Museo del Ferrocarril

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En el andén central de la estación de Delicias, en Madrid, me cuenta Luis Legido, jefe de Difusión y Educación del Museo del Ferrocarril, que cuando los grupos de niños cruzan el vestíbulo exclaman enseguida: “¡Mira, mira, el tren de Harry Poooterrrr!”, y se arraciman junto a los coches de madera y las locomotoras de vapor más antiguas. Me gusta la anécdota porque es natural que los niños de hoy reaccionen de acuerdo con las historias y las imágenes que les pertenecen; y me gusta asimismo ir escuchando al paso a los visitantes con edad, mayores, porque sus exclamaciones y sus comentarios surgen de las historias de sus vidas y de las imágenes y escenas que suscitan en ellos los vagones y piezas del museo, ya que, sin duda…

Viajes de la memoria

… por los andenes de la estación se mueven nuestras piernas, pero por las vías de este museo la que se mueve verdaderamente es nuestra memoria, con los hitos de las experiencias ligadas a los trenes y los recuerdos avivados por los coches y las locomotoras exhibidas; y el interés de tal desplazamiento se asoma por cuanta ventanilla es posible asomarse, palpa los carrozados, entra y sale por toda portezuela practicable mientras parece que podemos vernos “de pequeños”, de adolescentes, jóvenes…, a punto de salida o de llegada: sí, nos vemos, protagonizando despedidas y recibimientos calurosos, dejando atrás la vida cotidiana, arribando a las vacaciones, saludados por la alegría de lo extraordinario.

La estación de Delicias fue la primera gran estación monumental madrileña. Inaugurada en 1880 por el rey Alfonso XII y la reina María Cristina, se cerró al tráfico de viajeros en 1969. Su valioso edificio, exponente del Modernismo en cuanto al estilo arquitectónico industrial de la época, hierro, ladrillo visto y cristal, sobre todo, además de granito y de pizarra, se levantó tan solo en once meses, beneficiándose de los avances técnicos y artísticos de finales del siglo XIX. Tiene un vestíbulo sencillo, algo exhiguo, desde el que se accede a sus vías y andenes en los que se encuentran locomotoras, automotores y vagones singulares, y piezas sorprendentes, como un ómnibus de servicio del ferrocarril, de tracción animal, para el transporte y la comodidad de los viajeros de la propia ciudad y de los pueblos cercanos.

«Inaugurada en 1880 por el rey Alfonso XII y la reina María Cristina, se cerró al tráfico de viajeros en 1969»

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Las vías estrella

Las vías estrella del museo son aquellas en las que hay vagones, claro está, entre los que destacan los privados, propiedad empresarial o familiar y susceptibles de ser heredados, como uno de 1902, extraordinario, con su mirador acristalado, su comedor con servicio impecable y mesa puesta, sus sillas-sillón, su revestimiento de madera iluminado por la luz tamizada de apliques historiados, cubitera de hielo, “champán” y servicio de alpaca, de café. Impresionante en cuanto a la asimilación a las habitaciones y cuartos de las casas, la cabina de noche, por ejemplo, igual que un pequeño dormitorio, la cocina, hasta con su vasar de madera, el servicio, con espejo redondo, repisa de cristal, perchas metálicas…

Igualmente, es una alegría encontrarse con el Talgo, plateado, curvadito, sin un ángulo agudo, ancho, con sus asientos verdes por primera vez reclinables, la amplitud del espacio, las ventanas panorámicas, su  acceso bajo a borde de andén y sus comidas, servidas en las plazas de los viajeros que así lo desearan.

Y finalmente, quiero destacar, el coche-restaurante que perteneció a la gran Compagnie Internationale des Vagons-Lits, con sus mesas para cuatro comensales y sus marqueterías, coche en el que se podía atravesar la noche en el trayecto Madrid-La Coruña. Hoy, este vagón alberga con todo acierto la cafetería del museo, y utilizarla, sorber un café en una de sus mesas, aquieta finalmente la memoria que ha viajado a través de los años, suavemente. ¡Buena visita y buen, muy buen viaje!

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.