TAL COMO ME LO CONTARON

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Se levantó temprano, aún más de lo que en él era habitual. Ya hacía tiempo que no necesitaba dormir demasiadas horas y, además, su cuerpo no aguantaba mucho tiempo en la misma posición sin que empezaran a dolerle partes del mismo de las que casi ni se acordaba.

Dedicó toda su atención a lograr un aspecto impecable: un esmerado aseo, un afeitado perfecto, incluso aquella colonia de la que normalmente no hacía uso.

No le resultó sencillo elegir la ropa adecuada. El resto de los días tenía por costumbre escoger aquella que le resultaba más cómoda sin preocuparse excesivamente por las combinaciones de colores ni revisar si estaba perfectamente planchada. Tampoco le daba demasiada importancia al resultado final; los espejos le devolvían una imagen tan conocida que ya ni le prestaba atención.

Pero aquel era un día especial y buscó aquella camisa que resaltaba con el color de su piel y aquella chaqueta que recibió como regalo y que tanto apreciaba. Tuvo que echar mano de la plancha para conseguir que el pantalón presentara una única raya en lugar de las múltiples que normalmente lo adornaban.

Casi se le olvidó revisar los zapatos, pero antes de salir de casa recordó lo importante que era ese último detalle, las veces que le había llamado la atención sobre ello y dedicó un especial cuidado a lograr arrancarles un llamativo brillo.
Un último vistazo al espejo de la habitación le convenció de haber logrado su objetivo, por lo que, poniéndose la alianza que tanto quería, enderezó con esfuerzo la espalda, abrió la puerta y se enfrentó a la luz de la calle con una sonrisa y con la ilusión del que está convencido de que va a tener un gran día.

No podía dejar de llamar la atención en el café donde solía desayunar y, naturalmente, no podían dejar de decírselo.
¡Vaya elegancia! ¿Vas de fiesta?

Satisfecho del efecto causado les explicó que iba a ver a su mujer a la residencia en la que se encontraba ingresada. Hacía tiempo que no había podido visitarla porque había pasado unos meses en el hospital pero hoy la vería de nuevo.
¡Que mérito tienes!, le dijeron. Todo este tiempo yendo a verla cuando ella ni se da cuenta de tus visitas, y además arreglándote tanto y ella ni siquiera se acordará de ti.

Eso no es lo importante, les contestó, porque ¿sabéis? yo sí me acuerdo de quien es ella.

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Mariano López de Ayala
Licenciado en Derecho, es el Director de la Asesoría Jurídica de Grupo Ballesol. Se encarga de relaciones institucionales por su amplio conocimiento del sector asistencial de Mayores. Además, tiene una gran sensibilidad que refleja en cada uno de sus escritos.