EXISTEN MÁS DE 150 TRASTORNOS DEL SUEÑO

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Debemos dar más importancia al hecho de dormir bien.

Dormir bien es una de las mayores gratificaciones para una persona. Sin embargo, un porcentaje no desdeñable de personas sufre algunas alteraciones del sueño que perjudican, en gran medida, su calidad de vida. El sueño reconstituye y la consecuencia más importante de la falta de sueño es un aumento de la somnolencia diurna; el sueño es importante también en que incide en el estado general de salud causando irritabilidad, mal humor, falta de concentración, deterioro de la memoria y, por consiguiente, disminuye la salud física y mental, con un intenso efecto negativo sobre la calidad de vida de la persona. Asociándose además, a un incremento de la morbi-mortalidad con disminución del grado de alerta, causando por ejemplo accidentes de tráfico. Además no se debe olvidar, que estas alteraciones del sueño, provocan un uso más bien indiscriminado de fármacos, casi un 10% de la población consume fármacos para dormir. Asimismo, el sueño se deteriora con la edad; por ejemplo, un 10% de la población general sufre insomnio, el trastorno del sueño más frecuente, cifra que se eleva a casi el 50% en los mayores de 65 años. “Un sueño saludable, de buena calidad es aquel que hace que una persona se levante con la sensación de estar despejado; es un sueño reparador y refrescante”, asegura el neurofisiólogo Francisco Javier Puertas, Presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES).

Una persona tiene que dormir entre 6 y 9 horas diarias. “Depende del fenotipo de cada individuo. Lo normal son 7 u 8 horas, aunque los dormidores cortos tienen suficiente con 6 horas y los dormidores largos tienen que dormir 9 horas. En cualquier caso, siempre que una persona se levanta cansada y con somnolencia diurna ya estamos hablando de una alteración del sueño, de un trastorno”. Y éstos son de muy diverso tipo: insomnio, supersomnias, parasonmias o conductas anómalas como sonambulismo, trastorno del ritmo circadiano, etc.

El insomnio, explica Francisco Javier Puertas, es la dificultad para conciliar o mantener el sueño. Su prevalencia varía entre un 10-40% y llega al 50% en personas mayores de 65 años. Existe el insomnio transitorio, cuando dura menos de tres semanas. “Este tipo de insomnio suele estar provocado por alguna causa concreta, fácil de identificar, y se diferencia clínicamente del insomnio intermitente, que aparece sólo de vez en cuando, así como del crónico, que se prolonga diariamente durante más de dos meses seguidos”. El insomnio transitorio ni siquiera suele requerir tratamiento y lo normal es que desaparezca una vez restablecidas las condiciones normales de sueño (por ejemplo, después de superar el efecto del jet-lag, o al regresar a nuestra propia cama después de dormir temporalmente en otro sitio diferente). Las causas más frecuentes de insomnio crónico son las enfermedades psiquiátricas (depresión, ansiedad…), abuso de sustancias y fármacos (alcohol, cafeína, nicotina, fármacos estimulantes del sistema nervioso central…), enfermedades crónicas (respiratorias como el asma y el EPOC, reumatológicas y el dolor crónico entre las más frecuentes) y el síndrome de las piernas inquietas o el SAOS como alteraciones primarias.

“Casi dos tercios de las personas mayores de 65 años pueden tener problemas con el sueño”

En cuanto a las hipersomnias, señala este especialista, son somnolencias diurnas excesivas, hasta un 25% más de las horas normales. En este grupo se encuentran las narcolepsias, que son ataques de sueño repentino que pueden durar de 30 segundos hasta media hora. Y las parasomnias se definen como las alteraciones en la calidad o contenido del sueño; entre ellas, encontramos el sonambulismo.

También son frecuentes los trastornos de ritmo circadiano y los trastornos del ritmo sueño-vigilia, que son desfases entre el ritmo de sueño y de vigilia, de manera que puede ser un ritmo avanzado o retrasado, en donde el individuo se despierta más pronto o se duerme más tarde, o el ritmo es desorganizado y se duerme de manera irregular durante todo el día o existe un ritmo cambiante, especialmente ligado a profesionales con turnos laborales cambiantes. Y con la edad, señala el especialista, es frecuente el sueño polifásico; es decir, “se adelanta la hora del sueño por la noche, pero al mismo tiempo la de despertarse”.

Además de estas enfermedades, existen más de 150 tipos de trastornos del sueño. El origen de cada uno de estos trastornos es muy variado. En ocasiones, aparecen como efecto de otras enfermedades y muchas veces constituyen factores de riesgo que favorecen la aparición de otras patologías.

No cabe duda de que los trastornos del sueño son problemas frecuentes e importantes en el anciano, y de ellos el más relevante es el insomnio. Las cifras muestran que más del 50% de las personas mayores de 65 años que viven en su domicilio, tienen problemas habituales con el sueño, una cifra que es mucho mayor, casi 2/3, en el caso de ancianos que están ingresados en una residencia. Con la edad el sueño cambia. “Se pierde calidad y profundidad en el sueño, aunque se siguen durmiendo las mismas horas, pero repartidas en distintos tramos, algo semejante a lo que le ocurre a un bebé”, asegura Francisco Javier Puertas.

