EL ESPANTAPÁJAROS

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El relato que viene a continuación está inspirado en la imaginación. Todo lo que en él se cuenta es un sueño que reposaba en uno de esos mullidos y cómodos sofás de la residencia Ballesol Puerta del Carmen de Zaragoza.  Plácidamente sentada, Dª. Pilar Sánchez, escritora circunstancial que detalla por escrito todo lo que le pasa por sus ojos: “La visita al Vaticano, una reunión familiar, un paisaje…” o su estancia en Ballesol los dos meses y diez días contados que pasó recuperándose de una fractura de fémur.

Antes de leernos su relato, se presenta: “No busquen en internet que no soy una conocida escritora”, se ríe a carcajadas antes de proseguir. “Trabajé de secretaria en una casa de maquinaria agrícola, me casé a los veinte años, tengo tres hijos y cuatro nietos, pertenezco a la junta del centro Goya de mayores de Zaragoza…, ¡y me encanta leer!”. Todo libro que ha ojeado está resumido y también lo hará con el que está en sus manos, “La prisionera de Roma” de José Luis Corral.  Sin dedicatoria especial, este relato es también su recuerdo a una experiencia en Ballesol que define de “estupenda e inolvidable”.

 

Adela, era una niña de 14 años, que vivía junto a su hermano Juan dos años menor que ella y junto a su abuela materna, en un pueblecito de Jaén, llamado Arjona. Sus padres habían fallecido en un accidente (hacía 3 años) y su abuela se los había llevado con ella. Vivian humildemente, pero rodeados de cariño. La casa de la abuela, tenía un huerto con verduras y árboles frutales y un corral con gallinas y 4 cabras.
Adela, al ser la mayor, ayudaba mucho a su abuela. Prácticamente llevaba ella la casa. También Juan ayudaba en muchas labores, ya que la abuela tenía 70 años y Adela, no quería dejarla sola para que no trabajara tanto.
Por eso Juan iba todos los días a la escuela y ella se quedaba en casa y Juan “refunfuñaba” Adela lo animaba, diciéndole que él debía ir y así estudiaban los dos. Efectivamente, cuando Juan hacía los deberes por la tarde, ella los hacía con él y a la vez, recibía algún que otro libro que la maestra le mandaba leer y resumirlo. Y de vez en cuando se reunían, hablaban y le ampliaba conocimientos.
Un día Adela, tuvo la oportunidad de ir a una vaquería a ayudar al matrimonio, dueño de ella. Su hijo, no quería seguir la tradición familiar y se había ido a Sevilla
a estudiar la carrera de Veterinario. Adela iba 2 horas todos los días, para hacer el recuento de litros y recipientes que todos los días una camioneta iba a buscar. Pero la verdad es que Adela, lo pasaba muy mal. Para ir a la vaquería, por las mañanas muy temprano, debía pasar por unos caminos cercanos a unos campos sembrados, donde había un ESPANTAPÁJAROS, que le daba miedo. Estaba hecho de paja seca y era muy feo. Y con el tiempo, la paja había oscurecido y si hacía viento, emitía un susurro que la atemorizaba. Hasta que un día tuvo una idea genial. Decidió vestirlo como ella  iba vestida en la vaquería. ¡Todo de blanco! Buscó el delantal más grande que encontró en la estantería y junto con una gorra con gomas, se la colocó en la cabeza, como una cofia. Todo vestido de blanco, lo miró y le resultó ¡hasta guapo! Lo llamaría Paco. Sabía que de vez en cuando, tenía que cambiarle de atuendo. Pero ella se encargaría de eso. Cuando pasaba por delante del espantapájaros, lo saludaba ¡HOLA PACO! en voz alta. Y con el tiempo, creía que Paco le contestaba y hasta sonreía. Ya no asustaba a nadie. Era un espantapájaros feliz. Y Adela también.

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Miguel Núñez Bello
Miguel Núñez es un periodista español que ha desarrollado su trayectoria profesional principalmente en prensa escrita y televisión. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó trabajando en Medios Escritos como La AGENCIA MENCHETA, Diario MARCA y LA RAZÓN. Durante su etapa en televisión ha dirigido los servicios informativos de 8MADRIDTV. En la actualidad colabora con las publicaciones del IMSERSO y es redactor jefe en la revista BALLESOL. En 2012, con motivo del Año Europeo de Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional, recibió el tercer Premio europeo de Periodismo escrito.