JUÁN DÍAZ

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Los cuadernos de apuntes, las rutas, los viajes…, las vueltas del camino, la caja de acuarelas, la mirada que vibra, que selecciona, que se detiene en la contemplación…, y la voluntad que decide: “aquí”. Y a la tarea. Y la tarea es que, a partir de ese momento, hay que dejar que sean las manos las que “vean”, las que tomen iniciativas, las que piensen y pinten, y que lo hagan amorosamente, sin perder el asombro ni el respeto ni la veneración por lo que se está viviendo y haciendo nacer y renacer: los procesos de las experiencias vitales y artísticas. De lo que llevo escrito, sabe Juan Díaz, quien me dice: “Un buen día, nos encontramos la pintura y yo; y, posteriormente, nos encontramos la acuarela y yo”.

LA TRANSPARENCIA

Ir hacia lo diáfano requiere ir conociendo las características del propio temperamento tanto como ir indagando en las cualidades de las materias, los materiales y los procedimientos artísticos. La transparencia pide plenitud. Pide horizontes largos, perspectivas profundas, vientos de seriedad, acercamientos casi microscópicos y visiones generales de aquello que se observa y se convierte en quehacer, en planteamiento y en tensión artística. Dijo Aristóteles -nos sigue diciendo-: “El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento”. Las ocasiones externas para tal saber son fugaces, pero no lo son los propósitos y las aspiraciones verdaderas de conducirnos artísticamente y de intervenir en la realidad con tensión creadora, ¿no es así?. Y Juan Díaz, a quien acompañó durante años sobre la mesa de su despacho -responsable de imagen corporativa de Iberia- una máxima de otro de los sabios clásicos, Teócrito, que dice “Habla solamente cuando tus palabras sean más importantes que el silencio”, puede responder: “No hay como la pintura, como el arte, para saber quién y cómo es uno…; no hay que luchar ni debatirse como un condenado…, yo creo que es una apuesta permanente y una constante actitud de admiración. Estar alerta y estar abierto. Yo me encontré con la acuarela mientras era alumno de la Escuela de Cerámica, fíjate. Allí es donde se ha dado la formación más pura de esta técnica. Y nunca la he abandonado desde entonces. Después de ser alumno, pasé a la experiencia de ser profesor, y estuve cinco años en otra escuela dando clases. Las cosas que va trayendo la vida, ¿verdad?”Y entre esas cosas, una relación cada vez más interiorizada con la propia vocación, un pensamiento que se dispone siempre a favor de la pintura, de la literatura, de la música y de la valoración vital de la naturaleza encuadrada como paisaje, como elección, como secreto siempre ofrecido para su desvelamiento.

¿DÓNDE TENDRÉ EL PAPEL RUSO?

“¿Dónde tendré el papel ruso?”, exclama de pronto el pintor mientras recorre cuidadosamente su estudio. Y el papel ruso estará cuidadosamente guardado, tan protegido que no da con él… Pero da con los papeles mejicanos y con los indios y con los españoles… ¡Los papeles! ¡Las niñas de los ojos de Juan Díaz! Los mundos, los universos del papel; los papeles…, cada uno de ellos su amigo, su cómplice. “Mira, estos no tienen nada de ácido en su composición, son fantásticos. Y fíjate que textura tan espléndida, con esas virutitas, que les digo a los responsables del taller de fabricación, que en este caso están en San Sebastián, que me las dejen, que me gustan, que las aprovecho… ¡Y fíjate en éste, machacado a mano todo él! ¡Y con este tono natural de base! ¡Llévate, llévate!” Y se desprende de algunos de sus tesoros para que tenga la alegría de poseerlos yo. Juan Díaz experimenta, investiga, encuentra, acoge e incorpora todo cuanto advierte y comprende que favorece a su pintura y a quienes la siguen con fidelidad. Exposiciones en España, Premios, participación en ferias y bienales nacionales e internacionales, muchas de ellas al otro lado del Atlántico, avalan su presencia en la vida profesional desde hace años. Y no hay paso que de sin que suponga una expresión de amor por la pintura, actividad del espíritu humano indispensable para que nuestra vida y nuestra cultura no abandonen los cauces de la verdad y la profundidad.