POBRE DE MÍ

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Casi ni me acuerdo de cuando se acabaron las fiestas de San Fermín.

Afortunadamente ya están aquí otra vez. Y las del Carmen. Y la Virgen de Agosto. Y las innumerables celebraciones de Septiembre. Algunos, incluso, podrán disfrutar de esas eras que nos llenaban el cuerpo de paja y grano.

El invierno toca a su fin y nuestros huesos se van acomodando a un tiempo más cálido y luminoso, con todos los olores del verano golpeando nuestros sentidos.

Todo verdea mientras los días se alargan y van arrancando una gama de amarillos y rojos que nos dañan los ojos pero de los que no podemos apartar la mirada mientras el calor del suelo sube por nuestro cuerpo.

Y el tiempo vuelve a ser nuestro.
Prepárate porque vamos a utilizarlo como si nunca lo hubiéramos hecho.
Dando satisfacción a nuestras pequeñas e importantes aspiraciones: un desayuno sintiendo como el frescor de la noche va dejando paso a la calidez de la mañana; la quietud del mediodía que con su calor aplasta nuestras fuerzas y aumenta el sentimiento de la compañía; un paseo cuando la tarde empieza a refrescar; y esas noches luminosas con millones de estrellas guardándonos y encendiéndose únicamente para nosotros.

Me vas a decir que no tengo grandes aspiraciones. Me dirás que debería plantearme objetivos más ambiciosos: viajes, países lejanos, otras culturas, otras tierras, otros mares. Pensarás que me conformo con poca cosa y que otra vez estoy echando a perder la oportunidad que este tiempo me ofrece.

Pero bien sabes, porque llevamos muchos años hablando de lo mismo, que al final nunca nos arrepentimos de haber empleado nuestro tiempo en vivir juntos, simplemente un día detrás de otro, disfrutando de su sencillo contenido: mirarnos cuando abrimos los ojos y nos descubrimos; sorprendernos con nuestra presencia; recorrernos por caminos conocidos donde nuestras manos se acoplan en moldes perfectos; escuchar una respiración que, tantas veces oída, casi ni distinguimos de la nuestra propia; disfrutar de nuestras imperfecciones; echarnos de menos hasta cuando estamos juntos.

Para todo eso no nos hacen falta aviones, trenes, carreteras, puertos.

Para todo eso nos basta con el tiempo que ahora se nos ofrece en una cantidad que parece nunca agotarse.

Para todo eso nos basta con la luz que se extiende más allá de donde debería empezar la noche.

Y, naturalmente, con San Fermín que viene ya a acompañarnos.

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Mariano López de Ayala
Licenciado en Derecho, es el Director de la Asesoría Jurídica de Grupo Ballesol. Se encarga de relaciones institucionales por su amplio conocimiento del sector asistencial de Mayores. Además, tiene una gran sensibilidad que refleja en cada uno de sus escritos.