FRANCISCO SOTO

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Yo contemplaba de pequeño, fascinado, los escaparates de Palomeque que había en la calle Arenal, ya sabes, de arte religioso, con artículos para el culto y, lo importante para el caso, con tallas y reproducciones de cuadros y postales. Y así empecé: copiando postales que reproducían obras del Greco; tenía nueve años, más o menos…

También hubo otra cosa: un familiar que era pintor aficionado. Descubrí que se podía pintar, y aquello ya… pues no me abandonó.” Y a los veinte años, ingresa en San Fernando, en Madrid, y disfruta de un profesor como Mingorance. Y vive la aventura de un verano en París: “Me fui con dinerito paterno, y con un compañero de la facultad; y pasamos un tiempo vendiendo chisqueros por la calle, fíjate, y con éxito…Intentamos poner algún cuadro nuestro, ya sabes, en las zonas históricas, y nos echaron a la primera de cambio…” Acaba la carrera hacia 1965, y pasan casi cuatro años hasta que inaugura su primera exposición en una galería: “Yo presenté un cuadro en un Salón de Otoño, y “los Edurne” se fijaron en él. Iniciamos entonces una relación profesional que para mí fue algo extraordinario.”

UNA PINTURA QUE NO ES PERSONAL

En la Galería Edurne, hemos contemplado, en efecto, muchas de las obras de Soto-Mesa, ese quehacer fundamentadísimo y tan libre a la vez, que es el suyo, que es resultado de su método, su búsqueda y su encuentro formal; esa pintura que no es personal (tan poca cosa es eso…) sino individual: resultado clarísimo de quien no valora la personalidad social, sino el carácter, la vivencia clara y erguida de sí mismo; que ha cultivado su voluntad libre, que desarrolla su don interior como lo hace una semilla, entre el calor profundo y la oscuridad de la tierra y la luz vertical del brote al aire. Su pintura no es una re-acción ante el ambiente, la imaginería de los otros, el medio, el clima artístico, no, no: son las imágenes de esa acción consciente, decidida, fecunda, serenada, que crece poco a poco y que puede exhibir su crecimiento a base de metamorfosis, de evolución pausada, de devenir. Algo, por descontado, poco frecuente hoy día, no sólo en la pintura y en el arte.

A la pintura de Paco Soto, le ocurre como a la poesía de determinados poetas: que no se la conoce teniendo con ella una relación episódica, sino siéndole fiel, acudiendo una tras otra sus exposiciones, y guardando muy bien en la memoria aquello que en cada lienzo nos mostró en la ocasión precedente. Solo así se descubren sus fundamentos y sus propósitos y cuanto en el transcurso ha experimentado; sólo así se disfruta de su distinción entre formación y configuración, por ejemplo, o entre oficio artístico y recursos expresivos. Solo de tal manera podemos incorporar una paleta de color exquisita, resonante, (le gusten o no a uno determinadas gamas, que no es eso…) capaz de extrañas armonías, de intervalos y saltos de nota inusuales, arriesgados, vivos; solo así se comprende y se puede admirar su seriedad, su persistencia, su valoración del proceso creador y la captación de cada paso, este dejar la huella de la acción en los cientos de decisiones que un pintor toma ante un solo lienzo, y acertar… tendiendo bien el oído hacia la obra, levantando la mano, o dirigiéndola hacia algo que no habíamos previsto cuando, precisamente, sentimos que la obra comienza a ser consciente de sí misma… Ese instante de oro que un artista de veras nunca cambia por algo de otro orden.

LA DOCENCIA

En el ESTUDIO SOTO-MESA,  han realizado parte importante de su formación artistas como Lola Vivas, Felicidad Moreno, Nieves Correa y Ofelia García; y son cientos y cientos los alumnos que han preparado allí su ingreso en Bellas Artes, y numerosísimas las personas que han querido y quieren saber cómo se pinta.

Sin demagogias, veamos, le pregunto: ¿Hay que enseñar al que no sabe…, o hay que enseñar a quien quiere saber?: “Yo siempre he tenido muy claro que lo importante, lo más importante, es enseñar a quien quiere aprender, a quien quiere saber… en este caso, el oficio de un pintor, de la pintura; eso, no tiene duda para mí. Después, he estado y estoy muy atento al desarrollo de la expresión de cada cual. Siempre me ha gustado la docencia, desde que comencé dando clases de dibujo en el colegio Calasancio. Hasta hoy. Y ese “hoy” es continuar al frente de la escuela, junto con Pérez-Juana, Lanzillota, Rulfo y Aparicio, y continuar con esa Sala Previa en la que exponen su obra los alumnos, y el haber inaugurado hace unos años la Galería Tercer espacio, dirigida por Rosa Rubio, y el tener un proyecto que comenzará a ser realidad dentro de dos años: la Escuela de artes plásticas, digitales y de acción, a cuyo frente estará su hija Alba Soto, y que incorporará artistas y profesores.  Y ese “hoy” es, desde luego, el seguir defendiendo a capa y espada ese tiempo sagrado para pintar, para seguir pintando, siempre: “Aunque ya no haya en torno a la pintura ese amor que nosotros hemos podido disfrutar durante tantos años, ese clima de fiesta, de apego a las exposiciones que nos gustaban, ¿no te parece?, me pregunta él…

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.