ANA MARÍA MATUTE: ESCRITORA

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Ana María Matute tiene 83 años y muchos achaques. Le duelen los huesos. No oye bien, porque ha perdido un audífono. Cuando su hijo era más pequeño, escribía con él en sus rodillas. Dice que tener un hijo da una humanidad y una experiencia muy grande. “Te hace sentirte en la vida de una manera muy distinta. Es mucho más una experiencia, es un milagro, es magia pura”. Socarrona, “me río mucho de mi misma”. Está convencida que a los 83 ya no le queda mucho. Y un gin-tonic por favor, que sienta fenomenal, “habla la experiencia”. Charlar con los amigos. Y sobre todo escribir. Su último libro se llama “Paraíso inhabitado”, y es como la vida, “mágico”.

Día del libro, presentaciones, conferencias y ahora obras en su casa… ¿cómo aguanta este ritmo?

Éso mismo me pregunto yo. No lo sé. Duermo mucho. Antes de las 10 no me levanto. Y ayuda mucho el carácter, porque la gente me dice que tengo buen carácter.

A la hora de escribir un libro, ¿se recluye o sigue viajando?

Cuando escribo mantengo mi ritmo de vida, más o menos igual. Es un no parar. Incluso cuando estaba en mis momentos de silencio, cuando no publicaba nada porque no escribía nada, seguía dando mis conferencias. Y eso me distraía mucho porque salía y me decía, ya volveré, ya volveré…

¿Qué le dicen los lectores?

Me hablan y me cuentan cosas. Ser escritor es una manera de estar en el mundo, ni siquiera es una vocación, es algo más, es una dedicación muy solitaria. El acto ve a su público, y el músico. Pero el escritor no; y las ferias son la única ocasión que tiene de conocer a su público. Porque, aunque no me quejo, los críticos son otra cosa. Resulta muy gratificante cuando los lectores te dicen que un libro ha significado mucho para ellos, que les ha ayudado en un mal momento. Esos son los premios de verdad, aunque los económicos no están nada mal.

Empezó a escribir cuentos a las 5 años. Ahora con 83, ¿escribe con la misma energía, fantasía…?

Pues sí. Lo que pasa es que muchas veces pienso que por dentro estoy igual que cuando tenía 22 años.  Mi alma se levanta como la de una persona joven, pero el cuerpo, no. He adquirido mucha experiencia con la vida, mejor dicho desilusiones. Las experiencias en el fondo son siempre eso, desilusiones, si quitamos la maternidad y cosas como esas. Muchas personas más jóvenes que yo están amargadas y muy influidas por la edad, y a lo mejor tienen mejor salud que yo.

Pero no solamente he escrito libros que se llaman fantásticos. Yo los llamo mágicos, y son bien reales, porque la vida es mágica.

¿Y la imaginación y la fantasía?

Eso está intacto. En mi caso se han enriquecido.

¿Y las desilusiones, no hacen mella sobre la imaginación?

Enseñan mucho. Y también aportan una especie de serenidad ante la vida cuando las cosas van mal. Ya no te vienen tan de sopetón las cosas malas. Y ahí si percibes que los años pasan, en la serenidad con que te tomas la vida… No es que no te hagan daño, sino que te lo tomas de otra forma. Ya no se hunde el mundo, como cuando eres joven que se está hundiendo cada dos por tres. Para que me hundan el mío… les doy trabajo.

Ganamos en serenidad pero perdemos inocencia

Sí (se queda en silencio). Eso sí.

Cada edad tiene su parte buena y su parte mala. No puedes quedarte toda la vida como “un perro sentado”… La vida es sabia. Las cosas vienen porque tienen que llegar. Los pequeños seísmos de cada día, a la larga, enseñan a vivir.

En realidad, yo la inocencia no la he perdido del todo. En muchas cosas soy como cuando tenía 12 años. Y eso, por una parte ayuda mucho, pero también lo pagas caro. No te perdonan la inocencia.

¿No es un mundo para inocentes?

Hay que tener cuidado con lo niños. Hay que protegerlos, pero nunca agobiarlos. Se tienen que dar cuenta de que la vida hay que forjarla uno mismo. Y eso se tarda mucho en aprender.

¿Tener tanta imaginación no es un poco un pecado?

En mi caso, es una realidad. A mí me ha ayudado mucho en la vida. Entre otras cosas me ha ayudado a escribir y a ganarme la vida. Es muy bonito vivir con imaginación. Con imaginación todo tiene un doble sentido, bueno…; vives más, hay más mundo en todo, no hay una sola cara, es poliédrico. La vida está llena de tantas cosas, de tantos reflejos que si no tienes imaginación sólo ves números. Y para eso están los directores de bancos.

Pero actualmente tener imaginación es más bien un privilegio.

