MARTA IGLESIAS

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ARTISTA

En el invierno del noventa y seis, ella escribe que pinta, por ejemplo, “… a un malabarista en medio de la pista…” Y en el otoño,  “Serie de hombre con pipa y mujer con collar. Interconexiones. Superposiciones.” Y asimismo, es capaz de expresar que está sintiendo nada menos que esto:  “Simetría y perplejidad”. Y también, que sentada en una montaña, percibiendo su propio reposo, que “…un pájaro se posa en las rodillas y toda la montaña se estremece”.

Y de esta manera nos ofrece precisas notas autobiográficas, de cuando estaba en Méjico: “Encuentros con una fuente, con un caserón, con una plaza y un callejón. ¡Viva Santa Prisca de todos los Pavimentos! Navidad en Aguas Calientes” Y: “Yo soy yo, tú eres yo, yo soy tú, tú eres tú. El amor, que es tan anónimo… Mi dueño es aquel halcón que vuela alto. Mi dueño es aquel león que está en la selva.” Y en cuanto a la experiencia geométrica, al color y las formas y a la tarea diaria en su taller, anota: “El cuaderno en la escalera, el cuadrado en el triángulo y en el pentágono el círculo. Los rodean cuatro vértices que elevándose hacia el cielo dejan un punto en medio… El color azul puede llegar a cambiar la personalidad, el color azul cambia la vida… Necesito dinero para materiales, es lo que necesito…” Y, como última muestra de parte de la forma de sentir, de pensar, de escribir, de ensoñar y vivir que tiene Marta Iglesias, les transcribo esta caracterización que caligrafió muy cuidadosamente: “Era una mujer de mirada lejana e inaccesible, con un peinado complicado y una inteligencia indudable…”
Son muchos los pintores actuales en España que sienten el impulso y la necesidad de escribir, al hilo de sus días y de sus obras, sobre su actividad, su soledad, sus realidades, sus visiones y sus anhelos. Muy pocas veces tales escritos se destinan a otros que no sean ellos mismos, mas cuando se logra que los confíen circunstancialmente a otras manos… en muchas ocasiones hubiéramos  preferido no leerlos porque son insinceros, o insuficientes, o pretenciosos o turbios, yo qué sé… Pero excepciones como las de estos registros de escritura de Marta Iglesias son tan jugosos, tan poliédricos, tan veraces, tan esclarecedores en cuanto a su quehacer, a su individualidad y a sus vivencias que aparecen con un singular brillo satinado y logran que la unión entre uno y otro arte sea magnífica.

Vidas extraordinarias…

En 1974, con ocasión de una de sus primeras exposiciones, celebrada una sala “de veraneo”, a los veintiún años, recién aprobado el primer curso de Bellas Artes, un periódico transcribió esta caracterización de Marta Iglesias, debida a la pluma de uno de sus amigos: “Con el tiempo, tendremos a una gran pintora, una buena madre de familia, o  una loca.” Y resultó: es una gran pintora, es una buena madre de su familia artística, y es una loca, sí: un ser humano que respira su libertad, con criterios sentidos y pensados, que vive su originalidad como una ofrenda a la cual a su vez se siente agradecida, que no sabe abonar lo establecido y que se aventura con toda su alegría y sus pesares en la gran aventura del arte y el destino de lo humano.

No hay vida que no sea extraordinaria más, a partir del Romanticismo -y un poco antes también, desde las “Vidas” de algunos creadores ya en el Renacimiento que nos legó Vasari- quienes no son artistas siempre esperan que las de los artistas sean bastante  más extraordinarias, que tengan tintes insospechados, que estén llenos de riesgos e incluso de peligros, trayectorias vitales plenas de decisiones valerosas, de aciertos magnos y de equivocaciones inconfesables… y así es en ocasiones, así es. Pero eso hay que vivirlo.  Si les informo, por ejemplo, ahora, de cuántas, dónde y cómo han sido las numerosas muestras individuales y colectivas de esta artista dentro de España y fuera, de las menciones, selecciones, certámenes y premios, becas y estancias de investigación artística logradas, de sus estudios, cursos, titulaciones y áreas a las que ha dedicado su atención y de sus preferencias expresivas, les estaré informando de aspectos importantes, desde luego, pero que al cabo pueden olvidarse y nada pasa: son casi  los adornos externos de una vida de artista –pintar, fotografiar, emplazar sus figuras en el aire, aprender qué pasa ahí, en la cerámica en pleno Sargadelos, rodearse de sedas y aprender a pintar con las técnicas precisas, trabajar cinco años en el estudio de arquitectura de Rafael Fernández de Capel, colaborar, sentirse en ese ámbito profesional   del Diseño en la firma “Now by María Freire” como está haciendo en la actualidad, y tener aún ahí, en el horizonte, para septiembre de este año en la galería Metro, de Santiago, una exposición grande…-, de una vida de artista, les decía, que es capaz de decir que ella ve el triunfo pues “a rayas violetas y naranjas”, y que a cada minuto se emociona con lo que está aprendiendo y aprehendiendo de su inmersión profunda y minuciosa en “Dibujo de Formas”, ese legado de Rudolf Steiner puesto en circulación por otro Rudolf –Rudolf Kutzlí, en Les Trois Arches- con el estudio y el aprendizaje de la vida y el arte, del amor y del arte, de la vida…, del arte de intentar saber, sentir, querer vivir e imaginar qué pueda o deba ser el Arte, y qué la Vida, y sobre todo: cómo respetar, entre lo conocido y lo desconocido todavía, al Arte y a la Vida, en cuanto a ella le ha correspondido, para no ser llamada, en vano, artista.

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Carmen Pallarés
Escritora, periodista y escultora española, nacida en Madrid en 1950. Realizó estudios de Filosofía, Periodismo y Artes plásticas, para dedicarse profesionalmente a la crítica periodística (en la radio y en la prensa escrita). Dotada de una gran sensibilidad, tiene una gran gran obra escultúrica y, sobre todo, poética.