LAS MÁQUINAS DE ESCRIBIR

0
393

UNA HISTORIA CON MAYÚSCULAS

Durante este siglo tres han sido los artilugios de escritura que han revolucionado la imagen del texto… el bolígrafo, la máquina de escribir y el ordenador. Desde que se inventase la escritura, no hemos parado de hacerlo. Atrás quedaron las tablas, los papiros, las paredes, las plumas, la tinta y cualquier uso que cumpliese esta función. Sin duda alguna, la máquina de escribir constituye una revolución absoluta para la escritura.

Henry Mill realiza la primera máquina de escribir para la reina Ana de Gran Bretaña en el año 1714, la siguiente patente no llegaría hasta un siglo después. No sería hasta las primeras décadas del siglo XIX cuando la máquina de escribir alcanza la forma con la que hoy la recordamos. Progin creaba por primera vez una máquina que incorporaba para cada letra o símbolo, palancas separadas. Durante dos siglos la máquina de escribir ha sido una herramienta indispensable para los escritores y oficinas. En los años ochenta los ordenadores pusieron la funda para siempre a las máquinas que tan fácil habían hecho nuestra escritura. Olvidarnos de la que fuera nuestra mano derecha durante tantos años fue sencillo, el ordenador era mucho más rápido e incorporaba muchas más funciones, como la autocorrección o la posibilidad de guardar el archivo, borrarlo y modificarlo cuantas veces se nos antojase.

La escritora Nuria Amat define la escritura como el circuito animado y sensible que da de un extremo a otro del cuerpo, circulación del impulso de la escritura por la senda que transporta hacia la mano el duende que habita en el pensamiento. Durante mucho tiempo este duende ha tenido un sonido de teclas un tanto especial, armonizado por el “clin” del carro, que nos transportaba a una nueva línea.

El paso de la escritura manual a la máquina de escribir fue muy importante, se trataba de un invento accesible, eficaz y válido para la creación rápida de documentos, pero como todo, esta revolución también planteó problemas. Que los documentos dejasen de tener aquel identificativo que era la caligrafía a mano supuso un cuestionamiento jurídico de credibilidad. Las administraciones cuestionaban la validez y la integridad del documento como se cuestionó en su momento la validez de los correos electrónicos. El rechazo duró casi cuarto de siglo, dando paso al descubrimiento de lo que facilitaba el trabajo aquel artilugio con teclas.

Lo cierto es que la primera máquina de escribir que se comercializó fue todo un éxito de ventas, pese a que permitía que la escritura fuera únicamente en mayúscula su tamaño era desmesurado y su precio muy elevado. Debido a estas características que presentaba la versión creada por Rémington esta fue una máquina utilizada solo por la clase alta.

Las nuevas versiones eran cada vez más cómodas y con un diseño más discreto. Tal fue la discreción que decidieron crear un modelo que eliminase el sello distintivo de la máquina de escribir, el sonido. Curiosamente, aquella iniciativa no fue aceptada por el público, quién dejó entrever que el encanto de aquel artilugio era también el sonido que desprendía.

Compartir
Artículo anteriorFLAN DE QUESO
Artículo siguienteMARÍA DEL CARMEN LÓPEZ MORANO
Ana Román
Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Especialista en temas de salud y en la comunicación a través de las redes sociales.