MARCOS TRINIDAD ROMERO

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ENTREVISTA A UN PASTOR

Marcos Trinidad Romero, de piel curtida y morena, es un pastor cordobés de 33 años. Lleva once años ejerciendo el oficio de pastor. Se siente pastor porque disfruta con lo que hace. Una razón de peso le incitó a dedicarse a esta profesión singular. “Necesitaba dinero y hace más de diez años el trabajo estaba muy mal. Me busqué esto”, argumenta Marcos. Vestido con un mono azul, no se deshace de su gorra que le quita el sol abrasante del Sur, viste un buen calzado (normalmente de piel de becerro) para sus largas travesías diarias y, por supuesto, el inconfundible cayado es todo lo que precisa. Una mochila es su última indumentaria, donde guarda la comida y el agua para el día.

Un amigo suyo de Obejo (en la provincia de Córdoba), llamado Pepe Rico, fue quien le sumergió en el mundo del pastoreo y la naturaleza durante un verano. En este sentido, Marcos recuerda con nostalgia aquellos días de aprendizaje continuo: “Me quedé con él una temporada y me fijaba cómo lo hacía”.

La vida del pastor es muy dura. Lo más peligroso son los rayos

Al parecer, su amigo Pepe Rico le advertía sobre las adversidades del oficio. “Pepe ya me avisó que ser pastor es muy duro. Me decía: “Piénsatelo…, que la vida es muy mala…”. Pero, ¿por qué es duro el oficio del pastor? “Sufrimos el calor, la lluvia y sobre todo cuando hay tormentas nuestro peor enemigo son los rayos. Aquí no tengo días de descanso. Si estás malo, hay que seguir trabajando”, insiste Marcos. “Los rayos son lo más peligroso. Una vez los rayos mataron a cuatro ovejas de mi amigo de Obejo, y él se tiró del caballo para que no le alcanzara el rayo”, narra el pastor cordobés. Y en un lugar como Córdoba, en verano se superan los 40 grados y en invierno se rozan los cero grados.

“A mí me resulta muy bonito. Disfruto mucho en el campo. A mucha gente esto no le gustaría nada”, expresa el pastor. A Marcos le gusta la naturaleza, el contacto directo con los animales, la tierra, el aire, el sol y sobre todo las ovejas, sus compañeras de jornada. Estas sensaciones sólo se las ofrece su oficio. Unas jornadas laborales completas, todos los días del año de 8 a 9 de la noche, sin apenas descansar ni disfrutar de vacaciones. Un oficio nada sociable, pero a Marcos parece que no le da importancia. Él se encuentra feliz con su rebaño y sobre todo con su “colega” Linda, el perro pastor que se encarga de guiar y reconducir al rebaño, cuando alguna oveja se desvía.

Cuando sucede esto, que es la rutina de todo rebaño, Marcos controla, sin dar sensación de inspección y supervisión, las ovejas que se distraen y reconduce con sutileza el rebaño. ¿Cómo lo consigue? Marcos silva y chifla de manera simultánea. Y quien pasa una tarde con él, contemplando su entorno y su trabajo, se asombra de esa habilidad y destreza. Esta convivencia con la naturaleza desde hace más de una década le ha permitido a Marcos desarrollar una facultad interesante. Nos cuenta que sabe predecir el tiempo de mañana, si va a llover o va a cambiar el tiempo, según el comportamiento de las ovejas. “Sé cuando va a llover o cambia el tiempo porque las ovejas dan saltos muy altos”, exclama Marcos.

Gratificante soledad

Pasar una tarde con Marcos, en plena Sierra Morena en Córdoba, permite darse cuenta de la vida solitaria de un pastor, de la sensación de paz y tranquilidad que regala la naturaleza, que tan solo se escucha el zumbido del viento y los cencerros de las ovejas grandes del ganado. Este sosiego envidia por momentos hasta la persona más urbanita. Esta soledad se rompe cuando Marcos se encuentra con otros pastores, aunque cada vez se ven menos, bien se topa con vecinos de las fincas de la Sierra, o bien saluda a los ciclistas montañeros.

Ahora mismo tiene un rebaño de 400 ovejas, la mayoría están preñadas. A veces ha llegado a tener 700 y ha pastoreado hasta 1.400 ovejas en Sierra Morena. Y asegura con energía que nunca se le ha perdido ninguna oveja, “pero hay que estar muy atento porque no pueden llegar al trigo ni a los campos de naranjos u olivos. Se lo pueden comer todo, y ¡nos tocaría pagar!”

Ahora es él quien daría el consejo de pensarse bien este oficio, como hizo en su día su maestro. La experiencia le ha hecho madurar. “Solo una vez se ha acercado un chico a informarse e interesarse. Yo siempre le digo que se lo piense, que si puede buscarse otra cosa que la consiga. Esto es muy duro. Hay mucha gente que me dice “¡qué bien viven los pastores!” y yo pienso: que se pongan ellos a pastorear en condiciones climatológicas malas”, concluye Marcos.

La entrevista le distrae y nos deja porque alguna oveja se ha desviado del rebaño. Chifla, silva y de nuevo tiene a las 400 ovejas bien controladas.

Una profesión en peligro de extinción

La de pastor es una profesión asidua del Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura, un documento del Servicio Público de Empleo Estatal donde se recogen, de forma periódica, los oficios para los que apenas hay demanda. Desde la Federación Estatal de Pastores, una entidad de ámbito nacional, se recuerda que el oficio no sólo contribuye a fijar la población en las zonas rurales, sino que es también un medio para “conservar los ecosistemas”. La entidad está trabajando para evitar que los ganaderos abandonen la actividad, para lo cual se plantea la puesta en marcha de una escuela de pastores que tendría su epicentro, inicialmente, en la Sierra de Gata, en Extremadura, para extenderse después a otros lugares del país como una forma de garantizar el relevo generacional en la profesión. Entre los objetivos de la Federación figura:

  1. “Dignificar el sector” con una mayor implicación estatal.
  2. Aumentar la especialización y profesionalización.
  3. Potenciar los productos del pastoreo -la carne, el queso, la leche- como artículos de calidad reconocida.
  4. Solucionar los problemas que afectan a la trashumancia.
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