EL SERENO

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ÁNGEL DE LA GUARDA

El día 28 de noviembre de 1844 se creó oficialmente en toda España el Cuerpo de Vigilantes Nocturnos. Los miembros que lo integraban pasaron enseguida a ser conocidos popularmente como “serenos” porque durante la noche gritaban desde la calle, para informar al ciudadano que estaba descansando en casa, de la hora que era y del estado meteorológico. En España fue el encargado durante décadas de encender las farolas con la caída de la noche, y vigilar las calles mientras la noche durase. Asimismo, también tenía en su poder las llaves de todos los portales para quien la necesitara durante la noche. “Los serenos eran los guardias nocturnos, los que salvaguardaban la calle. Recuerdo que siempre iban en pareja y después de las 12 de la noche salían, cantaban y anunciaban la hora y el tiempo que estaba haciendo en ese momento”, rememora Pilar Gutiérrez, una riojana de 98 años, quien incluso trata de entonar e imitar cómo canturreaban los serenos. “En mi familia nunca los necesitamos, pero sí recuerdo que si una mujer estaba a punto de dar a luz, se les avisaba, o si alguien tenía que ir a por un medicamento también se les llamaba”, detalla Pilar. Por su parte, el escritor murciano y Doctor en Historia explica que con el tiempo y con la aparición de los despertadores, la norma de anunciar las horas acompañadas del parte meteorológico se fue extinguiendo. “Al principio tenían orden de vocear todas las horas, pero como los ciudadanos se quejaron, terminaron cantando las horas más necesarias, o sea: las cinco, las seis y las siete de la mañana. Así, si el que se tenía que levantarse era un labrador, si anunciaban la hora diciendo: “…y chispeando, granizando, nevando o lloviendo a mares”, como no podía trabajar la tierra, no se levantaba y seguía acostado; pero si por el contrario era alguien que trabajaba bajo techado, estaba prevenido para salir equipado”, manifiesta Galera Gracia.

El sereno es una figura que se recuerda con mucho respeto, admiración y añoranza. Sin embargo, su papel de vigilante de las calles y cuidador de los vecinos fue tan importante que la sociedad española no ha querido desprenderse de esta labor social. Muchas ciudades españolas como Murcia, Málaga, Gijón, o barrios de Madrid como Chamberí, o áreas alejadas de la zona centro de muchas capitales de provincia han rescatado la figura del sereno, como esa persona de confianza que te puede acompañar a casa si te sientes en peligro, o te puede aliviar de cualquier situación.

Al principio, cada sereno fue dotado de un chuzo para su defensa personal, y de una lámpara que llevaban en la mano para alumbrarse a sí mismo y alumbrar a los vecinos. Años más tarde, el chuzo fue sustituido por una porra de goma y el farol, al ser instalada la luz eléctrica en las calles de la ciudad, fue cancelado para que tuvieran las manos libres.

EL SERENO DEL SIGLO XXI

Esta profesión vivió su final en la década de los años 70 del pasado siglo XX, cuando los serenos desaparecieron de las calles. Supuso un punto y seguido, una parada necesaria para actualizarse, innovar y adaptarse a los nuevos tiempos e iniciar nuevamente su andadura el 18 de octubre de 1999 en Gijón, justo cuando se celebra en el santoral católico el día de San Pedro Alcántara, que durante siglos ha sido el patrón de los Serenos. De hecho, en la actualidad es el día que se celebra la festividad de los Serenos de Gijón. A mediados de los años 90 una Asociación de Desempleados a nivel nacional (PM40) planteó la posibilidad de recuperar la figura del Sereno como una posible solución al acuciante problema del desempleo, sobre todo en personas mayores de cuarenta años que encontraban aun mayor dificultad para acceder al mercado laboral. Fue en el año 1998 cuando esta idea se planteó al Ayuntamiento de Gijón, que vio con buenos ojos la idea y dispuso de los medios necesarios para intentar sacar adelante este proyecto. Desde octubre de 1999 Gijón cuenta con una red de serenos y serenas. Marcelino Díaz León es un sereno de Gijón que lleva nueve años desviviéndose por su profesión y, por tanto, con una vocación de servicio público. “Los serenos estamos en la calle como ciudadanos activos”, idea que reitera en tres ocasiones. “Somos como los vecinos de antes, es decir, los que te conocían, te saludaban, se preocupaban por ti. Hacemos muy buena labor. Ayudamos a la gente”, confirma Marcelino Díaz, quien inicia su jornada laboral a las 11 de la noche y finaliza a las 7 de la mañana. Entre miles de anécdotas, en una ocasión este sereno del siglo XXI previno que el camión de la basura se llevara a un chico joven metido en el contenedor, durante una noche de fin de semana.