LA LENTITUD

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Hay una campaña mundial a favor de la lentitud. Es cierto que estamos sufriendo todos una epidemia de velocidad. Una epidemia de la que somos a la vez causantes y víctimas. Vivimos en una aceleración continua, disfrutamos al parecer con la velocidad. Marchamos rápidamente, aunque no sepamos donde.

Decían que los ejecutivos americanos ponían el despertador media hora más tarde de lo debido, para así comenzar el día acelerados, con mucha adrenalina en sangre. Tal vez sería el  momento ideal para recordar una fábula de Iriarte –La ardilla y el alazán-, que tal vez aprendieran en el colegio.

Por cierto, es una pena que ahora no se aprendan poesías de memoria. Yo recuerdo muchas, y estoy seguro de que ustedes también. Hagan la prueba, recuperen ese tesoro. En la fabula que menciono, la ardilla, que es un retrato de nuestra época, presume ante el alazán,: “Yo soy viva,(soy activa,/ me meneo,/ me paseo,/ yo trabajo, /subo y bajo,/ no me estoy quieta jamás”.

El alazán, muy sensatamente, la responde: “Tantas idas/ y venidas,/ tantas vueltas/ y revueltas/(quiero, amiga, / que me diga), ¿Son de alguna utilidad?”

Pues bien, a esta pregunta, el movimiento “Lento” (slow) contesta con un rotundo “¡No! Este movimiento a favor de la lentitud comenzó en Italia, como una respuesta a la “comida rápida” (fast food). Se trataba de comer sin prisas, en compañía, disfrutando de la mesa y de la sobremesa. Saboreando, en vez de tragando. De allí se amplió a las “ciudades lentas” (slow cities), también en Italia. Hay, por último, una tendencia a la “educación lenta” (slow parenting).

Sus partidarios, dicen, pretenden liberar a los niños de la educación frenética. Después de las horas de escuela, los niños son trasladados a toda prisa de una clase de danza a otra de guitarra, de allí a otra de chino, por si acaso, mas a otra de educación emocional para controlar el estrés. Insistimos continuamente en que los niños tienen que estar perpetuamente motivados, que es una monstruosidad permitir que se aburran, cuando enfrentarse al aburrimiento es una de las competencias que tienen que aprender. Recuerdo que en Toledo, mi tierra natal, había una muletilla para contestar a un niño cuando decía: “Mamá, me aburro”.

La respuesta era: “Pues si te aburres, te compras un mono”. Las mamás actuales, ante esa afirmación del niño, se apresuran a hacer algo para evitarle tan terrible trance, ¿Cómo no van a padecer los pobres niños dificultades de atención o hiperactividad, si los estamos contagiando nuestra mentalidad de ardillas?

El tiempo es nuestra gran riqueza, y, por lo tanto, es importante no despilfarrarlo. Pero muchas veces, cuando “queremos ganar tiempo”, estamos perdiendo cosas muy valiosas. La prisa está reñida con muchos valores. Con la cortesía, por ejemplo. Con la ternura. Con el cuidado atento. Hay muchas cualidades que sólo se perciben en una situación de calma. La belleza de las cosas, el placer de la conversación, el esplendor del paisaje. La prisa es hermana de consumismo, que consiste en no disfrutar mucho tiempo de una cosa. Pretende liberarnos del aburrimiento, mediante una excitación continuamente mantenida.

Pero entonces, ¿estoy recomendando la pasividad? ¿Debemos imitar todos al oso perezoso, que tardan horas es moverse de una rama a otra? No. No se trata de  pasividad, sino de ser selectivos en la inversión de nuestro tiempo”. Hay  un tiempo oportuno para cada cosa.  Como dice el Eclesiastés, un libro muy sabio: “Hay un tiempo para plantar y otro para cosechar, un tiempo para abrazar y otro para despedirse”. Añadiría: “y un tiempo para andar de prisa, y otro para andar lentamente”.

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José Antonio Marina
Nieto del filósofo toledano Juan Marina Muñoz, José Antonio Marina es catedrático excedente de filosofía en el instituto madrileño de La Cabrera, Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, además de conferenciante y floricultor . Estudió filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, teniendo por compañero a su amigo y también escritor Álvaro Pombo. Durante ese tiempo leyó apasionadamente a Unamuno, fundó varias revistas y dirigió varios grupos teatrales.