EL CARTERO, UNA VIDA EN PAPEL

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El desarrollo y las nuevas tecnologías hacen que la comunicación sea totalmente inmediata, dejando en el olvido a uno de los personajes más importantes en la comunicación entre personas durante siglos, el cartero. 

¿Quién no ha esperado alguna vez la llegada del cartero para recoger una felicitación de cumpleaños, una postal de verano o la anunciada llegada familiar? Aunque su labor sigue siendo muy importante, hemos dejado de prestar atención a estos serviciales operarios que llevan más de cinco siglos trayendo y llevando buenas y malas noticias.

En España, la historia señala que la figura del cartero estuvo presente prácticamente desde el imperio romano, si bien es cierto, no tenemos datos reales de los primeros portadores de cartas hasta el siglo XIII. Esta primera figura de la comunicación fueron los mensajeros y recadistas, que se dedicaban a llevar el mensaje a pie con cierta regularidad.

Barcelona, debido a su importancia comercial fue un punto importante del desarrollo del correo, que se establece después de que los Reyes Católicos conquisten Granada. La primera estafeta se implanta en España en 1610, que entonces era la conducción de la correspondencia en valijas cerradas.

Los carteros ejercían entonces sus funciones a pie y a caballo, y se enfrentaban a grandes peligros ya que no sólo transportaban cartas, también se encargaban de llevar escrituras o incluso dinero de los grandes señores. A demás de enfrentarse a las duras condiciones climatológicas durante días, estos aventureros postales debían hacer frente al encuentro con ladrones y todo tipo de sobresaltos durante el cumplimiento de la entrega. Los carteros tenían la obligación de andar veinte leguas cada veinticuatro horas, la retribución que recibirían a cambio era de cuatro reales por legua recorrida.

En España será Cataluña el lugar más importante para este gremio. El correo estaba organizado como monopolio postal para las cofradías, pero durante el Siglo XVIII pasa a ser propiedad de la corona.

El desarrollo del transporte marcará los años venideros. En 1850 el ferrocarril revolucionará la forma de entrega de la correspondencia, y será utilizado por Correos para hacer llegar las entregas postales. A medida que la red ferroviaria fue extendiéndose por toda la península, este medio de transporte fue ganando protagonismo, y se logró que a finales de este siglo el correo se transformase en un servicio diario para los Consistorios. Junto a los medios motores y de locomoción se incorpora a la vida del cartero las bicicletas, con las cuales pueden moverse de forma ligera por las rutas, más tardes el automóvil, el avión…Si bien hemos ganado minutos al reloj, hemos perdido ilusión y sentimiento. Las cartas, las letras y aquellos carteros transportaban mucho más que palabras. Las cartas de amor, o las postales que llegaban repletas de sellos y con escasas palabras de emoción y nostalgia van perdiéndose en el tiempo. Internet nos ha hecho rápidos, fríos e impacientes, pero mientras sigamos teniendo buzón, la emoción de recibir una carta de un ser querido seguirá despertando en nosotros lo que han logrado los carteros durante siglos, ilusionarnos.

Hoy Correos cuenta con modernas máquinas, 57.000 empleados que hacen prácticamente imposible que recordemos el nombre del amable cartero que visita nuestro buzón, pero los sobres y los sellos siempre conservarán su encanto.

España tiene más de 7.000 puntos de reparto rural del correo

EL CARTERO RURAL

Durante siglos han sido testigos activos de la evolución del mundo rural. Ellos han sido una pieza clave en el progreso de las zonas más pequeñas y deshabitadas de España. El cartero rural ha sido la figura más vinculada al pueblo y a la tierra, no sólo cumplía con su tarea, muchos acercaban a zonas inaccesibles de nuestro país la prensa y otros enseres de primera necesidad para los vecinos. Su figura ha sido la forma más activa de mantener la tradición. Han sabido seguir la evolución de los tiempos y del mundo rural para cumplir siempre con el pueblo. Aunque han cambiado el caballo por el coche, el tiempo no ha acabado con el importante papel de estos “correcaminos”, y su profesión sigue siendo muy necesaria para los pueblos de todo el país. Recorren cientos de kilómetros pero son conscientes de que lo que llevan en el saco vale mucho más que la distancia, y los vecinos saben reconocer su entrega.  El Principado de Asturias premió en 2012 este mérito, concediendo al Colectivo de Carteros Rurales la Medalla de Plata de Asturias por su inmensa contribución. Mientras que sigan existiendo profesiones tan necesarias y entrañables como esta, no perderemos la esencia del ser humano, la ayuda entre vecinos, las buenas noticias que van y vienen y el calor humano que no puede proporcionarnos una veloz y eficiente máquina.

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Ana Román
Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Especialista en temas de salud y en la comunicación a través de las redes sociales.