ADIOS A LA DEPRESIÓN POST VACACIONAL

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Un síndrome normal de un estado de ánimo pasajero, de fácil remedio y llevado con paciencia. Así se manifiesta para algunos, la tan temida depresión post-vacacional.

Saboreando todavía los últimos días de vacaciones en la playa, en el monte o relajado en casa leyendo una novela, nos vamos incorporando poco a poco al trabajo. Dejamos atrás una época de descanso, relajación y sobre todo desconexión con el ámbito laboral; un tiempo necesario que nos ha permitido renovar energía e ilusiones y afrontar con nuevas expectativas un nuevo periodo. No cabe duda que las vacaciones son necesarias, suponen una terapia para el cuerpo y la mente y ante todo un descanso merecido. Muchas personas regresan con unos efectos positivos, sin embargo, para otros trabajadores se les hace un mundo volver a la rutina, apareciendo un estado de ánimo pasajero conocido como “depresión post-vacacional”. Éste afecta a uno de cada tres españoles, pero que si persiste durante más de una semana, como le sucede a un 7% de los trabajadores, puede ser el anuncio de que algo no va bien.

…y es que con una amplia vida laboral y con una extensa trayectoria profesional, las cosas se toman con más filosofía

José Gil Martínez, profesor del Departamento de Personalidad Evolutiva y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Valencia, insiste en que la llamada depresión post-vacacional no es una enfermedad, sino un “síndrome que suele durar entre dos o tres días de adaptación a la vidalaboral”. Los síntomas que suelen aparecer en esta fase son tensión e insomnio, pero tal como aparecen desaparecen a los pocos días, según explica Gil Martínez, convencido igualmente de que el síndrome lo sufren entre un 35% y un 40% de los trabajadores. Además señala que si no desaparecen esos síntomas y verdaderamente se encuentran indicios de depresión es porque “hay un problema laboral grave”. Curiosamente, las personas que la sufren oscilan entre los 25 y los 45 años. En cambio, “a partir de los 55 años se aprende a soportar el ligero malestar que suele suponer volver al trabajo”, apunta Gil Martínez. Y es que con una amplia vida laboral y con una extensa trayectoria profesional, las cosas se toman con más filosofía.

Sin embargo, es importante recordar un dato que aporta la Organización Internacional del Trabajo: las obligaciones laborales siguen siendo aburridas a la vuelta de las vacaciones, como le ocurre al 50% de los trabajadores de la Unión Europea. Y si el desencanto relacionado con el regreso se une otros factores, como ser víctimas del mobbing o sufrir inestabilidad emocional o distanciamiento social, estas personas pueden llegar a padecer una depresión, no por volver de vacaciones sino por su incorporación a un medio hostil, agresivo e insatisfactorio. El jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Saiz, opina que “la vuelta al trabajo es simplemente una dificultad más de la vida, a la que debemos adaptarnos a una realidad que no siempre concuerda con nuestras expectativas”. Existen diferencias entre los mismos especialistas, por ejemplo, Saiz considera que la depresión post-vacacional “no existe, porque no tiene entidad clínica”. En cambio, el doctor Enrique Rojas sí cree que se puede hablar de “una cierta depresión”. “El cuadro clínico que se observa es menor, en el sentido de que tiene una vida pasajera”, asegura. Para Rojas la apatía, el cansancio, la tristeza y la melancolía acompañan a este periodo de adaptación que puede durar hasta 15 días y que “acusan más las personas que tienen un trabajo en el cual la relación interpersonal es nula, fría, seca, tensa o distante”.

Curiosamente, las personas que la sufren este síndrome oscilan entre los 25 y los 45 años. En cambio, a partir de los 55 años se aprende a soportar el ligero malestar que suele suponer volver al trabajo…

Por tanto, este proceso emocional normal se suele relacionar con la satisfacción personal que cada uno obtiene del trabajo. Es normal que ese estado anímico se produzca en un ambiente estresante, deshumanizado o absorbente. En este sentido, las empresas deberían impulsar acciones que fomenten el respeto para que los trabajadores reciban la consideración que merecen como personas. O bien potenciar el compañerismo productivo y la colaboración permanente entre compañeros, es decir, trabajar en equipo. Por otro lado, las empresas o los responsables de recursos humanos deberían de establecer mejores canales de comunicación o crearlos entre jefes y empleados. La comunicación es el pilar del funcionamiento de toda organización o entidad, y ésta debe estar basada en la confianza, la comprensión, la empatía para fomentar el entusiasmo. Esta ilusión es fundamental para el desarrollo profesional y personal del empleado. Además, se debe promover una comunicación más participativa, dando oportunidad activa a todos los trabajadores en la toma de decisiones. Si estas prácticas se tomaran en cuenta en las empresas, las cosas cambiarían.

Lo más importante para evitar ese síndrome prelaboral o post-vacacional, según el psicólogo Alfredo Muñoz, es dedicar cada día un tiempo para el ocio. Por otro lado, otros especialistas recomiendan regresar unos días antes al hogar para comenzar a habituarse a la rutina. Es aconsejable reducir la ansiedad con ejercicios de relajación, paseos o deporte en general. Ante todo, aunque sea lo más difícil, se debe procurar mantener una actitud más positiva frente a la vuelta si queremos tener una buena salud. Es fundamental dedicarse unas horas al día a uno mismo porque puede servir para aumentar la resistencia personal al estrés: liberar tensión con actividades gratificantes fuera del entorno laboral.

Da pereza volver al trabajo después de unas merecidas vacaciones. Para muchos, supone un esfuerzo mayor porque el ambiente laboral no es el más adecuado o propicio para desarrollarse profesional y personalmente. Existen recomendaciones para evitar el síndrome post-vacacional. En tiempos de crisis, volver al trabajo ya resulta un aliciente.

Además, José Gil Martínez propone una serie de estrategias que pueden amortiguar el riesgo de depresión derivado de la exigencia laboral después de las vacaciones. Por ejemplo, pensar que la angustia del regreso es un problema pasajero y hasta cierto punto normal, pero que debemos afrontar adecuadamente; intentar hacer explícitos nuestros objetivos y que éstos sean reales y realizables para dirigir nuestras actuaciones hacia ellos. Por otro lado, admitir las deficiencias propias, especialmente en habilidades de comunicación y manejo de emociones y superarlas. Gil Martínez recomienda incluso pedir apoyo a los demás porque resulta sano tener a alguien para desahogarse emocionalmente. Facilitar con la actitud y el comportamiento una cultura de equipo. Por otro lado, es fundamental admitir los límites personales y profesionales: “no nos exijamos poder con todo”. Utilizar el acuerdo y la negociación, en contraposición a la imposición, como forma de resolver conflictos. Dentro del equipo de trabajo facilitar un clima positivo y dar apoyo para ser reforzado. Por último, Gil Martínez apunta que hay que compartir la toma de decisiones. De todas formas, en estos tiempos de crisis es una suerte volver al trabajo tras unos días de descanso y después de haber renovado energías. Quizá este pensamiento pueda suponer un aliciente para combatir los malestares que se generan, situaciones pasajeras que tienen solución.