EL ABETO

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SÍMBOLO DE LA NAVIDAD

La leyenda del abeto es tan vieja como el cultivo del mismo árbol. Fue en el siglo VIII, en la antigua Germania, cuando un monje inglés, llamado Winfrid, taló en una nochebuena, un roble que era utilizado en las festividades paganas para ofrecer vidas en sacrificio. En ese mismo lugar brotó milagrosamente un abeto y por eso su especie se tomó como emblema del cristianismo.

Con la Navidad, los hogares, las casas, los centros residenciales, las zonas comerciales y la vía pública se engalanan de manera muy especial para vivir los días festivos. Villancicos, belenes, luces, colores, guirnaldas y el ya asentado en España árbol de Navidad inundan las calles de las ciudades. Hablamos del árbol de Navidad, que poco a poco va copando un espacio, incluso desplaza en ocasiones al tradicional Nacimiento. Son las cosas de la globalización y los cambios que se producen en las costumbres populares. El abeto ya es un ornamento más, que nos anuncia la Navidad.

Son muchos los motivos del abando. Actualmente, en la mayoría de las casas se coloca un abeto decorado con bolas, espumillón y luces. También se rescatan elementos que forman parte de una simbología cristiana, como la estrella que se coloca en la copa del árbol, que representa el astro que siguieron los tres Reyes Magos y que les guió hasta Belén. Este elemento puede ser sustituido por un angelito, que podría venir a interpretar la paz que se vive en estas fechas, o el Arcángel, que comunicó a la Virgen su estado de buena esperanza. Las herraduras son otro objeto habitual y constituyen un antiguo amuleto de buena suerte. Por otro lado, en otros árboles predominan las manzanas y bolas de colores, como una forma de atraer la abundancia para la época venidera y que aparecieron en Bohemia en el siglo XVIII, o las campanillas, que son muestra de la alegría de estas fechas.

Abeto artificial

Hay que señalar que en muchos hogares se ha implantado el árbol artificial, ya que el mayor problema de esta tradición consiste en qué hacer con él después de las fiestas, problema que durante años ha provocado que gran cantidad de árboles se hayan terminado secando y muriendo. Si se opta por un abeto artificial, es conveniente conservar su caja original, y tratarlo y guardarlo con esmero para que dure muchos años. En su mayoría se fabrican de plástico, y su transformación comporta procesos químicos, gasto de energía y generación de residuos.

Un grupo de alumnos de la escuela de ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid proceden a la tradicional venta de abetos de Navidad, tratando de evitar la tala indiscriminada de abetos de las masas naturales de nuestro país a través de la gestión de abetos de origen controlado. Es una iniciativa que se suma a otras experiencias que pretenden despertar en la ciudadanía una necesaria concienciación y compromiso con el medio ambiente. Y es que alternativas existen para ser responsable con el medio natural y así evitar imágenes tan frecuentes y desagradables como ver los abetos en los contenedores, tras el 6 de Enero. Además, en estos tiempos de crisis no todo el mundo está dispuesto a gastarse dinero en este tipo de ornamentos. Crisis y medio ambiente pueden ser dos motivos para reciclar en casa y confeccionar un árbol doméstico.

Reciclaje y consejos

Existen muchos materiales que podemos aprovechar para realizar nuestro árbol de Navidad, así entonces podremos utilizar cartón, elementos de plástico, tapas de refrescos, latas, botellas, papel y una infinidad de propuestas en la más variada cantidad de combinaciones, consiguiendo así una decoración diferente y más acorde a propiciar un desarrollo sostenible, porque  es una cuestión de todos. Por otro lado, las familias que decidan comprarse un abeto de verdad pueden llevarlo a los viveros municipales o aquel terreno que pueda transplantarse, siempre y cuando sea una decisión asesorada por un técnico de medio ambiente. Si por el contrario se ha elegido un abeto natural, un correcto cuidado evitará que se muera y permitirá que pueda ser transplantado de nuevo. Para ello, hay que comprarlo con raíces y suficiente cepellón (tierra adherida), regarlo de forma habitual y alejarlo de las fuentes de calor. En la actualidad, cada vez más ayuntamientos cuentan con un servicio de recogida selectiva de estos abetos naturales para transplantarlos o bien para triturarlos y usar el humus resultante como abono. Por último, existen propuestas  ingeniosas como la de dos empresas canadienses que se han lanzado al mercado alquilando un abeto para la ocasión para posteriormente plantarlo y así contribuir a la repoblación forestal.

Arbol con historia

En cuanto a la historia del árbol navideño, su origen se remonta a la época comprendida entre el segundo y tercer milenio antes de Cristo. En aquel entonces, una gran variedad de pueblos indoeuropeos que se estaban expandiendo por Europa y Asia tenían a los árboles como expresión de las fuerzas fecundantes de la Madre Naturaleza, por lo que les rendían culto. El fuerte roble fue en muchos casos el árbol rey. Al llegar la caducidad de sus hojas, su aspecto desolado era compensado con diferentes adornos tratando de atraer el espíritu de la Naturaleza que se creía huido. La leyenda cuenta que en la primera mitad del siglo VIII un roble, que los paganos creían sagrado, cayó sobre un abeto, pero éste quedó milagrosamente intacto, por lo que fue proclamado el árbol del Niño Jesús. Su forma triangular se explicó como representativa de la Santísima Trinidad con el Dios Padre en la cúspide.

El moderno árbol de Navidad proviene de Alemania y sus primeras referencias datan del siglo XVI. Para los bretones, el árbol de Navidad fue descubierto por Persifal, caballero de la mesa redonda del rey Arturo, mientras buscaba el Santo Grial o cáliz de la Última Cena de Jesús. La leyenda cuenta que el caballero vio un árbol lleno de luces brillantes, que se movían como estrellas. El escritor alemán Goethe, en su libro Werther, también hizo alusión a un frondoso arbusto lleno de caramelos y figuras religiosas.

El abeto crece en dimensiones, según las historias y leyendas que de él nacen. Está claro que el árbol de Navidad es símbolo de fiesta y alegría.