LA COPLA

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LA ESENCIA DE UNA ÉPOCA. LA HISTORIA POÉTICA DE ESPAÑA

La Copla es la heredera de los viejos romances y se relaciona directamente con las canciones que han servido al pueblo para denunciar abusos, describir costumbres, contar historias más o menos reales y sobre todo, para hablar de amor, de celos y desengaños. Uno de sus elementos inspiradores es el mundo taurino; un mundo de gran colorido que proporciona una temática variada: amores incandescentes, sangre en la arena, desamores, celos…

La Copla expresa de forma vehemente los sentimientos, los amores, los abandonos, los celos y los amores prohibidos. La pasión es el ingrediente que nunca falta. La Copla presenta unas características muy definidas, tiene siempre la misma estructura: introducción, nudo y desenlace de la historia.

La tonadilla, antecesora de La Copla, surge en España en el siglo XVIII como reacción al predominio de la moda francesa en el teatro y la italiana en la música. Este tipo de copla se interpretaba en los salones y fiestas privadas, llamándose a las cantantes tonadilleras. Como tal, nace en los primeros años del siglo XX, con el esplendor del cuplé y como continuación de la tona o tonadilla que era una canción corta, alegre, ligera e interpretada con guitarra que se cantaba en algunos teatros en los entreactos.

Los cafés cantantes y cabarets eran lugares donde se podía escuchar a los maestros del flamenco, a cupletistas de voces atipladas y a las bailaoras de nombres sonoros como la Malena y la Macarrona, pero también a nombres ilustres de la literatura como Antonio Machado que escribía:

Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor…

Según Antonio Barba Jiménez, Raquel Meller fue la más internacional de nuestras cupletistas, tonadilleras, quien cantó por el mundo “La Violetera”, “El Relicario” o “Flor de té” convirtiendo en devotos a casi todos los intelectuales de la época: Manuel Machado, Mariano Benlliure, Joaquín Sorolla, Rusiñol, Pemán, Marquina, González-Ruano, Eugenio D’ors, Aldous Huxley, Charlot o Rodolfo Valentino.

Pisa morena, pisa con garbo, que un relicario, que un relicario te voy a hacer…

Otras dos mujeres aparecen en la escena: Imperio Argentina y Doña Concha Piquer, ésta última de la mano de Quintero, León y Quiroga, con éxitos como “Ojos Verdes”, “La Parrala”, “A la lima y al limón”, “No te mires en el río” o “Tatuaje”, convirtiéndola en la indiscutible señora de la copla.

Mira mi brazo tatuado con este nombre de mujer, es el recuerdo del pasado que nunca más ha de volver…

LA COPLA Y LA GUERRA CIVIL

Con la llegada de la Guerra Civil, la familia de La Copla se partió en dos: Miguel de Molina y Amonita Colomé cantaban en el frente “rojo” y Concha Piquer y Celia Gámez lo hacían en el de los nacionales. “Pasan los años de la Guerra Civil, convirtiendo las “mancebías” en “quicios de mi puerta un día”, sin embargo las coplas continuaban teniendo letras ambiguas y heterodoxas de “otras”, de amor prohibido, “oscuras clavellinas que van de esquina en esquina”, o “salvaoras que pierden pa to la vía al que de tí se enamora”, tal y como puntualiza Barba Jiménez.

Los espectáculos de coplas solían estar firmados por un trío de autores: el letrista, el compositor y el autor del libreto del espectáculo. Los tres que han quedado como máximos autores de la copla son Rafael de León, Manuel López Quiroga y Antonio Quintero, este es el famoso trío Quintero, León y Quiroga, los que se puede considerar máximos autores de La Copla.

Con la dictadura franquista la copla vivió una época de oro. La gente de a pié se volcó con las únicas artistas que no eran cuestionadas por el régimen: las tonadilleras, mujeres que, entre líneas y de forma sutil, trataban temas prohibidos.

La identificación que se hizo de copla y el Franquismo llevó en los primeros momentos de la Democracia al estancamiento y declive del género: algunos sectores sociales lo consideraron como algo característico de la España más retrograda y menos Europea. La Copla resurgió en la Expo’ 92 de Sevilla, con el espectáculo Azabache, que resumió su devenir, reuniendo artistas pertenecientes a diferentes generaciones, como Rocío Jurado, Juana Reina, Nati Mistral e Imperio Argentina. No obstante, no se debe olvidar la gran labor que realizó Carlos Cano en la revitalización de la copla.


ANECDOTARIO

CONCHA PIGUER

El 13 de septiembre de 1922, interpretó la canción El florero, del maestro Penilla, en el entreacto del estreno de la ópera El gato montés, en Nueva York, con tanto éxito que allí la denominaron Te flower’s boy.

IMPERIO ARGENTINA

Cuentan que su debut artístico lo hizo con cuatro años en el bonaerense Café Armonía, y que como premio recibió leche merengada.

JUANA REINA

Su primer espectáculo llevaba por título Los Churumbeles y fue montado por su padre con un préstamo de 125 pesetas que le dejó un familiar.

JUANITO VALDERRAMA

Durante la guerra civil se alistó en un batallón republicano, en el que llegó a organizar unos grupos flamencos con artistas del frente, actuando para combatientes y heridos de guerra.

ESTRELLITA CASTRO

A los 12 años actuó ante los Reyes, Alfonso XIII y Victoria Eugenia en una fiesta que se celebró en los Reales Alcazares de Sevilla. La reina queda tan complacida por la actuación que le preguntó que desearía poseer el día que llegase a artista. Ella le respondió que un mantón de Manila y una pulsera de brillantes.

LOLA FLORES

En 1952 viajó a México, donde rodó Pena, penita pena y Los tres amores de Lola, actuando además en la sala Capri de la capital mexicana con emolumentos propios de una gran estrella internacional.

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