UN CORAZÓN A PRUEBA DE FUEGO

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Se casó con la mujer de su vida y ejerció como bombero. Dos decisiones convertidas en pasiones que años después repetiría con los ojos cerrados. Tiene muy presente a sus hijos, Nieves y Jesús, a los que también les dedica esta historia que él mismo comienza. “Me llamo Jesús Navarro y tengo 87 años…” Espléndidos y lucidos, apostillamos. La guerra civil marcó su vida y la de su familia. “No he sido niño”. Y así lo justifica. Con seis años ayudaba como tornero de madera ganando dos pesetas diarias, “y una más por ser buen chiquito”, recuerda con una sonrisa pícara que de bombero cobraba más de 700 pesetas al mes. “A los siete años empecé a trabajar como botones en el Hotel Oriental de Valencia, como ante las necesidades te haces listo, conseguí comisiones del sastre y el zapatero por llevar la ropa y los zapatos de las coristas del teatro Apolo.

«Cuando llegué a Ballesol le dije al director que estaba a su disposición en lo que pudiesen necesitar mientras mi salud y mi corazón aguante»

También a los taxistas por llevar clientes… incluso el dueño del bar Royalty me ofreció vender tabaco en el hotel”. Eso sí, “pobre era en avaricia y hambre pasaba toda la que quería” porque lo que ganaba se lo daba a su madre. Se sincera en uno de esos bancos que rodean el exterior del centro residencial de Ballesol Valterna, parecido a los de un camarote de ojo de buey que vemos en los cruceros.

D. Jesús navarro junto a a su sobrino Tonino.
D. Jesús navarro junto a a su sobrino Tonino.

Cuando Pepe -uno de sus cuatro hermanos- compró un taxi, se sacó el carnet de conducir a la primera y se hizo chófer. Y aquí encontró la casualidad. Un taxista que era bombero le interrogó si quería serlo. ¿Bombero? le preguntó escuetamente. No se lo pensó más. Tenía 24 años y esa oportunidad había que aprovecharla. Una semana después estuvo haciendo una prueba conduciendo “un coche de bomberos de siete metros que había sido reconstruido con piezas de otros vehículos” -Jesús escenifica aquél momento agitando las piernas temblorosas y quitándose el sudor frio que recorrió su frente-. Desde ese día, su historial como bombero fue intachable y heroico. En 42 años que estuvo ejerciendo ha sido incapaz de olvidar dos tragos amargos. Uno personal. “Ver como mi hijo no pudo ser bombero, porque a 20 metros de terminar las pruebas físicas, cayó y se lesionó de gravedad la rodilla”. El otro fue la riada que inundó Valencia y aquellos días sin noches de octubre de 1957. “Esa noche estaba de guardia, en diez minutos quedaron inutilizados todos los coches de bomberos y sólo pudimos asistir con uno que estaba en la rampa de Mestalla, vi muertos los catorce días seguidos que tardé en aparecer por casa”. Por aquel entonces Carmen – su mujer- ya se pasaba muchas noches en vilo. A ella le debe muchas cosas, una es el amor y la otra aquel baile de la gala fallera con el que se conocieron para toda la vida.

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LLEGADA A BALLESOL

Dicen que una de las primeras cosas que hizo cuando llegó a Ballesol Valterna fue ponerse a disposición de la dirección “en lo que pudiesen necesitar mientras mi salud y mi corazón aguante”. ¿Será al revés, no? le siguen preguntando con una sonrisa cuando esa inquietud y vocación por ayudar a los demás le desborda en un derroche de altruismo. Como ejemplos de su generosidad citaremos que ha dirigido varios simulacros de incendio y evacuación de la residencia, ha enseñado a los demás residentes cómo apagar y afrontar una situación real de fuego, cómo utilizar un extintor y ha definido como nadie su profesión: “Un bombero es una persona que ayuda a todo el mundo sin importarle el peligro. Tiene que tener corazón y no confundir la valentía con la decisión, y claro, miedo relativo porque al fuego hay que respetarlo”. Un ejemplo de todas esas virtudes las encuentra en su sobrino Tonino, que trabaja en el Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia, “y me consta que es uno de los mejores”. Así es Jesús, un corazón a prueba de fuego.

«Un bombero es una persona que ayuda a todo el mundo sin importarle el peligro. Tiene que tener corazón y no confundir la valentía con la decisión, y claro, miedo relativo porque al fuego hay que respetarlo»

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Miguel Núñez Bello
Miguel Núñez es un periodista español que ha desarrollado su trayectoria profesional principalmente en prensa escrita y televisión. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó trabajando en Medios Escritos como La AGENCIA MENCHETA, Diario MARCA y LA RAZÓN. Durante su etapa en televisión ha dirigido los servicios informativos de 8MADRIDTV. En la actualidad colabora con las publicaciones del IMSERSO y es redactor jefe en la revista BALLESOL. En 2012, con motivo del Año Europeo de Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional, recibió el tercer Premio europeo de Periodismo escrito.