LA SABIDURÍA DE LAS CUATRO ESTACIONES

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¿A quién no le afecta el tiempo? El viento cuando sopla de Poniente o Levante, según en qué parte de España estemos, nos altera…  Todo lo relacionado con el tiempo nos acompaña. Salimos a la calle y ya en el ascensor hablamos del tiempo con el vecino. El eterno frío, las alergias y el calor insoportable que no nos deja conciliar el sueño en verano son algunas situaciones que corresponden a temas estrella de conversación. Y cuando no es la meteorología directamente, las estaciones del año dan coba. Y es que con la primavera la sangre altera y el vocabulario se enriquece con ella y con el resto de estaciones. Todo lo vinculado con las estaciones del año forman parte de nuestro rico lenguaje. Seguro que alguno de los lectores ya habrá escuchado “invierno frío, verano caluroso”, “frío en invierno, calor en verano, esto es lo sano” porque este invierno será recordado porque no cesaba la lluvia, sobre todo en la zona sur de España. Y es que más de un andaluz habrá afirmado en este 2010: “la primavera pasa ligera, al revés que el invierno, que se hace eterno”.

Las palabras que acompañan a las estaciones son sabias porque nos predicen el tiempo, nos mencionan las características del clima, nos sugieren el estado de la estación del año o incluso acompañan a algún Santo. Son toda una enciclopedia meteorológica. Por ejemplo, en invierno podemos decir “agua de enero cada gota vale un dinero” para explicar que en enero suele ser un mes muy lluvioso. “Por san Antón media hora más de sol” significa que los días van alargando poco a poco. En verano la riqueza léxica del español nos regala dos ejemplos de refranes: “el verano que más dura, buen invierno asegura”, que denota que si el verano se alarga demasiado, el invierno vendrá con mucha agua. “A invierno lluvioso, verano caluroso” y “buen tiempo en junio, verano seguro” son dos refranes que predicen claramente cómo puede aterrizar la estación que arranca el 21 de junio porque “en junio el día veintiuno es largo como ninguno”. “El otoño verdadero, por San Miguel (29 de septiembre) el primer aguacero” y “mucha agua en la otoñada, poco trigo y menos cebada” son otros dos ejemplos que responden al mes otoñal para anunciarnos que si llueve en exceso, los frutos pueden verse afectados.

Los pescadores, los agricultores, las personas de la tierra son quienes mejor pueden predecir una estación, con permiso de los meteorólogos profesionales. Es incuestionable la sabiduría de los hombres y mujeres que trabajan en el entorno natural.

Los refranes nos hablan de la duración de los días: “la primavera pasa ligera, al revés que el invierno, que se hace eterno”, “veraneando se va el tiempo volando” o “en el verano hay día para casarse, enviudar y volverse a casar”, es decir, que los días estivales son tan largos que pueden cundir en exceso. También hay otros que comunican los efectos negativos de las estaciones del año para algunas personas: “tan malo es para los niños el verano, como el otoño para el anciano”, “en otoño y en invierno tiembla el enfermo”, “otoño e invierno malas estaciones para los viejos”. Hasta las estaciones nos manifiestan el tipo de comida que mejor nos conviene, según la época del año, como “por primavera el pescado y en invierno el estofado”.

Hemos hablado al principio de la lluvia, pero se nos olvida citar los efectos positivos de la lluvia en la estación otoñal, ya que “otoño lluvioso, año copioso”; no ignoremos que “en verano lloverá, mas primero tronará”. Y aprovechando que estamos en verano, no nos llame la atención si alguien menciona que “el sermón y el zamarro no son para el verano”, porque ambos pueden resultar  pesados para esta época del año.

Ya el refranero popular nos anuncia lo negativo que es el cambio climático para nuestra salud y lo pernicioso para los frutos que nos da la naturaleza porque “cuando en verano es invierno, y en invierno verano, nunca buen año”. Y si tuviese música este artículo, qué mejor que incorporar “Las cuatro estaciones de Vivaldi”.