La historia de la meteorología

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Un viaje a través del tiempo

Hablar del origen de la meteorología es desempolvar siglos de historia, curiosidades y predicciones. Ya lo avisaba Aristóteles en tres de sus obras, Acerca del Cielo, De la generación y la corrupción y Meteorológicos, en las que abordaba la interpretación de los fenómenos meteorológicos de manera especulativa, pero no su predicción.

La adivinación del tiempo era también practicada en la Edad Media utilizando  una serie de signos encontrados en la paletilla de un cordero o su lectura en el esternón de un ganso. Entre los signos útiles para el pronóstico del tiempo,  el astrólogo José Luis Pascual Blázquez también clasifica en un estudio los derivados de la Observación del Sol, la Luna y las estrellas, pero también de las plantas o materiales no vivos (suelos, paredes, hollín, ríos, pozos, etc). Al igual que los tipos de nubes y lugar de aparición.  Sin embargo, la Meteorología astrológica ha sido la más completa y científica de todas.

UN POCO DE HISTORIA

En Egipto  sus habitantes se  guiaban por las estrellas para saber si se avecinaba épocas de incesantes lluvias o de sequías. La aparición de algunas constelaciones indicaban las fases de inundación y sequía. La egipcia fue precisamente una de las civilizaciones que más avances logró en el ámbito de la astronomía.

El renacimiento trajo consigo la invención de instrumentos clave para conocer las predicciones del tiempo. En 1600 Galileo Galilei inventó el termómetro, y cuarenta años después uno de sus discípulos hizo lo propio con el barómetro.

En 1854 se creó el Instituto Meteorológico británico, en el que se ofrecían previsiones basadas en los datos del barómetro y otros instrumentos. Empieza en este momento la etapa de la modernización tecnológica, aunque los meteorólogos de principios del siglo XIX no eran capaces de dar pronósticos de más de un día de antelación, por la falta de medios.  Fue la creación del telégrafo lo que logró fluir las comunicaciones y mejoras en los pronósticos.

En 1950  los análisis meteorológicos se realizaban a través de sondeos. Con las limitaciones técnicas se alcanzó en ese momento el límite técnico, hasta que apareció “la fábrica de pronósticos” 64.000 ordenadores con los que había soñado el matemático Richardson. Su sueño no pudo cumplirse hasta la segunda guerra mundial, pero gracias a esta idea los servicios meteorológicos pudieron avanzar mucho.

La ya desaparecida URSS fue un paso por delante al querer tener un pronóstico real de la Tierra desde el espacio. En 1960 lanzaron el primer satélite meteorológico al espacio. Hoy en día la meteorología está perfectamente controlada por estos satélites, capaz de adelantarse en el tiempo, y a los que pocas cosas se les escapan.
Pese a la tecnología, el encanto de mirar el cielo, las plantas e intuir cuando llegarán las lluvias por el comportamiento de las nubes nos acompañará siempre, pues como bien dijo Copérnico “la naturaleza nunca hace nada superfluo, nada inútil y sabe sacar múltiples efectos de una sola causa”.


REFRANES METEOROLÓGICOS

La observación cotidiana del clima, especialmente por los pastores y labradores, ha dejado breves sentencias fáciles de aprender y recordar. Los refranes meteorológicos hacen referencia a un tiempo y un lugar determinados. “La lluvias de abril traen las flores de mayo” o “Nunca llueve a gusto de todos, aunque llueve de todos modos”.
Muchos de estos refranes también aluden a la posibilidad de llover tras los vientos del este. “Nordeste duro, vendaval seguro. Tanto viento como haga, tanta agua”. Si miramos a la luna también podremos predecir el tiempo con una breve cita. “Si  la luna el cuerno ha perdido, no lo encuentra hasta después que ha llovido”. Contemplar los animales también ha ayudado a pastores y labradores en sus labores. “Si el buey se duerme, agua o nieve viene”.

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