Mucha gente recurre a drogas cuando no es necesario. Mi propia droga soy yo. Yo me drogo a mi misma. Mis libros, mi imaginación, la forma en la que contemplo la vida, los objetos, las personas, la naturaleza… sobre todo la naturaleza. Me apasiona la naturaleza. Yo me siento muy bien en un bosque, sola. Porque la soledad es magnífica, y no es lo mismo que estar sola. La soledad más grande la he sentido yo rodeada de gente. No es que yo sea una misógina; a mi me gusta la gente, me encanta tomar copillas con mis amigos. Pero estar sola también me gusta mucho. Yo no podría vivir sin estar como mínimo una hora al día sola.

En ocasiones me he ido a vivir al campo yo sola y no he sentido la soledad. Con un bosque al lado, mejor. Escribiendo, trabajando en mis libros, soñando…

Los bosques son un elemento recurrente en sus libros, pero los bosques también son crueles, siniestros.

Es cierto. Pero la vida también lo es. Lo que pasa es que tu cortas cuando quieres, te vas…

Dice que cuando escribe un libro tienen que tenerlo todo estructurado toda en su cabeza. Pero una persona con tanta imitación, ¿no piensa en varios relatos al mismo tiempo?

Tengo varios temas en mi cabeza que quiero contar.  Mi último libro (Paraíso inhabitado) llevaba muchos años dentro de mí. No le tocaba. Tengo ideas, conatos de cosas que quiero contar. Lo difícil es el proceso de crear. Lo tienes dentro pero, cuando decides escribirlo pues… ese día no te sale. El arranque de un libro es muy difícil. Los finales los escribo casi de memoria, los tengo en la cabeza, pero el inicio… Es muy importante la primera frase, en este último libro me han celebrado mucho la primera frase. Dice: “Nací cuando mis padres ya no se querían”. Parece ser que esta frase estimula a leer. Esa frase dice mucho de mi personaje.

¿Para quién escribe?

Yo no escribo para niños, sólo algunos relatos. Lo que pasa es que este tipo de fantasía ha tardado mucho en llegar a España, pero no es para niños, es para mayores. Pero no solamente he escrito libros que se llaman fantásticos. Yo los llamo mágicos, y son bien reales porque la vida es mágica.

¿Hemos robado los cuentos a nuestros hijos y los hemos sustituido por la televisión.

Pienso en lo que se están perdiendo estos niños. Cuando doy charlas en colegios, y hablo de los cuentos, de alguna manera, les estoy descubriendo algo. Me escuchan y me cuentan qué   leen. Los niños tienen ver que sus padres leen.  Es raro que los niños lean si sus padres no lo hacen. Conozco algunos casos, pero son excepcionales. En mi casa los cinco hermanos somos grandes lectores, porque lo hemos visto en nuestros padres.

Y usted, con cinco años apenas ya escribía.

Cuando empecé todavía no había visto a mis padres leer. Lo ví más tarde, en mi infancia. Al principio me los contaban y luego los leía. Al mirar un libro pensaba….de ahí sale todo esto. Yo también quiero hacer esto de mayor… Y es lo único que me ha salido bien en la vida, todo lo demás…

¿Y quién cuenta ahora los cuentos?

Algunos padres tienen la buena costumbre de contar un cuento a sus hijos por las noches. Pero a mí me lo contaban las tatas, la cocinera… Aquellos cuentos tan tétricos, romances, cuentos medievales… Y luego, los cuentos de Perrault, de Andersen, de los hermanos Grim…

¿Y dónde están ahora esos cuentos? ¿Los hemos perdido?

Todavía persisten. Lo que pasa es ahora vienen los políticamente correctos a estropearlo todo y cambian los cuentos para que todo termine bien. No hay que estropear lo que está bien hecho.

Al igual que la vida, en sus libros hay dolor, hay sufrimiento, injusticia, muerte…, ¿le preocupan mucho?

Sí. La muerte me da mucho miedo. No me quiero morir. Pienso en ella lo menos que puedo, pero tengo una salud muy frágil. El año pasado estuve 8 meses hospitalizada. Y piensas si habrá llegado ya la hora de la despedida.

En esa época en la que no escribía…

Me sentí sola entre la gente. Con algunas personas me he sentido muy sola.

¿Fue muy difícil salir de la depresión?

Se sale con dificultad porque la depresión es algo que sabes como entra, pero nunca sabes cómo se sale. Cuesta mucho. Tuve un médico muy bueno, me ayudó muchísimo. Ahora somos amigos.

El ser humano es un bosque cerrado, un bosque lleno de misterios… Nunca acabas de conocer a nadie; tampoco a tí mismo. El que piensa que se conoce, llegará un momento en el que se sorprenderá a sí mismo. Somos misteriosos, incluso para nosotros.