MARAVILLAS

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Hace ya tiempo que me muevo constantemente acompañado de un teléfono móvil (o portátil, como prefieran) que me ofrece multitud de ventajas y prestaciones. Hay entre ellas una que siempre me ha parecido de especial utilidad: aquella que permite ver e identificar a la persona que me está llamando. ¡Lástima que los caracteres de la pantalla sean tan pequeños que me obliguen a recurrir a las gafas para verlos! Mi vista ya no es la que era y para cuando he conseguido encontrar las gafas, ponérmelas y mirar la pantalla la persona que me llamaba, cansada de esperar, ha colgado. Bien es cierto que todo este proceso sirve para que sea yo el que tenga que llamar entonces incrementando así mi factura telefónica.

También dispongo en el coche de un espléndido cuadro de instrumentos que me informa de la velocidad a la que circulo, de la temperatura, de la hora, de los kilómetros que puedo recorrer con la gasolina que queda en el depósito y de otras múltiples cuestiones a algunas de las cuales todavía no les he encontrado demasiada utilidad. ¡Lástima también que la distancia a la que se encuentra y el tipo de iluminación no me faciliten su lectura! Podría recurrir otra vez a las gafas, pero no me compensa demasiado saber la hora o la temperatura a cambio de no ver la carretera.

¿Qué decir de los actuales aparatos de televisión y de los mandos que permiten manejarlos a distancia? Cambiar de canal, variar el volumen, partir la pantalla viendo dos o más programas a la vez, manejar todos los aparatos audiovisuales con un único mando y tantas funciones a nuestro alcance. ¡Lástima que las únicas teclas que soy capaz de usar son aquellas de las que he memorizado su posición! Las restantes ni las veo (y todo esto sin entrar en detalles sobre lo que ocurre cuando hay que programar el mando). Era todo más sencillo cuando el mando a distancia funcionaba por la voz: ¡niño, levántate y cambia de canal!

Sin olvidar todo el resto de maravillas que tenemos a nuestra disposición: medicamentos con una información detallada sobre su composición y efectos; alimentos que nos señalan la fecha antes de la cual debemos consumirlos; relojes capaces de medir nuestra presión sanguínea además de indicarnos la hora en diversos lugares del mundo; aparatos capaces de almacenar cientos de canciones y reproducirlas a nuestra voluntad; cajeros automáticos por todas partes que nos permiten disponer de dinero; etiquetas que nos informan de la composición de cualquier prenda de vestir además del lugar en el que ha sido fabricada. Cada vez más información en espacios más pequeños (¿quién es capaz de verla?).

Si hasta ahora lo he conseguido supongo que podré sobrevivir imaginando lo que pone en todos estos lugares.

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Mariano López de Ayala
Licenciado en Derecho, es el Director de la Asesoría Jurídica de Grupo Ballesol. Se encarga de relaciones institucionales por su amplio conocimiento del sector asistencial de Mayores. Además, tiene una gran sensibilidad que refleja en cada uno de sus escritos.