CAMBIO CLIMÁTICO

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LA RESPUESTA DE LA TIERRA AL HOMBRE

¿Por qué las temperaturas son suaves en el mes de enero? ¿Por qué las pistas de esquí están cerradas en plena temporada por falta de nieve? Preguntas sin respuesta que muchas personas dejan en manos de un tiempo cada vez más improvisado. Ni los grandes expertos llegan a ponerse de acuerdo, porque no hay una verdad absoluta entre tanta sorpresa, duda, incongruencia y falta de previsión.

El clima está cambiando a pasos agigantados hacia una dirección poco halagüeña para los habitantes del planeta y para el mismo medio ambiente. Nos estamos portando mal con la naturaleza y ésta reacciona. Las actuaciones del hombre perjudican seriamente la salud del clima. Esta idea no es nueva; los informes de la ONU la ratifican. En concreto, el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático, organismo auspiciado por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente –que además compartió Nobel de la Paz con Al Gore en 2007- advierte desde hace tiempo que el calentamiento global está “muy probablemente” provocado por el hombre. Tanto que el grado de probabilidad es superior al 90%. La Tierra se ha calentado durante los últimos 100 años 0,74 grados centígrados, y en las próximas décadas lo seguirá haciendo a un ritmo de 0,2 grados por década. Algunas consecuencias ya las estamos sufriendo en casa. Las sequías aumentan en África y el Mediterráneo. Y la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es la más alta de los últimos 650.000 años. Por tanto, desde la comunidad científica existe una práctica unanimidad en torno a la idea de que nuestro modo de producción y consumo energético están causando una alteración climática global, que provocará, a su vez, “serios impactos tanto sobre la Tierra como sobre los sistemas socioeconómicos”, explica Dña. Teresa Ribera, actual secretaria de Estado de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente.

El ciudadano tiene dificultad para comprender la relación existente entre sus gestos y hábitos cotidianos y el efecto ambiental que llevan aparejado.

El cambio climático constituye un fenómeno global, tanto por sus causas como por sus efectos y, en consecuencia, requiere de una respuesta multilateral basada en la colaboración de todos los países. Según los expertos, el impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor. En definitiva, el cambio climático no es un fenómeno sólo ambiental, sino de profundas consecuencias económicas y sociales en todos los rincones del planeta. En este sentido, Teresa Ribera lamenta que la mayoría de la población no establece una correspondencia entre problemas globales y efectos locales. “El ciudadano tiene dificultad para comprender la relación existente entre sus gestos y hábitos cotidianos y el efecto ambiental que llevan aparejado”, añade.

La obra del hombre es decisiva, pero más aún son las resoluciones que adoptan los estados. El Ministerio de Medio Ambiente se ha propuesto limitar el crecimiento neto de las emisiones de gases de efecto invernadero de manera que, durante el período de 2008-2012, sus emisiones de los seis gases de efecto invernadero del Protocolo de Kyoto no aumenten más del 15% sobre la cifra de emisiones del año base. Sin embargo, el Movimiento Clima y ONG’s como Greenpeace recuerdan que “España es el país de la Unión Europea que más se aleja de cumplir sus compromisos bajo el Protocolo de Kyoto”, tal y como detalla Da. Raquel Montón, responsable de la Campaña de Cambio Climático y Energía de Greenpeace. Además, exige al Gobierno urgencia a la hora de adoptar las medidas por la magnitud del problema. Cabe recordar que el cambio climático está ocasionado por un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, entre los que destaca el dióxido de carbono o CO2, originado principalmente por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural para la producción de la energía) sobre los cuales se sustenta nuestro actual modelo de desarrollo. Según la organización ecologista WWF-ADENA, el mundo industrializado ha conseguido que la concentración de estos gases, liberados por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles haya aumentado un 30% desde el siglo pasado, cuando, sin la actuación humana, la naturaleza se encargaba de equilibrar las emisiones. Por otro lado, y en pleno debate político, Greenpeace defiende el desarrollo de las energías renovables porque “España tiene   potencial”. Montón pronostica que en el 2050 “sólo con energías renovables España podría abastecer hasta 56 Españas de energía eléctrica”. Por tanto, para esta organización ecologista la solución a la crisis se sustenta en tres patas: “eficiencia y ahorro,  obligaciones legales y  energías renovables”. “Tenemos que implicarnos todos, especialmente los políticos que tienen la pelota en el tejado”, sentencia Montón.

Tenemos que implicarnos todos, especialmente los políticos que tienen la pelota en el tejado.

Con este panorama, los ciudadanos también debemos actuar de forma responsable y reorientar nuestros hábitos cotidianos, siendo conscientes de la influencia que ejercen nuestras acciones y decisiones diarias. Por ejemplo, debemos usar el transporte público porque ahorra combustible y reduce la contaminación atmosférica y los niveles de ruido. Caminar o ir en bici a nuestros lugares de trabajo o de ocio son dos buenas alternativas. En cuanto al ahorro energético, es conveniente usar bombillas fluorescentes compactas porque consumen sólo el 20% de energía que las tradicionales y duran ocho veces más. La situación conocida como stand by (el piloto rojo encendido) consume energía. Se recomienda no dejar el grifo abierto, cuando no lo estemos utilizando, y arreglar las pérdidas de los grifos y los goteos porque una gota por segundo supone una ducha diaria. El consumo responsable se inclina hacia la “regla de las seis erres” que promueve Greenpeace, es decir: reduce, reutiliza, recicla, repiensa, reestructura y redistribuye.

Sin embargo, además de cambiar los hábitos diarios, es conveniente presionar a las administraciones públicas, multinacionales y empresas para que permitan a las generaciones actuales y venideras el disfrute equitativo de los recursos naturales, en armonía con el resto de seres vivos. Es decir, se trata de “trasladar la responsabilidad y así podremos hablar de soluciones reales”, insiste Montón.

Primavera y cambio climático.

Una primavera clásica sería la que comienza el 21 de marzo con el equinoccio de primavera y concluye el 21 de junio con el solsticio de verano. Estaría caracterizada por el color verde, por la germinación de las semillas, los árboles, flores, etc. El clima de esta estación se asocia con lluvia, humedad, sol y temperaturas templadas y, sobre todo, con el viento. Sin embargo, desde hace unas décadas, la primavera se presenta semanas antes de lo habitual y con una meteorología cálida, apenas sin lluvias ni viento.

Las causas de este cambio se relacionan con el efecto invernadero. El calentamiento del planeta debido a este fenómeno se dibuja como la pieza clave que explica que las primaveras actuales se diluyan y que las condiciones del resto de estaciones también se hayan modificado.

Que la primavera llega antes ya lo ha establecido el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU. En España, diferentes estudios confirman que las hojas de los árboles caducifolios brotan unos 20 días antes que hace 50 años, que la aparición de insectos se ha adelantando unos 11 días o que las temperaturas que se registraban a principios de abril en la década de los 50 se alcanzan hoy a principios de marzo. Estos cambios quedarían en anécdotas de no ser porque debido a ellos se alteran fenómenos biológicos, ecológicos, agrícolas, socioeconómicos e incluso sanitarios.

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