LORETTA POLGROSSI

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Al pronunciar el nombre y el primer apellido de esta artista nos vemos obligados a hacer una parada mínima  -la doble “t”-  y luego proporcionarle a nuestro  aliento  -la doble “ss”- determinada intensificación. Para que la emisión resulte correcta es necesaria una dosis de impecabilidad, para evitar que los sonidos se tornen descuidados e irrespetuosos.

Pues bien: contemplar obras de Loretta Polgrossi, sentarse a hablar con ella del arte y de la vida, así como de su arte y de su vida, requiere de las mismas decisiones, una parada, un alto que reúna la atención, y una disposición  a aventurarse en diversos niveles de la experiencia y el entendimiento.
Loretta Polgrossi es una italiana nacida en Bagnacavallo, cerca de Ravenna, que se enamoró de nuestro idioma a través de los poemas de Lorca y que se vino a nuestro país para paladear uno por uno cada adjetivo lorquiano en sus sonidos maternos. Dice: “Vine desde Berlín, donde estuve viviendo dos años. En mi país tuve una profesora estupenda que nos leía a Lorca en italiano, claro está, y yo sentía y pensaba que si esos versos me conmovían tanto traducidos… ¡cómo lo harían en su idioma original! Ahí se fraguó mi expectativa y mi decisión. La riqueza del Español es fascinante, su variedad, sus posibilidades expresivas y significativas…, parece que la dimensión de este idioma no se agotara nunca…”  Y se vino, inicialmente a Valencia y luego a Madrid, donde se afincó, se enamoró, vivió el idioma y la vida española, trabajó como traductora para líneas aéreas –hablaba y habla alemán y francés, mas su italiano-, y retomó a fondo su actividad artística, repartida entre la cerámica, la escultura y la pintura, montó un estudio-taller y, llegado el momento,  realizó su primera exposición, que fue en la Fundación Gregorio Sánchez de Madrid.

CON FAENZA AL FONDO

“Siempre, desde pequeñita, viví entre materiales muy diversos, entre los que elegía tejas, piedras, baldosas, ladrillos, cementos… –mi padre era constructor- para pintarlos, manipularlos o modelarlos, obritas que me compraban los amigos y los vecinos. Luego, estudié en Faenza. Cuando vine a España comencé a aplicar aquí los procedimientos y estilos de allá, alquilé un laboratorio, di clases y amplié mi actividad. No tuve como otros artistas un descubrimiento de mí misma de manera consciente, porque viví esa actividad como algo natural, diario, unido a mí desde muy niña. Seguramente, también de aquellas primeras experiencias proviene mi manera de considerar que no hay nada feo, que lo bello es a veces muy sencillo, que es ese punto donde está la huella del manipulador, del artesano, del artista, de quien maneja sabia y amorosamente una materia. Y si se parte de algo objetivamente feo…, pues resulta que la misma fealdad te va diciendo cómo encontrar y extraer de ella su belleza.  Finalmente, es esa tensión que hay entre los extremos, esa tensión que busca el equilibrio lo que me inspira, lo que me mueve, me conmueve y me hace feliz en el arte.”
Así, de este cariz, son las respuestas de Loretta Polgrossi a mis preguntas, informa, comenta, interpreta, reflexiona y lanza la flecha de su sensibilidad, su pensamiento y su sentimiento al aire del arte, de la imaginación, del espíritu y de la vida. Extensamente, me habla, entre otras cosas, de la larga experiencia de diez años dedicada a colaborar con la empresa Cementos Hispania para crear con yesos, cementos y hormigones toda una “Poética de la Materia”, un proyecto cumplido, interesantísimo, transformador, urbano, llevado a cabo en Yeles, Toledo, y que hoy puede vivirse y dejar que influya sobre nuestra alma, celebrando a cada paso que como parte de su trayectoria, de sus exposiciones, de sus abarcadores conocimientos, empeños y dedicaciones –entre ellas la dimensión terapéutica del arte-  Loretta Polgrossi se planteara un buen día un reto tal.

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.