LUISA PALLARÉS

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De las que están en la historia, dos son las obras de pintura que mayor impresión han hecho en el ánimo observador de Luisa Pallarés: una, vista en el Rijksmuseum, “La lechera”, de “La esfinge de Delf”, de Wermeer, el enigmático; otra, un pequeño gran cuadro de Juan Gris contemplado en la Galería Theo, en Madrid. ¿Por qué? “Pues por la calidad inmensa de las obras. En el caso de Vermeer, principalmente por la atmósfera, que me dejó estupefacta; en el de Juan Gris, por la composición, los tonos, el empaste… Bueno, y por todo cuanto se puede sentir y casi no se puede decir…” La atmósfera, la composición, los tonos…

Se suelen admirar principalmente las obras que despiertan, descubren o coinciden con nuestras aspiraciones.

Y así resulta en el caso de esta pintora: por un lado, su decidido interés por la práctica de las veladuras para conseguir “lo atmosférico”; por otro, el empeño en el mejor entendimiento y expresión plástica de las dificultades técnicas, canónicamente aprendidas, valoradas y practicadas. Así responde a mi pregunta de cual fue su mayor descubrimiento técnico a lo largo de la carrera en la Facultad de Bellas Artes, y si hubo otros equiparables una vez licenciada: “Durante la carrera, lo más importante para mí fue el entendimiento y la práctica, con Bonatti, de los grises neutros, fue la llave para internarme con seguridad en el mundo del color; luego, tuvo una importancia enorme el descubrimiento de las veladuras tal como se practicaban en el siglo XVII; a ello llegué a través de una pintora francesa que entonces vivía en España, Françoise Menard, que es una maestra en su aplicación, como saben muy bien la galerista Rina Bowen y los coleccionistas de sus obras”.

Se trata de las veladuras cuya emulsión incluye el agua, se trata de las que tienen menos aceite que cuando se pinta “a la prima”, de forma que la tela, al paso del tiempo, se deteriora menos y los pigmentos no pierden capacidad de adhesión. En el buen sentido, Pallarés tiene un cuidado académico a la hora de llevar a cabo sus cuadros. De ello, se benefician sus alumnos, que no desatienden el dibujo, el encaje, los grises neutros, el color, la mancha, el bodegón, el carbón, el pastel, la acuarela, el óleo…, pasos y pautas clásicas en el aprendizaje de la pintura.

CON EL MISMO LÁPIZ…

Su primera exposición individual en galería fue en la “Berruet”, Logroño, en 1988; luego, en 1990, mostró sus obras en la R.C.A. Gallery, de Ámsterdam. Finalmente, desde 2006, expone regularmente en la galería Rina Bowen, en Madrid. De aquí a un año, inaugurará en ella su próxima exposición, “Caminar”.

Con el mismo lápiz, Pallarés escribe, y el poemario “Dos Vidas”, publicado en 2006, da cuenta de ello. “Siempre, desde pequeña, he dibujado y he escrito `mis cosas´, sin pretensiones de nada durante muchos años. En determinado momento, tuve que elegir… no ya un medio de expresión, sino un medio de vida. Me di cuenta de que… de la poesía, ¡ay!, nunca podría vivir, y me decidí por la pintura, de la cual vivo hoy dando clases. Fue una elección acertada para mí y de la cual me alegro mucho. Pero nunca he dejado de escribir, desde luego. Y hoy…, incluso…, puede decirse que la poesía gana cada día más terreno en mi ánimo y en mi atención.” En un nuevo libro, podremos leer poemas en los cuales Luisa Pallarés mostrará sin duda su acuerdo con esta subrayada afirmación de José Ángel Valente que dice: “El estilo es la necesidad”. ¿La necesidad… tomada en el sentido de capacidad de auto-conocimiento? Seguramente. Y, desde luego, hecho imprescindible, artísticamente expresada; con gran respeto por sus esencias y por sus hechuras, por su sentido y por su dimensión.

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.