CARLOTA CUESTA, ARTISTA.

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Carlota Cuesta piensa “a cuatro voces”. Conversar con ella es escuchar una interpretación coral con fugas, contrapuntos, solos inesperados y sorprendentes entradas en tutti; piensa con el aliento del barroco, lanza al aire la melodía principal, la diseña y la rediseña, parece que la pierde entre la fronda de las tesituras y, de pronto, reaparece con ella y la desarrolla sin extraviarla un ápice hasta la doble barra del compás que cierra ya obra y la lleva a un silencio enriquecido, cargado de sentidos y de significados. Conversar con la pintora Carlota Cuesta requiere de un entrenamiento previo, igual que internarse entre sus cuadros, sus dibujos y sus esculturas es entrar casi en una selva llena de sorpresas arcanas, luminosas, fuertes, esperanzadas e inquietantes, siempre entre la realidad… y la realidad del ensueño. Y así también son los títulos de sus exposiciones: “Puertas ciertas a mundos inciertos”, “Juegos para empezar un juego”, “Nubes, cantos y sirenas”, “Suma y sigue de pequeños inventos”, “Guardianes de pared, verticales y de bolsillo”, “Los que miran para dentro”, “Personajes que se duplican”…

Carlota Cuesta ha crecido, vivido y pintado siempre entre la abundancia imaginativa personal e interior y la común y exterior de una casa familiar en la que su abuelo, el fotógrafo Amador, trabajaba, archivaba sus obras y creaba su leyenda profesional, y en la que su padre, el dibujante Ismael Cuesta, afinaba sus minas de grafito para hacer aparecer personajes, composiciones, situaciones e historias que iban ocupando la casa de cajón en cajón, de estantería en estantería, de carpeta en carpeta…, hasta hoy, en que el gran ático de la Puerta del Sol donde Carlota Cuesta continúa, es para quienes la conocemos casi un ámbito tocado por la varita fabulosa de los mejores cuentos y leyendas.

“ME PARECIÓ QUE MIS CUADROS ESTABAN COMO METIDOS EN LEJÍA…”

La frase que acaban de leer la dijo esta pintora cuando a la mitad de su trayectoria, con ocasión de una exposición que la llevó a Méjico (en su catálogo contaba, ahí es nada, con una presentación de Dámaso Alonso) se quedó en el país durante dos meses, y se sumergió en el colorido desbordante de Centroamérica. Ella había cultivado el técnico “Gris Optico” con todo el vigor de su expresividad, pero a partir de entonces (año 80) adoptó con el alma una paleta riquísima en gamas, tonos, matices y contrastes con la que continua hasta hoy, y sus figuras, objetos, espacios pictóricos y composiciones, sea al pastel, al gouache, a la acuarela o al acrílico están siempre impregnados de esa entrega vital que tiene el Color, tornado mancha sabia y pincelada aguda, persistente y casi impertinente en sus obras, tanto cuando las resuelve en collage como cuando aparecen en tres dimensiones, cuando dibuja y cuando pinta y, casi… también cuando relata anécdotas, evoca, expone argumentos, confía aspiraciones a quien la escuche, recaba apoyos para sus proyectos o se mueve entre la paleta de intervenciones en la realidad artística y humana que elige para que estén en su vida.

Dentro y fuera de España, Carlota Cuesta ha expuesto concienzudamente siempre sus obras por series, es decir, por desarrollos y enriquecimientos sucesivos, sin abandonar un tema hasta que rozaba el comienzo del dominio, del truco y del aburrimiento: entonces…, “a otra cosa”, como debe ser, para conferirle verdad a la actividad creadora aunque sus galeristas, clientes, admiradores y críticos se quedaran echando de menos cualquiera de sus etapas anteriores. La suya ha sido siempre una actividad concertada consigo misma, por lo tanto, con una vocación llena de aire y llena de llama, configuración de su propio hado, imagen de su realidad.

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.