UN AÑO DESPUÉS DE LA REFORMA LABORAL

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De nada sirve abundar en medidas de reforma del mercado laboral si no se implantan en paralelo otras medidas que ayuden a reactivar la economía

En febrero se cumplía un año desde que se aprobó, a bombo y platillo, la Reforma Laboral que se nos imponía desde Bruselas y que iba a suponer un antes y un después en la gestión de las relaciones laborales. Una mezcla agridulce de expectativas y muchas voces que hoy señalan que ha traído consigo más paro y precariedad. Cuando tenemos en ciernes una más que probable segunda vuelta de tuerca como contrapartida de las últimas concesiones en relación al nuevo plazo de cumplimiento del objetivo de déficit y, en el sentir general, escasas expectativas de que sirva para “arreglar el panorama laboral” y sí para pedir un mayor esfuerzo a los cada vez más escasos empresarios que aguantan el tirón y a los trabajadores que tienen la suerte de permanecer en activo.

Desde que se inició esta profunda crisis, hemos vivido varios cambios normativos bajo la nomenclatura de Reforma Laboral. Todos tienen el mismo nexo común: haber sido aprobados en una primera fase bajo la forma de Real Decreto-Ley y, justo antes de ser medir sus efectos, están siendo modificados en sede parlamentaria. Lo lamentable es que ninguna de ellas haya servido de verdad para crear empleo.

A nadie se le escapa que hay empresarios que se han podido aprovechar de esta Reforma para tomar decisiones como consecuencia del abaratamiento de los costes del despido, pero es muy distinto que esto sea imputable al nuevo marco normativo o a la lamentable capacidad directiva de algunos empleadores.

Lo cierto es que la reducción de los costes laborales es la fórmula a la que se recurre con mayor frecuencia para ajustar márgenes y que la actual reforma ofrece enormes posibilidades en todo lo que se denomina flexibilidad interna (condiciones de jornada, movilidad geográfica y funcional, ajustes salariales) sin tener que recurrir a la más extrema: el despido. Los clientes somos cada vez menos fieles y más exigentes, y la competencia es muy dura, reduciendo los márgenes y ofreciendo más y mejores servicios por menos precio. Por esta razón, la empresa tiene que pedir a sus trabajadores capacidad de adaptación en función de las circunstancias y, cuando vienen duras, como en el momento actual, mayor flexibilidad.

Desde nuestra óptica de Recursos Humanos, la reforma sí ha traído consigo esta flexibilidad y los trabajadores hoy se sienten más entregados y dispuestos a ajustarse, pero entendemos que también deberían ofrecerse justas contraprestaciones cuando el panorama empresarial es favorable y mayor previsión en relación con su empleo.

En este momento el debate político está en si conviene avanzar hacia un modelo de contrato laboral único con el fin de acabar con la dualidad del mercado laboral y la precariedad del empleo temporal. Sin duda, algo hay que hacer en esta línea para simplificar las opciones contractuales ya que actualmente se pueden contabilizar más de cuarenta modelos de contratos y, sin embargo, las estadísticas señalan que las empresas venimos utilizando mayoritariamente sólo ocho de estas modalidades. Con independencia de que haya argumentos a favor y en contra, el problema sigue estando en la reactivación de la economía y no en simplificar los procesos o abaratar los costes de despido.

En Ballesol venimos siendo durante muchos años una empresa generadora de empleo. No en vano, en el año 2006 fuimos galardonados con el premio Europe´s 500 que recogía nuestra Presidenta Dña. Lola Soler en Austria en noviembre de 2006 y que valoraba a las Compañías que más rápido crecimiento y que más empleo habían generado en Europa durante los tres años anteriores. Ballesol ocupaba el puesto número 17 de ese ranking de 500 empresas europeas y era la primera firma española generadora de empleo en dicho período. Cabe resaltar que los requisitos para optar al galardón valoraban la conjunción de tres factores importantes para el éxito de cualquier compañía:

  • Crecimiento del número de puestos de trabajo,
  • Aumento de sus beneficios,
  • E incremento de su rentabilidad

Si esto sucedía en el año 2006, desde entonces nuestra Empresa ha triplicado su plantilla. Ha pasado de los aproximadamente 1.000 trabajadores de entonces hasta los 3.000 que formamos el equipo humano de Ballesol en la actualidad. Bien es cierto que Ballesol hoy se encuentra en diferente momento, entonces en ciclo de expansión y ahora en fase de consolidación.

La dirección de esta Compañía tiene un sólido conocimiento de este Sector donde se inició hace más de 37 años y avanza con paso firme, capeando el temporal y apostando sin dudar por el mantenimiento del empleo, pero sí conviene recordarle al legislador que, si su objetivo vía reforma es fomentar la empleabilidad, no puede dejar de ayudar a las empresas a mantener sus plantillas antes que a recortarlas, a fomentar nuevas contrataciones, sin suprimir bonificaciones por contratación de jóvenes, de desempleados mayores de 45 años, etc., o la implantación del sistema bonus/malus en seguros sociales que nunca llega.

De nada sirve continuar incidiendo en la necesidad de abundar en medidas de reforma del mercado laboral (se sigue apostando por incrementar la edad de jubilación y esto choca frontalmente con la necesidad de contratar jóvenes –en este momento, en España uno de cada dos jóvenes está desempleado-) y, sin embargo, nadie habla de la urgencia de implantar en paralelo otro tipo de medidas que ayuden a reactivar la economía.