de nuevas residencias ha caído considerablemente y el crecimiento neto de plazas es prácticamente nulo.

Si el número de Personas Mayores en situación de dependencia ofrece ya una cifra elevada y todo apunta a que se multiplicará de manera exponencial en los próximos años, ¿dónde podrán ser atendidas garantizando un servicio de calidad?

No sólo es urgente. Es inaplazable desarrollar un marco estable donde se racionalice el uso de los recursos sanitarios y sociales y así se generen nuevas inversiones asegurando la existencia de recursos suficientes y de calidad para atender a las actuales y futuras generaciones de Personas Mayores en situación de dependencia.

Un fuerte abrazo,