LA DESPENSA

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El discípulo más famoso de Aristóteles, Alejandro Magno, preocupado por preservar la fortaleza de su ejército trató de averiguar la forma de conservar durante el mayor tiempo posible los alimentos de sus tropas. Las altas temperaturas a las que estaban sometidos descomponían enseguida los alimentos, así que para solucionarlo ordenó construir grandes cámaras situadas bajo tierra. Estas neveras naturales del 329 a.C  fueron el precursor de uno de los espacios de la casa más importante durante siglos, la despensa.

Todos los hogares contaban con una como base de su alimentación, su tamaño variaba en función de la cantidad de miembros de la familia y de la posición social que ocupaban, por lo que podrían ser grandes habitaciones o pequeños armarios. Aunque el tamaño podía variar su estructura, el interior era siempre el mismo.

Era tal su importancia que la construcción de la casa guiaba su orientación en función de este importante habitáculo. Su acceso se encontraba siempre cercano a la cocina, y esta, uno de los lugares más calientes de la casa, se debía situar por esta razón orientada al norte.

El interior de la despensa estaba acondicionado para hacer de este un lugar frío y seco. Para conseguirlo se forraban las paredes de azulejos o de piedra. Ambos elementos proporcionaban al espacio la frescura necesaria para guardar alimentos y conseguir que no se estropeasen. Su limpieza de la despensa debía ser simple y duradera, por este motivo muchos hogares optaban por blanquear las paredes que no eran de azulejo.

Frecuentemente los espacios contaban con una pequeña ventana que se abría para dejar correr el aire, tapada con una malla que evitaba el paso de insectos. El espacio estaba totalmente aprovechado, del techo se colgaban unos ganchos para utilizarlo como percha para conservar lo obtenido de la matanza y todo tipo de carnes para conseguir secarlas antes de que se cocinasen.

La Cilla y el hórreo

Proveniente del latín cella, esta despensa podía encontrarse en los antiguos monasterios benedictinos aunque también existían cillas públicas. De estructura rectangular y abovedada, su dimensión era tal que contaba con dos plantas, ventanas y grandes puertas para que los clérigos pudiesen acceder al interior del almacén con carros.

Tan útil y utilizado como la cilla y la despensa, fueron los hórreos. Esta estructura típica del norte de España se utilizaba para poder almacenar los cultivos del campo como el maíz y la patata. Construidos en madera o piedra, en Galicia se construían de forma rectangular con un tejado de pizarra, en Asturias sin embargo presentaban una estructura cuadrada con tejado de teja.

JOSÉ-MANUEL-REVERTEJosé Manuel Reverte

Con tan sólo diez años y cansado de los mecanos y las pistolas, recibió el día de Reyes una edición infantil del Quijote. Emocionado, inquieto y sentado sobre el suelo, comenzó la lectura del libro. Al cabo de un rato su padre se acercó y le preguntó por qué había señalado y escrito sobre los márgenes de tan preciado ejemplar. El médico, antropólogo e investigador D. José Manuel Reverte ríe ahora con aquella anécdota: “anoté todas las faltas ortográficas que fui encontrando, sin saber que era el estilo y el lenguaje de la época del ilustre Miguel de Cervantes”. Desde aquel instante quedó fascinado por la obra y vida del escritor. Hasta su padre ya predijo lo que acontecería, “hijo mío, algún día escribirás un libro sobre el Quijote”. Y no se confundió. El profesor Reverte ha leído todas las ediciones del Quijote –muchas en las plácidas tardes frente al enorme ventanal de su habitación en Ballesol Parque Almansa– , y entre medias, ha escrito noventa y nueve libros de amplia difusión en la antropología médica, forense… Su libro cien, Antropología médica y el Quijote(IV Edición) se publicó el pasado mes de diciembre. Es también “un tratado de medicina, farmacia y veterinaria, una mina para el que quiera estudiar nutrición”, asegura sentado junto a una extensa y valiosa librería del apartamento de Ballesol Parque Almansa que comparte con su mujer, a la que ve pasar y aprovecha para darla un beso y un mensaje cervantino: “Mi mujer es mi Dulcinea del Toboso… aunque sea de Chamberí”, dice orgulloso y enamorado este profesor, médico, forense… y escritor, ”porque ya estoy escribiendo el libro 101”. De título, “Los criminales y el crimen”.

TARJETA-NAVIDEÑA-GANADORA.DIRECTOR-GENERAL-DEL-MAYOR-ENTREGA-1º-PREMIO-A-LUCIA-FEMENIA2Lucía Femenía

El arte no está sólo en los museos. Dª. Lucía Femenía, más conocida como Luchi desde que llegó hace nueve años a Ballesol Tres Cantos, dibujaba por uno de sus siete hijos lo que la maestra le mandaba.  El único rastro de arte en su familia quedaba para un primo suyo que se hizo asiduo a dibujar cada rincón de la Plaza Mayor. Entre bordados de sábanas y buena maña con la aguja y el dedal, algún piropo le hacía sonrojar: “Luchi, artista” o “vente a trabajar a mi tienda”.

Pero nada que tuviese que ver con la pintura… hasta que llegó a Ballesol. Con la naturalidad y la modestia que definen a esta residente admiradora de Velázquez comenzó a dibujar en los talleres de manualidades sobre una cartulina blanca de la que brotaron trazos de artista. “¿Pero qué callado se tenía usted la facilidad para pintar estas cosas?”, le dijo la terapeuta ocupacional admirada por una postal de navidad en la que resaltaba un portal de belén hecho de  fieltro.

Con esta felicitación, Luchi obtuvo el segundo premio de tarjetas de Navidad de la Comunidad de Madrid el pasado año. La inspiración de esta artista “ocasional” llegó estas pasadas navidades cuando se hizo con el primer premio entre 300 tarjetas presentadas  en Madrid. Con el título Y llegó la Navidad, aquel pueblo imaginario se hizo realidad sobre papel, lápiz y estrellas tan brillantes como la personalidad de esta artista de Ballesol Tres Cantos.

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Ana Román
Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Especialista en temas de salud y en la comunicación a través de las redes sociales.