A lo largo de la vida adulta se van limitando las horas de sueño. A medida que envejecemos, explica este especialista, se pueden tener más dificultades para empezar a dormir y conseguir un sueño reparador, continuo y profundo, ya que los despertares nocturnos se vuelven más frecuentes y de mayor duración. Durante el día, aumenta la somnolencia diurna, dando como resultado pequeñas siestas involuntarias en situaciones de reposo que contribuyen a aumentar el problema de sueño nocturno. Se cree que  las personas mayores tienen menor necesidad de sueño que adultos y niños, lo cual no es del todo cierto. “Lo que ocurre realmente es que disminuye nuestra capacidad para mantenernos dormidos, al igual que nuestra capacidad para mantenernos despiertos”. Es decir, los mecanismos que regulan la vigilia y el sueño pierden parte de su eficacia.

Por otro lado, en la tercera edad las oportunidades de quedarse dormido durante el día aumentan como resultado de la disminución de actividad física y el incremento de las actividades sedentarias, contribuyendo a una mayor alteración de los patrones sueño-vigilia. Con la edad, se produce asimismo un aumento de enfermedades y de los problemas físicos, que requieren tratamientos farmacológicos, que pueden interferir con el sueño agravando las dificultades para dormir. Las enfermedades crónicas de frecuente aparición en la tercera edad son en si mismas uno de los más importantes factores que pueden alterar el sueño.

Sin embargo, ello no quiere decir que todos los ancianos vayan a tener problemas de sueño. Para prevenir estos problemas, es muy importante tener una vida activa evitando el sedentarismo y sueño diurno, dejando exclusivamente la noche como periodo de sueño y descanso. De este modo, facilitamos un ciclo sueño-vigilia más claro y diferenciado. No hay que resignarse a no dormir correctamente. Así lo cree el Presidente de la Sociedad Española del Sueño quien aconseja, antes de nada, “revisar los hábitos de sueño. Éstos deben ser regulares, es lo que se llama higiene del sueño”. Recuerda el experto, que el dolor crónico es una de las causas fundamentales del mal sueño. Por eso, afirma, si una persona se levanta cansada y fatigada de forma reiterada, debe tomar una decisión, es decir, “acudir a su médico para que diagnostique lo que le ocurre”. En ocasiones, la aparición de una trastorno del sueño se asocia con la presencia de enfermedades que pueden ser graves.

“Los expertos parecen coincidir en su análisis sobre la importancia del sueño, su influencia sobre la salud y las actividades diarias”

El diagnóstico de los trastornos del sueño lo debe hacer una especialista. En España existen múltiples Unidades de Sueño, especializadas en diagnosticar este tipo de trastornos. Las Unidades del Sueño están formadas por un equipo multidisciplinar de especialistas en estos trastornos: neurólogos, neurofisiólogos, psicólogos, técnicos, auxiliares, etc.

Una vez que se diagnostica correctamente la alteración que impide dormir hay que aplicar un tratamiento, que no debe ser siempre farmacológico, señala el neurofisiólogo. “Depende del problema que origina el trastorno, pero se recomienda la terapia cognitivo-conductual, con actividades relajantes y pensamientos positivos”. En el caso de las pastillas para dormir, éstas ayudan al principio, pero muchas veces el trastorno es fruto de un estado de ansiedad diurno.

Como conclusión, Francisco Javier Puertas aconseja no resignarse a no dormir bien. “La mayoría de los trastornos de sueño tienen una solución aceptable. Por eso, debemos dar más importancia al hecho de dormir bien. Si no lo hacemos, debemos consultar a nuestro médico”.

Existen algunos consejos básicos para dormir bien:

  1. Mantener un horario de comidas regulares.
  2. Realizar ejercicio físico.
  3. Evitar la siesta y las bebidas estimulantes.
  4. Evitar las cenas copiosas o escasas, dejar un espacio entre la cena y el momento de acostarse de al menos una hora.
  5. Hábitos antes de dormir: evitar que la televisión imponga su horario, y no dejar las discusiones para ese momento.
  6. Acostarse cuando se siente algo de sueño, no ver la televisión en el dormitorio, no leer ni escuchar la radio en la cama. Mejor sacar la TV del dormitorio; y tampoco tener en la habitación relojes con lucecitas, ni trabajar con el ordenador.
  7. Se recomienda descansar sobre cama dura y almohada blanda, en una habitación sin luz ni ruido, a temperatura intermedia, entre 18ºC y 19ºC. “La habitación debe ser silenciosa”.
  8. Intentar acostarse y levantarse a la misma hora, evitar cambios importantes de horarios durante el fin de semana.
  9. ¿Sólo o acompañado? “Depende”, aunque con la edad se tiende a dormir en camas separadas.
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Rafael Pérez Ybarra
Rafaél Pérez Ybarra es Licenciado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Más de 20 años de experiencia en el periodismo científico y de salud. Colaborador de El País Salud, de la revista JANO Medicina y Humanidades, coordinador de la Revista Infoseisida, Editor de la revista Eidon de la Fundación Ciencias de la Salud. Ha trabajado en el Diario YA, en la VOZ de Asturias y el Diario Médico. Experiencia en Comunicación como asesor para la Industria Farmacéutica. Profesor en el Master Salud/Medios de Comunicación organizado por la Asociación de Informadores Sanitarios (ANIS) y la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Verano del País Vasco.