ALIMENTOS HIDRATANTES

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¡UNA SANA ALTERNATIVA!

El agua supone entre el 55% y el 60% del peso corporal total. En una persona adulta de 70 kilos de peso, el agua representa 40 litros distribuidos en todos los tejidos. Además, desempeña funciones muy importantes: constituye el medio en el que se diluyen los líquidos corporales, posibilita el transporte de nutrientes a las células, ayuda a la digestión, contribuye a regular la temperatura, en definitiva, es esencial para nuestro organismo. Necesitamos aproximadamente dos litros y medio diarios de agua, aunque la mayor parte se toma con los alimentos. Curiosamente, los alimentos propios del verano son los que tienen un aporte extra de agua. La regulación de la necesidad de hidratación  en nuestro organismo nos viene dada por la sed, sin embargo, algunas personas, en especial los mayores no tienen la sed necesaria para hidratarse y por ello deben beber o tomar alimentos ricos en agua aunque no tengan sed.

Aunque la mayoría de los alimentos tienen agua, no todos los alimentos tienen la misma cantidad, las frutas y verduras llegan a tener hasta un 90% de su peso, como sucede por ejemplo, con la sandía y el melón, o en verduras como el tomate o las lechugas, pero hay que tener en cuenta que  aunque tomemos un kilo diario de frutas y verduras, aún será preciso tomar un litro y medio más de agua o líquidos (que es lo que suelen aconsejarnos los médicos).

Las sopas frías o gazpachos en verano son una buena opción, siempre controlando el nivel de sal y vinagre, se pueden hacer de mil maneras, con cualquier verdura se puede hacer un gazpacho: de tomate y fresas, de lechuga, de acelgas y queso, de yogur…

Entre horas  no siempre nos apetece tomar agua, ni se debe abusar de los refrescos (ya que suelen tener demasiados azucares), para esos momentos son fantásticos los zumos de frutas o las infusiones, que pueden tomarse templadas o frías: manzanilla, menta poleo, té verde con hierbabuena, todas con un poquito de azúcar o sacarina resultan refrescantes y deliciosas. Las bebidas isotónicas son también muy indicadas, aunque no hay que olvidar que la típica limonada que preparaban nuestras abuelas es muy similar y mucho más económica: bastará con poner 1 litro de agua hervida, el zumo de un limón, una pizca de sal y otra de azúcar o sacarina y si se desea algo de menta fresca, y estará buenísima bien fresquita.

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Eva Celada
Nací en Palencia en 1958. Estudié Derecho aunque lo dejé en Tercero. Escribo desde que era una niña: me encantan las palabras… también la cocina y, sobre todo, comer bien. Soy optimista y alegre, trabajadora e inquieta. Tengo algunos sueños, pero vivo con pasión el día a día.