ÁNGEL DE LA PEÑA

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Entender e investigar el arte de pintar es fundamental en el proceso de crear

Si en alguna ocasión coinciden con Ángel de La Peña, sabrán quién es porque advertirán rápidamente cómo es; advertirán que es cordial, sincero y corajudo, y si tienen la oportunidad de relacionarse con sus obras percibirán que esas tres notas, inscritas en la partitura de su personalidad, no hacen otra cosa que afinarse, intensificarse y ganar proyección sobre los lienzos. De La Peña no habla de nada que no pueda mostrar, de nada que no haya experimentado vivamente, de nada que no haga valer su real voluntad expresiva.

Entender e investigar el arte de pintar es fundamental en el proceso de crear. Para ello tienes que conocer la técnica que se aprende con el esfuerzo diario en el estudio. Sin oficio difícilmente puedes manifestar, de una manera global, ese mundo interior y plasmarlo en el lienzo. Por otro lado, el oficio de pintar se aprende de una forma consciente. Lo verdaderamente complicado es conseguir un puente entre esos dos mundos: el consciente y el inconsciente que proviene del interior y que es el resultado de enfrentarte a ti mismo.

Crear un lenguaje propio es primordial para realizarte como pintor. Por eso es fundamental confiar en uno mismo, en tus poderes. Todo ello provoca una inseguridad que da pie a arriesgarte, sin riesgo no hay lucha. No entiendo la vida sin esfuerzo.

El reto de pintar un cuadro con la menor cantidad de medios posibles, y que el resultado final sea poderoso, es un desafío conmigo mismo, la razón de mi vida como pintor.

PINTOR Y ARQUITECTO

Los datos asépticos de los catálogos nos dicen De Ángel de La Peña cosas como estas: “Estudia en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Primer Premio de Análisis de Formas II, como mejor trabajo, para formar parte de una exposición colectiva en las Descalzas Reales de Madrid en 1998. Investiga nuevas técnicas de pintura de manera autodidacta. Al finalizar la carrera trabaja conjuntamente como pintor y arquitecto. Desde 2001 se dedica exclusivamente a la pintura”.

Y las palabras del pintor aportan el latido necesario para que cobre vida lo escrito: “Yo nací en Madrid, pero viví en un pueblecito canario hasta los 14 años. La actividad de arquitecto de mi padre nos llevó allí, y allí pude relacionarme con su mundo de profesionales y de artistas, que eran de la talla de Millares, Pepe Abad, César Manrique, Pablo Serrano…, imagínate lo benéfico que fue eso para mí. De regreso a Madrid, en lugar de optar por Bellas Artes lo hice por Arquitectura, porque su formación humanística y técnica era mucho más amplia y más profunda; había catedráticos impresionantes que nos transmitían no solo sus conocimientos sino la importancia de lograr y desarrollar personalmente el propio criterio, la capacidad de discernimiento estético. Terminé la carrera y trabajé profesionalmente, sin dejar nunca de pintar, eso sí, porque la pintura era y es mi alma. Un encargo de mi padre, que fue el creador del urbanismo turístico, reunió por primera vez mis dos mundos; me encomendó una colección de acuarelas para decorar uno de sus hoteles, y con aquello sentí que me profesionalizaba como pintor”.

Las primeras exposiciones y la obtención de los primeros premios y menciones obtenidos en concursos comenzaron en los años ochenta; uno de esos certámenes, el Premio Blanco y Negro, del cual fue finalista, dio un impulso excelente a su actividad. Comienza a exponer regularmente, desde 1988 hasta hoy –España, Holanda, Portugal, Bélgica, EE.UU. y China-, con la permanente búsqueda, técnica y estética, de un lenguaje pictórico que pudiera considerar como propio. Y, como sabemos, las búsquedas honradas, inteligentes, cultivadas y sensibles conducen indefectiblemente a los encuentros.

UN LENGUAGE PROPIO

“En el arte, cuesta muchísimo encontrar el propio lenguaje. Primero, sin un abanico técnico más que suficiente no puede lograrse nada valioso; segundo, hay que hacerse más y más culto, abarcar lo máximo posible y de la mejor manera posible; tercero, hay que encontrar los signos, la manera de componer, los colores, la definición visual de lo que quieres pintar…, y todo ello sin que uno sea excesivamente consciente, sin racionalizarlo todo exhaustivamente porque entonces, artísticamente hablando, puedes matar precisamente tu expresión. Es una lucha”.

Ángel de La Peña encontró y encuentra su lenguaje cada día, cada vez que se enfrenta con un nuevo cuadro en su estudio. Descubrió que no le gustaba lo formalmente indefinido, que lo que quería era la utilización y la potenciación de signos concretos y sus metamorfosis, y la intensificación de su compromiso con la Historia del Arte y su expresivo devenir. En sus obras, son reyes plásticos determinados signos, esquemas y figuras que son patrimonio de todos – configuraciones micénicas, cretenses y polinésicas, principalmente-, mas lo que aparece de pronto ante su vista, lo que ni siquiera sabía previamente que tenía dentro pugnando por salir, lo que descubre sólo cuando lo pinta, cuando aparece y cobra presencia, realidad, vida y futuro sobre sus lienzos en la soledad de su estudio, con el silencio musical del aire, en la actividad de cada día, junto a su compromiso radical.

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.